martes, 10 de noviembre de 2015

El árbol de la vida en una cruz de madera


Hay dos pecadores desnudos. Uno es una mujer y el otro es un hombre. Están de retiro en el santo huerto del Edén con el aliento que aun huele a fruta prohibida. Sabemos que eran perfectos, pero ahora son imperfectos y que se disponen a dejar atrás lo que eran, para hacer frente a lo que seran.Pero ver la mano de Dios, la izquierda callosa con la Ley, y la función de la derecha como la gracia, como un Padre que se dispone a vestir a sus niños desnudos que huyen. les envuelve sus cuerpos profanados con pieles de animales. Las bestias que Adán había nombrado ahora se tornan en un sacrificio. El Padre se mueve entre varios títulos: primero Creador, después scomo un sacerdote que está dispuesto a ofrecer lo que sea necesario por sus hijos.Y así sigue en este mundo, con cada uno de nosotros. Nacemos desnudos en un mundo que ha caído en el olvido del Edén. Sólo hay un camino de regreso, sólo un camino de regreso a la perfección, al paraíso, a Dios. Y es un camino que está marcado por los huesos y la sangre, por la piel y la carne, por la lanza y la espada, por las espinas y un madero.El paraíso se recuperó el dia que nació un sacerdote que estaba destinado para el altar de los sacrificios. Su templo es su cuerpo, Sus vestimentas son su carne. Él conoce el camino de regreso al Edén, lo conoce desde siempre, desde que dos pecadores, hombre y mujer, tuvieron que ser  revestimos de tanta desnudez. Y ahora él ha llegado, desnudo desde el vientre de su madre para vestirnos a cada uno de nosotros con un traje de dignidad..Consumado es.  Es el llanto del santo de los santos. Su voz sacerdotal sonando a través de tierra y el cielo. Todo se ha cumplido en efecto, su iglesia responde. El templo no hecho de manos humanas se ha introducido en la tierra. La misericordía se ha exparcido como un rocio; y el cielo se pinta de rojo con la sangre de Dios.Y sin embargo, se pone de pie, en posición vertical. Victorioso. Él está vivo para siempre, el velo que le cubría yace bajo sus pies. Se pone de pie en el nuevo Edén, el es el santísimo jardín, donde el árbol de la vida ahora crece. Él quiere vestirte porque estás desnudo. Quiere vestirte con su propia carne y sangre.  El precio del olvido se ha pagado. El Eden vuelve a estar accessible y los ángeles del cielo están esperando con espadas enfundadas para darle la bienvenida.


Chad Bird

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