lunes, 7 de junio de 2010

El problema del enojo y del atardecer.

Mt. 5:21-26 Domingo 13.06.10

Cuando Jesús pretende explicar a sus oyentes la justicia que han de practicar sus seguidores lo hace teniendo como referencia el sexto y el séptimo mandamiento: la prohibición del asesinato y el adulterio.

Cuando Jesús les recuerda el no matarás lo que esta proclamando es no cometerás asesinato. Y no se trata de quitar la vida bajo ninguna circunstancia. En Israel existía la pena de muerte y se practicaba la guerra, por tanto el no matarás es en aplicable literalmente. La pena de muerte y la guerra son cosas que nos molestan a los cristianos, o al menos de algunos de nosotros. Por tanto no nos podemos atrincherar en la idea del no matarás para identificarnos con causas anti pena de muertes o pacifistas. La cuestión es más complicada.

El enojo se menciona en el v.22. En algunas versiones dice…se enoja locamente…y esto quizás exprese lo que Jesús querría comentar. No todo enojo es malo. Incluso se nos dice que dios siente ira. El propio Lutero lo experimento y dejó constancia de ello:
“Siento enojo motivado por el amor. Y es un enojo que no desea mal a nadie, que es amigable con la persona, pero hostil con la maldad” Si esto es así, entonces del enojo que hace referencia Jesús es un enojo injusto, producto del orgullo, de la vanidad, del aborrecimiento, la maldad y la venganza.

El insulto del que se hace eco Jesús, necio, se trata de un insulto a la inteligencia de una persona, son sinónimos bobalicón, zoquete, mentecato. Pero la referencia que hace Jesús no sólo tiene un valor etimológico, sino que tiene matices religiosos y morales. Cuando nosotros decimos que alguien está condenado al infierno estamos en el mismo peligro de caer en el infierno.

Cuando decimos algo malo sobre otra persona ante los ojos de Dios estamos cometiendo asesinato. Dice Juan en su primera epístola: Todo el que aborrece a su hermano es homicida, y vosotros sabéis que ningún homicida tiene vida eterna.(3:15) Tanto el enojo como el insulto son síntomas de que deseamos deshacernos de alguien que se ha interpuesto en nuestro camino. Hay palabras, hay gestos y hay miradas que matan. Y estos deseos son una violación del sexto mandamiento.

Cuando deseas que alguien muera te estás exponiendo al mismo castigo que el de los homicidas y no se trata de ir a un juicio, no. Ningún tribunal te juzgara por enojarte en la tierra. Me refiero al tribunal de Dios.

En este caso vemos como Jesús amplia el sentido de la ley. Si los rabíes recordaban que cualquiera que asesinará será culpable de muerte, Jesús agrega: cualquiera que se enoja sin causa será culpable de juicio. Y culmina la frase en el v.22: que será expuesto al fuego del infierno.

Veamos un principio puesto en práctica con dos ejemplos o ilustraciones. Son los vv.23 y 24. La primera tiene que ver con la costumbre de ir al templo y ofrecer sacrificios a Dios. Y la segunda de dar testimonio ante el juez.


El entorno es cultural, pero nosotros podríamos buscar ejemplos cercanos. Dar dinero a la iglesia, tomar la Santa Cena, usar el teléfono para descalificar a un hermano de la iglesia, etc.

Los ejemplos que expone Jesús en esta mañana son diferentes. Uno es eclesiástico y el otro legal. Uno está referido a un hermano y el otro a un enemigo. Pero en ambos caso
la situación es similar: alguien tiene un motivo de queja contra nosotros. Y la sugerencia de Jesús es la misma: tienes que hacer algo urgentemente. Si estás en la iglesia interrumpe tu adoración y pide perdón. Si vas camino del tribunal paga tus deudas.

Pero la realidad es que no nos gusta hacer cosas inmediatas. Esa petición de Jesús no es de nuestro agrado. Si nos solidarizamos con las victimas y condenamos los asesinos, nos cuesta evitar el enojo y el insulto malicioso. Creo que no somos lo suficientemente sensibles a estas maldades menores a estas mentiras blancas. Si te dices cristiano has de cumplir toda la Palabra, no aquella parte que más te guste o te conviene.

El llamado que te está haciendo Jesús hoy, a ti y a mi, es que no debemos dejar que un distanciamiento dure y menos aun que crezca. No demores en arreglar una situación mucho. No debemos permitir ni tan siquiera que el sol se ponga sobre nuestro enojo. Hay que tomar la iniciativa cuando una relación se rompe. Hay que pedir disculpa si hemos agraviado a alguien. Hay que pagar las deudas. Hay que restituir.

Como veréis es muy fácil decir: no matarás. Podemos protestar contra el aborto haciendo mucho escándalo y recogiendo muchas firmas en la Plaza de España, podemos escribirle al Presidente de los EE.UU. y mostrar nuestro desacuerdo contra la pena de muerte e incluso podemos ir a manifestaciones contra la guerra. Pero eso solo será la parte visible del problema. Lo difícil, lo arduo, lo cotidiano es dar pequeños pasos en nosotros. Luchas contra nuestras propias emociones y egoísmos.

Hoy, yo he entendido de la Palabra de Dios que debo dar pasos para vivir en paz con Uds. porque es la única manera de tener paz con Dios y conmigo mismo.

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