lunes, 5 de octubre de 2015

¿Cuántas veces ha de ir el cántaro a la fuente antes que se rompa?



Apuntes no cánonicos para un estudio bíblico de Hechos 21:1-14

En este pasaje Lucas narra con gran exactitud el recorrido que emprende junto con Pablo, luego de dejar a los discípulos de Éfeso que fueron a ver a Pablo a Mileto. Y también cómo Pablo se esfuerza por cumplir la voluntad de Dios.

21,1 DESPIDIÉNDONOS DE ELLOS NO HICIMOS A LA MAR Y NAVEGAMO
S DERECHAMENTE HASTA LLEGAR A COS; AL DÍA SIGUIENTE, HASTA RODAS, Y DE ALLÍ HASTA PÁTARA. ENCONTRAMOS UNA NAVE QUE PARTÍA PARA FENICIA; NOS EMBARCAMOS Y PARTIMOS. 21,3 AVISTAMOS CHIPRE Y, DEJÁNDOLA A LA IZQUIERDA, ÍBAMOS NAVEGANDO RUMBO A SIRIA; ARRIBAMOS A TIRO, PUES ALLÍ LA NAVE DEBÍA DEJAR SU CARGAMENTO.
Como se ve en el mapa, el dificultoso recorrido que siguen Pablo y sus acompañantes los lleva de Mileto a Tiro. Van costeando hasta Rodas y Pátara, y de ahí ya se lanzan prácticamente en línea recta hacia Fenicia. En el camino habrán avistado Chipre como una silueta en la distancia, a su izquierda, tal como lo describe Lucas. Y por fin llegan a Tiro, del cual ya habíamos oído hablar en Lc 6,17; 10, 13-14; Hch 12,20;

21, 4 HABIENDO ENCONTRADO A LOS DISCÍPULOS NOS QUEDAMOS ALLÍ SIETE DÍAS.
No tenemos noticias sobre el origen de ésta. Sin embargo, se puede suponer que se inició cuando los judeocristianos helenistas tuvieron que huir de Jerusalén. Ver Hch 11, 19; "Y Pablo y Bernabé, yendo de Antioquía al Concilio de Jerusalén, pasaron también por Fenicia. Así no era Pablo un desconocido cuando saludó en Tiro a los 'discípulos' y permaneció con ellos siete días. Ver Hch 15, 3;

ELLOS, ILUMINADOS POR EL ESPÍRITU, DECÍAN A PABLO QUE NO SUBIESE A JERUSALÉN.
iluminados por el Espíritu: Como siempre en las obras de Lucas se destaca la acción del Espíritu Santo. Que es Él el que guía, el que indica el camino. Ver Hch 1, 8; que no subiese a Jerusalén: El Espíritu les ha revelado la amenaza por la que está pasando Pablo. Ver Hch 20, 23.
Cuando uno ve en el mapa que Jerusalén está más al sur de Tiro, lo de 'subir a Jerusalén' puede sonarle raro, pero es que se refiere a que había que abandonar la costa,a nivel del mar, para entrar tierra adentro y subir hacia Jerusalén, pues esta ci
udad estaba situada a mayor altura que la costa.

21, 5 CUANDO SE NOS PASARON AQUELLOS DÍAS, SALIMOS Y NOS PUSIMOS EN CAMINO. TODOS NOS ACOMPAÑARON CON SUS MUJERES E HIJOS, HASTA LAS AFUERAS DE LA CIUDAD.
Nuevamente se da una difícil despedida. La comunidad entera sale a despedir a Pablo y a sus acompañantes. Se muestra también de manera conmovedora, el prestigio y veneración de aquel que se cuida de sus 'hijitos' como un padre y como una madre que constantemente sufre por ellos 'dolores de parto' hasta que Cristo 'sea formado' en ellos (ver Gál 4,19).

EN LA PLAYA NOS PUSIMOS DE RODILLAS Y ORAMOS;
Como en la otra despedida todos se arrodillan para orar. Siempre en toda circunstancia la oración es la fuente de donde se obtiene la luz y la fortaleza para toda misión, para reemprender el camino.

21, 6 NOS DESPEDIMOS UNOS DE OTROS Y SUBIMOS A LA NAVE; ELLOS SE VOLVIERON A SUS CASAS.
Queda claro que San Lucas acompaña a Pablo en esta travesía.

21, 7 NOSOTROS, TERMINANDO LA TRAVESÍA, FUIMOS DE TIRO A TOLEMAIDA; SALUDAMOS A LOS HERMANOS Y NOS QUEDAMOS UN DÍA CON ELLOS.
Navegan costeando más hacia el sur. En Tolemaida hay otra comunidad de cristianos.

21, 8 AL SIGUIENTE PARTIMOS Y LLEGAMOS A CESAREA; ENTRAMOS EN CASA DE FELIPE, EL EVANGELISTA, QUE ERA UNO DE LOS SIETE, Y NOS HOSPEDAMOS EN SU CASA.
Cesarea. Gran puerto artificial, ciudad casi enteramente construida por Herodes, que pasó a ser capital de la Judea romana, y por tanto, impura para muchos judíos (y reclamada como 'ciudad siria' por sus antiguos habitantes). Por otra parte, en la misma intención de Herodes, era punto de llegada de los peregrinos de ultramar que subían a Jerusalén. Bajan todavía más al sur y ahí desembarcan. Se encuentran cada vez más cerca de Jerusalén.
Felipe-Se trata de uno de los siete diáconos de los que nos habló Lucas en Hch 6, 1-6; 8, 4-8. 26-40; del cual lo último que sabemos es que llegó a Cesarea.
Evangelista: Para distinguirlo de su homónimo, el apóstol Felipe, se hace notar que era uno de los siete diáconos encargados de los pobres en Jerusalén. El nombre de 'evangelista' designa por esta época al que va de una parte a otra predicando el Evangelio (ver Ef 4,11; 2Tm 4,5). Sólo más tarde (hacia el año 200) se empleará para indicar al autor de un Evangelio.
Pablo y Felipe ¿Se encuentran por primera vez desde los días de Esteban? Entonces era Saulo un 'joven' que entre los más encarnizados enemigos de los 'siete' desempeñó un papel especial en la lapidación de Esteban (ver Hch 7,58; 8,1ss). Por razón de aquella persecución debieron de huir de Jerusalén los judeocristianos helenistas. Para la Iglesia fue esto un estímulo para una nueva misión. Para Saulo fue el camino en el que el Señor lo derribó al suelo para hacer que se levantase como 'llamado'. Todo esto pudo pasarles por la mente y llegarles al alma a los dos hombres cuando Pablo pisó el umbral de la casa de Felipe. Ahora eran ya los dos hermanos en Cristo, mensajeros y evangelistas.
21, 9 TENÍA ÉSTE CUATRO HIJAS VÍRGENES QUE PROFETIZABAN.
Es decir, que "poseían el don carismático de profecía. Es de creer que estaban consagradas a Dios. Se cumple lo anunciado en Hch 2,17;
Es posible que Lucas nos conserve estos datos para indicarnos cuán pronto comenzó a florecer en la Iglesia primitiva la virginidad voluntaria, unida a un servicio a la comunidad.

21, 10 NOS DETUVIMOS ALLÍ BASTANTES DÍAS; BAJÓ ENTRE TAN TO DE JUDEA UN PROFETA LLAMADO ÁGABO; 21, 11 SE ACERCÓ A NOSOTROS, TOMÓ EL CINTURÓN DE PABLO, SE ATÓ SUS PIES Y SUS MANOS Y DIJO: ESTO DICE EL ESPÍRITU SANTO: ASÍ ATARÁN LOS JUDÍOS EN JERUSALÉN AL HOMBRE DE QUIEN ES ESTE CINTURÓN. Y LE ENTREGARÁN EN MANO S DE LOS GENTILES.
La casa de Felipe parece ser un punto de reunión para carismáticos.
Ágabo: Ya se había hablado antes de Ágabo, en Hch 11, 27-28; se ató sus pies y sus manos: Se trata de gestos proféticos, como aquellos que narra el Antiguo Testamento. Anuncia que la persecución contra Pablo vendrá de manos de los judíos, como ha venido sucediéndole en las ciudades que ha recorrido en su misión evangelizadora.

21, 12 AL ÓÍR ESTO NOSOTROS Y LOS DE AQUEL LUGAR LE ROGAMOS
QUE NO SUBIERA A JERUSALÉN.
Nuevamente su comunidad le ruega a Pablo que no vaya a Jerusalén. Naturalmente se asustan ante la perspectiva de que algo pueda sucederle a su querido apóstol, no toman en consideración otra cosa que su profundo amor hacia él.

21, 13 ENTONCES PABLO CONTESTÓ: '¿POR QUÉ HABÉIS DE LLORAR Y DESTROZARME EL CORAZÓN? PUES YO ESTOY DISPUESTO NO SÓLO A SER ATADO, SINO A MORIR TAMBIÉN EN JERUSALÉN POR EL NOMBRE DEL SEÑOR JESUS.'
Pablo les hace saber cómo le duele su tristeza, y les hace ver que no intenten detenerlo porque él sabe que es la voluntad de Dios que vaya a Jerusalén. Lucas, que según podemos suponer, se hallaba presente en esta hora, muestra de manera impresionante la imagen de aquel al que se habían referido las palabras del Señor glorificado: Yo le
mostraré cuántas cosas habrá de padecer por mi nombre. Hch 9, 16
Esto recuerda esa escena en la que Pedro trata de disuadir a Jesús luego de que anuncia que iba a ser rechazado y a morir y Él lo reprende duramente por ver las cosas con la mentalidad del mundo y no con la de Dios (ver Lc 16,21

21, 14 COMO NO SE DEJABA CONVENCER, DEJAMOS DE INSISTIR Y DIJIMOS: 'HÁGASE LA VOLUNTAD DEL SEÑOR.'
Pablo no se deja convencer. Siente un gran amor por sus discípulos, pero un amor mayor por Dios. Todo discípulo de Cristo debe estar dispuesto a aprender de Él a abandonarse a la voluntad del Padre, como hizo Él (ver Lc 22, 42)

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Aprendiendo a amar una iglesia decepcionante

En el pequeño pueblo de Texas donde crecí, dormir en la mañana del domingo era tan inconcebible como alentar un equipo que no fuera Los Vaqueros de Dallas en la tarde del  domingo. Los domingos en la mañana se va a la iglesia. Mi padre era diácono; mi madre una maestra de la Escuela Dominical; y yo era el chico que soñaba despierto en el banco de la iglesia. Cuando pasaron los años encontré un trabajo donde era mal visto dormir las mañana del domingo. Y es que el púlpito se vería muy vacío sin mi.  Yo era el pastor. Y allí estaba: salido de un Seminario, armado hasta los dientes con confesiones y credos, con ganas de  de convertir un mundo, o, al menos, nuestro pueblo en Oklahoma. 
Mirandóme a mi mismo tengo que admitir que yo he estaba cargado de ingenuidad en mi primer trabajo como  un niño de doce años. Claro que sabía muchas cosas acerca de la iglesia, pero estaba muy inundado de las cosas buenas que ocurrían en ella. Sabía de los buenos guisos que preparaban las mujeres de la iglesia para las familias en duelo, conocía de los grupos de jóvenes golpeando martillos en México para construir casas para los pobres, sabía de la generosidad de los rancheros. Pero así como el bien y la generosidad pueden habitar la iglesia, hay un lado oscuro, también, que a veces puede manifestarse y salir a la luz.  
El día que me topé sin previo aviso con una reunión a la que no había sido invitado para hablar sobre el pastor de la iglesia y uno de los ancianos se levantó y cerró la puerta en mi cara lo supe. A través de los años conocí de las amenazas no tan veladas, de pastores que rompieron el sello de la confesión, de obispos que emiten advertencias acerca de mí, y de rumores ocasionales que buscan hacer daño, rumores tan escandalosos, que podrían haber sido arrancados de la portada de la revista National Enquirer.  
Aprendí mucho sobre la eclesiología en esos años. Y la lección que atesoro es que la iglesia puede ser un lugar tan desagradable y regiamente jodido como lo es el mundo. Al igual que el patriarca Jacob, que después de su noche de bodas, despertó con la mujer equivocada en su cama, yo también un día abrí los ojos para encontrar que con la Raquel de quien me había enamorado, y para quien había trabajado largos años, no era aquella que estaba a mi lado cuando salió el sol. Asi que tenía que tomar una decisión: abandonar la iglesia o amar a Lía.
¿Has formado parte de una congregación que sientes como tu familia? Tal vez creciste con la idea de que la iglesia era como tu segunda casa. Tal vez incluso conoces a alguien que ha trabajado en el ministerio pastoral y años después se encontró dentro de sus muros con el  abuso o la negligencia, o todo un conjunto de miserias humanas.  Tú tienes una historia, y yo tengo la mía, pero todas tienen una carga común: la comunidad que se supone que es un hospital para los pecadores puede manifestarse más como un club religioso, o una una camarilla de xenófobo, o una horda de hipócritas. Llámalo como quieras, pero hay ocasiones en que la iglesia no ha sido una iglesia ni para ti y para mi. ¿Entonces qué haces? ¿Abandonar o aprender a amarla? ¿Marcharse o quedarse? Podría haber lavado mis manos de todo este asunto y alejarme. De hecho, durante un tiempo pensé seriamente en eso, y durante varios años, rara vez planté mi trasero en un banco de una iglesia y cuando lo hice, no me agradó el sabor de la bilis subiendo por mi garganta.  
Pero con el tiempo, a través de muchas curación, después de volver a meter el dedo en las heridas y volver a que me curarán, finalmente llegué al punto donde estoy ahora. Y es donde me veo y me encanta Lía por lo que es: una iglesia fea pero en cuyos brazos me encuentro con el Dios que ama a los pecadores feos como yo. Pero es allí donde la curación tiene que empezar, con un reconocimiento honesto de que puede haber un montón de cosas poco atractivas acerca de la iglesia a nuestro alrededor, pero tampoco yo soy un modelo de santidad.  
¿Qué hacemos con nuestro dolor? Los seres humanos hacemos muchas cosas. La mayoría de las veces lo tratamos de desviar de nosotros mismos, asi que nos damos a la tarea de culpabilizar a los demás de casi todo lo que va mal en nuestra vida. Pero confesar nuestros defectos nos cuesta. Mucho. Existe la probabilidad de que Lía me encuentra igual de feo como yo la encontré a ella. Veo hipócritas en la iglesia, si; pero también me veo a mí mismo llevando una máscara de piedad en público y una cara de vergüenza en privado. Deploro esa costumbre de algunos cristianos de usar la lengua para destruir la reputación de una persona, pero mi propia lengua ama los postres de las mentiras y los rumores y los  chismes más de lo que le epetece el pan de la honestidad. 
En nuestra sociedad, donde parece que cada uno dice ser una víctima del sistema, hay que decir en voz alta que todos somos responsables de nosotros mismos. Luchamos con las mismas faltas con la que culpamos a la iglesia. Además de la responsabilidad personal, tenemos que matar y enterrar a los sueños utópicos que tenemos acerca de la iglesia.  La iglesia ideal no existe. Nunca lo hizo. Apenas se marcha Jesús de la presencia de los discipulos y sobre la iglesia descendieron los problemas. Surgieron disputas, se propagaron herejías, los pastores entraron en juegos políticos, la inmoralidad se multiplicó, y los corazones crecieron siendo frios. 
En el último libro de la Biblia, hay unas cartas de Dios dirigidas a siete iglesias diferentes. Aunque se elogian esas congregaciones por muchas cosas buenas que poseían, también hay una queja de de ellas por haber dejando su primer amor, por la celebración de los falsos maestros y las enseñanzas, por la muerte espiritual y por la tibieza. Y esto ocurre cuando el cristianismo todavía estaba tomando el sol del ministerio terrenal de Jesús.  Mientras encontremos personas en la iglesia, habrá problemas, ya que si una cosa es la humanidad, es problemática. Ahí está la razón por la que encontré mi camino de regreso a la iglesia: porque es un lugar preñado de problemas. Debido a esas imperfecciones, yo encajo perfectamente allí. Si crees que lo posees todo, si crees que no te merece luchar por hacer cambios, si pretendes vivir una vida sobría, libre de pecados y pecadores, entonces la iglesia no es el lugar para ti. Pero si estás luchando contra el egoísmo, la avaricia, la adicción, los miedos, la soledad, o cualquier otra cosa que afecta a nuestra humanidad, entonces la iglesia es el lugar ideal para ti. No dejes que los vaso manchados, los bancos acolchados y el clero te engañen; todo alrededor de la iglesia habla de que las personas pueden resultar heridas y suelen causar heridas a otros. Y si la iglesia es un lugar desordenado, lo es por el mal estado de las personas que en ella están buscando la misericordia de un Dios que se preocupa por ellas.  
Si, querida iglesia, hay un Dios que se preocupa por ti. Y te encontrarás a un Dios que nació de una adolescente soltera y donde algún que otro vecino, probable, susurró que era una puta. Encontrarás un Dios que estuvo con los marginados, que dió la bienvenida a las pecadores como sus seguidores, que tocó a los intocables y que estuvo dispuesto a morir por amor. Si, en la iglesia te vas a encontrar a un Dios que está dispuesto a cambiar su hermosura por algo feo; pero sólo lo hará por amor. 
Y así, después de algunos años de crecimiento y retroceso personal, ahora puedo decir honestamente: Iglesia, tal como eres, no por lo que yo quiero que seas , no por lo que otros dicen que deberías ser, pero tal y como eres: te amo.

Chad Bird

martes, 29 de septiembre de 2015

El orgullo es nuestro mayor problema

La gente nos hacen preguntas comunes cuando quieren averiguar lo que hacemos. ¿Eres fontanero? Prepárate para ayudar a reparar un grifo que gotea. ¿Un médico? Prepárate para recibir un listado de molestias y dolores misteriosos.
Para los consejeros en algún lugar cerca de la parte superior de la lista está la pregunta, “¿Qué problemas encuentras más a menudo?”. La depresión, la ansiedad, la ira, el conflicto matrimonial, todos están ahí. Pero mi respuesta a lo que está hasta más arriba en la lista tal vez te sorprenda. Es el orgullo. Esto no debería ser una sorpresa para nadie, y menos para los cristianos. Proverbios 6:16-19 lista siete características que Dios desprecia y la primera (“ojos soberbios”) es una forma proverbial de hablar acerca del orgullo.

El orgullo es una prisión que perpetua la ira, las heridas y la necedad, mientras que mantiene alejados los efectos restauradores de la culpabilidad, humildad y la reconciliación (Pro. 11:2; 29:23; Gá. 6:3; Sa. 4:6; Ap. 3:17-20). Más adelante, en Proverbios 16:18, Dios nos dice: “Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la altivez de espíritu”. No es solo que el orgullo vaya a ser nuestro carcelero, también será nuestro verdugo.

Todos los demás son el problema

Cuando las parejas vienen a verme por primera vez en la sala de consejería, con frecuencia tienen una lista de ofensas cometidas contra ellos por su cónyuge, así como un ensayo de inventario de los comportamientos que esperan que su pareja cambie. De manera similar, los padres a menudo traen niños a la consejería informando de que necesitan aprender formas de ser respetuosos, tener autocontrol, y ser útiles. Además la gente viene con un catálogo de formas en las que el mundo que los rodea no les ha servido en su búsqueda de alegría, comodidad, y seguridad.
Es necesario escuchar estas ofensas con ternura. Nuestros hermanos y hermanas necesitan experimentar algo de la misericordia de Dios en los momentos en que explican algunas de sus heridas más dolorosas. Un doctor me dijo una vez que la medicina efectiva se encuentra en la intersección del tacto, tiempo, y dosis. Lo mismo se puede decir de la consejería (y estoy seguro que de muchas otras disciplinas también).

Además, los comportamientos que ellos quieren ver cambiar ciertamente necesitan ser reformados. Al mismo tiempo, durante el curso de nuestro trabajo juntos, cuando cambio la perspectiva y comienzo con preguntas como: “¿Qué le has hecho a tu esposo/hijo/mundo? ¿De qué podrías tener que arrepentirte? ¿Cómo puedes mostrarles a Cristo en la misma forma en que anhelas que ellos te lo muestren a ti?”, normalmente no obtengo respuestas, sino miradas confundidas y dolidas. Y a menudo responden con completa indignación. Responden con orgullo.

Cristo rindió sus derechos

Comparemos esta reacción con la de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Si alguna vez hubo alguien que tuvo el derecho de ser orgulloso, es Aquel a través del cual toda la vida llegó a existir. Si Jesús hubiese venido al mundo y hubiese exigido que todos le sirviesen, no hubiese sido arrogante. Hubiese sido apropiado. Sin embargo, como nos dice Filipenses 2, Él no vino en la forma de un gobernante, sino de un siervo.
El llamado de Cristo para nosotros es que vivamos de forma que evidencie un servicio similar, y que de esa forma nos demarque como aquellos que tenemos nuestra ciudadanía en el Cielo, y no en el mundo (Mt. 20:25-28). De este modo, Cristo redime nuestro servicio. Qué gozo es servir a mi cónyuge, a mi hijo, o a aquellos que me rodean y reflejarles —aunque solo sea en parte— algo del carácter de Dios.

Quitando las cadenas

¿Cómo podemos quitarnos las cadenas de la obsesión orgullosa y mover hacia la libertad del humilde auto-servicio?
Hay tres perspectivas que suelo pedir que comprueben dentro de ellos mismos a las personas a las que aconsejo. Piensa en ellas como tres facetas (aunque puede haber muchas más) de la joya de la verdadera humildad cristiana.
  • ¿En los pecados de quién te estás centrando?
  • ¿Cuál es el centro de tu alegría, seguridad y contentamiento?
  • ¿Cuál es el enfoque de tu servicio?
Cuando vemos que estamos esclavizados a nuestro propio orgullo, las respuestas a las preguntas anteriores son normalmente: en el de otros (pecado), en el mundo (alegría), y en mí mismo (servicio). ¿De quién es el pecado que es más odioso para mí en esos momentos? ¿De quién es el pecado que necesita ser sacado a la luz, confesado, y finalmente mortificado? No es el mío, sino el de todos los demás. ¿Dónde encuentro mi consuelo, mi alegría, mi paz, mi seguridad? No es en la gloria del evangelio, sino en algún suceso, cosa o persona. Si solamente hiciese más dinero, tuviese más poder, tuviese un cónyuge, hijos, casa, perro, lo que sea. Cualquier cosa menos el gozo de sufrir por el evangelio. ¿Quién debe ser servido en todo esto? Yo. El mundo, mis relaciones, y Dios mismo existen para servirme.
Pero las Escrituras contestan estas preguntas de manera muy diferente.
  • ¿En qué pecados debería centrarme? En los míos. (Ro. 8:13).
  • ¿Quién es el centro de mi alegría, seguridad y contentamiento? Cristo. (1 Pe. 1:8-9).
  • ¿Quién debería ser el centro de mi servicio? Los demás, y especialmente los compañeros cristianos. (Fil. 2:3-4)
Aunque los problemas presentados pueden variar ampliamente, el problema que normalmente suele complicar la consejería desde el mismo principio es el orgullo. Y la respuesta es una humildad habilitada por el Espíritu Santo y centrada en Jesús.




viernes, 25 de septiembre de 2015

A veces llegan noticias tergiversadas.

Apuntes para un estudio bíblico de Hechos 21: 15-26




En este pasaje vemos la unidad de la Iglesia. Pablo, luego de todos sus viajes, luego de ejercer como líder de una comunidad y de fundar numerosísimas comunidades, se somete a lo que dictamina la iglesia madre de Jerusalén.



21,15 TRANSCURRIDOS ESTOS DÍAS Y HECHOS LOS PREPARATIVOS DE

VIAJE, SUBIMOS A JERUSALÉN.

Nuevamente Lucas acompaña a Pablo en este viaje. Por fin se dirigen a Jerusalén, tal como Pablo quería y resignados ya a que no podrán convencerlo de desistir de su idea (ver Hch 21,14). Este viaje "requiere no menos de dos días, pues hay que recorrer una distancia de cerca de 100 kilómetros.


21, 16 VENÍAN CON NOSOTROS ALGUNOS DISCÍPULOS DE CESAREA, QUE NOS LLEVARON A CASA DE CIERTO MNASÓN, DE CHIPRE, ANTIGUO DISCÍPULO, DONDE NOS HABÍAMOS DE HOSPEDAR.

Mnasón. Era uno de los judeocristianos helenistas de los primeros tiempos."



21, 17 LLEGADOS A JERUSALÉN, LOS HERMANOS NOS RECIBIERON CON ALEGRÍA.

Lucas nos presenta la aparente armonía que hay entre los miembros de la primera comunidad cristiana. No hay rivalidades, envidias, celos. Reciben a Pablo y a los que vienen con él, con alegría fraterna.



21, 18 AL DÍA SIGUIENTE PABLO, CON TODOS NOSOTROS, FUE A CASA DE SANTIAGO; SE REUNIERON TAMBIÉN TODOS LOS PRESBÍTEROS.

Santiago, el pariente de Jesús, queda al frente de la comunidad de Jerusalén cuando Pedro marcha a Roma. Pablo va a ver a Santiago y en su casa se reúnen los líderes de la iglesia local.



21, 19 LES SALUDÓ Y LES FUE EXPONIENDO UNA A UNA TODAS LAS COSAS QUE DIOS HABÍA OBRADO ENTRE LOS GENTILES POR SU MINISTERIO.

Como siempre, Pablo enfatiza que ha sido Dios el que ha obrado por su medio. Él no se atribuye ningún mérito. Pablo se sabe instrumento y lo reconoce con gozosa humildad. Lo mismo que Pedro.

El saberse instrumento de Dios nunca debe despertar vanidad sino gratitud por haber sido tomado en cuenta sin merecerlo, y admiración ante Aquel que puede lograr cosas extraordinarias aun con los medios más sencillos y limitados



21, 20 ELLOS, AL OÍRLE, GLORIFICABAN A DIOS.

La comunidad se regocija de lo que Pablo cuenta. Nuevamente cabe hacer notar que no hay entre ellos rivalidades, no les incomoda ni inquieta los frutos admirables que Pablo a lo largo de sus años de misión, al contrario, se alegran junto con él y dan gloria a Dios.



ENTONCES LE DIJERON. 'YA VES, HERMANO, CUÁNTOS MILES Y MILES DE JUDÍOS HAN ABRAZADO LA FE, Y TODOS SON CELOSOS PARTIDARIOS DE LA LEY.

Le hacen notar que numerosos judíos convertidos todavía siguen aferrados a cumplir la ley de Moisés. Recordemos que éste ser á uno de los puntos que más atacará Pablo en sus cartas, en las que insistirá que la ley ha quedado superada por Cristo, que ya no es la ley la que salva, sino la fe en Cristo que se expresa cumpliendo el mandamiento de amar. Ver Gal 3,11ss; Rom 3,20; En este punto, sin embargo, los judíos convertidos al cristianismo todavía no acaban de realizar lo que pedía Jesús: a vino nuevo, odres nuevos, y siguen aferrados a sus tradiciones y al cumplimiento exigente de la ley.

El propio Santiago "que desde la partida de Pedro (ver Hc 12,17) tenía la dirección de la comunidad de Jerusalén...aun en su calidad de cristiano estaba totalmente ligado a la ley judaica. Ya conocemos su actitud en el concilio de los apóstoles (ver Hch 15, 13

-21). Es verdad que aprobó por principio la misión a los gentiles exenta de la ley, pero, al mismo tiempo, quiso satisfacer los sentimientos de los judíos, proponiendo las llamadas cláusulas jacobeas.En esta misma actitud lo hallamos también ahora.



21, 21 Y HAN O ÍDO DECIR DE TI QUE ENSEÑAS A TODOS LOS JUDÍOS QUE VIVEN ENTRE LOS GENTILES QUE SE APARTEN DE MOISÉS, DICIÉNDOLES QUE NO CIRCUNCIDEN A SUS HIJOS NI OBSERVEN LAS TRADICIONES.

Como siempre sucede las noticias que llegan de 'trasmano' llegan distorsionadas. 'Me dijeron que dicen que dijo...' Dicho así como lo plantea Santiago pareciera que Pablo está predicando en contra del judaísmo, cuando en realidad en su prédica lo que quiere hacer ver es que todas las prácticas que antes realizaban son innecesarias: no se necesita la circuncisión para seguir a Jesús. Pablo afirma que la circuncisión debe ser la del corazón (ver Rom 2, 29). Pero no lo hace para destruir el judaísmo o atacarlo, como parecen entenderlo estos judíos, sino para hacerles ver que lo que antes vivían ha sido superado, que el cristianismo es un paso más allá, por lo que no hay que volver a lo anterior.



21, 22 ¿QUÉ HACER, PUES? PORQUE VA A REUNIRSE LA MUCHEDUMBRE AL ENTERARSE DE TU VENIDA.

Santiago se preocupa de que se arme un lio o los que suelen armarse dondequiera que va Pablo. Comprende que los judíos que están molestos contra Pablo por todo lo que han oído decir, no se quedarán callados cuando sepan que está en Jerusalén. Así pues, plantea la necesidad de encontrar una manera de aplacar sus ánimos exaltados.





21, 23 HAZ, PUES, LO QUE TE VAMOS A DECIR: HAY ENTRE NOSOTROS CUATRO HOMBRES QUE TIENEN UN VOTO QUE CUMPLIR. 21, 24 TÓMALOS Y PURIFÍCATE CON ELLOS; Y PAGA TÚ POR ELLOS PARA QUE SE RAPEN LA CABEZA; ASÍ TODOS ENTENDERÁN QUE NO HAY NADA DE LO QUE ELLOS HAN OÍDO DECIR DE TI, SINO QUE TU TAMBIÉN TE PORTAS COMO UN CUMPLIDOR DE LA LEY.

Seguramente se trata de un voto de 'nazireato: "Por regla general abarca treinta días Durante este lapso estaba prohibido al nazireo cortarse los cabellos. Transcurrido el tiempo del voto, se debían ofrecer scrificios en el templo de Jerusalén, se cortaba entonces a los nazireos el cabello y se arrojaba luego al fuego del sacrificio (Num 6,13ss). como los gastos para el sacrificio eran considerables, se había introducido la costumbre de que los más pudientes pagasen por los pobres; el hacerlo se consideraba obra meritoria. A más de responder por los gastos, Pablo debe también purificarse con ellos... Según la mentalidad hebrea, todo judío que llegase del extranjero se hallaba en estado de impureza cultual como consecuencia del continuo trato con los gentiles, y tenía necesidad de purificarse antes de entrar en el templo.

Pide a Pablo que dé público testimonio de que no está contra la ley de Moisés sino que se sabe someter a ella. Como él lo dijo alguna vez: se hace todo con todos para ganarlos a todos (ver 1Cor 9, 19-20), y, en este caso, para no ser motivo de escándalo para los judíos celosos cumplidores de la ley.



21, 25 EN CUANTO A LOS GENTILES QUE HAN ABRAZADO LA FE, YA LES ESCRIBIMOS NOSOTROS NUESTRA DECISIÓN: ABSTENERSE DE LO SACRIFICADO A LOS ÍDOLOS, DE LA SANGRE, DE ANIMAL ESTRANGULADO Y DE LA IMPUREZA.'

Santiago hace referencia a la carta que se envió a todas las comunidades, escrita durante el llamado 'Concilio de Jerusalén' (ver Hch 15, 22-29), la cual fue llevada por varios miembros de la comunidad, entre los cuales estaba Pablo (ver Hch 15,30).



21, 26 ENTONCES PABLO TOMÓ AL DÍA SIGUIENTE A LOS HOMBRES, Y HABIÉNDOSE PURIFICADO CON ELLOS, ENTRÓ EN EL TEMPLO PARA DECLARAR EL CUMPLIMIENTO DEL PLAZO DE LOS DÍAS DE LA PURIFICACIÓN CUANDO SE HABÍA DE PRESENTAR LA OFRENDA POR CADA UNO DE ELLOS.

Si en su interior Pablo sintió cierta resistencia a realizar esta práctica no lo dijo. Se somete a lo que se le pide, por el bien de todos y porque se lo pide el líder de la comunidad cristiana de Jerusalén.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

Cuando nos faltan las palabras.

Cuando tengo que orar por lo general es cuando mi lengua mete su cola entre las piernas y se va corriendo. Yo mee quedo sin palabras. En lugar de un guerrero de oración, me siento como un desertor de la oración.
Sucedió de nuevo esta semana mientras estaba con una joven viuda junto al ataúd de su esposo. La iglesia está llena de lágrimas. Los corazones yacían rotos en pedazos y todos esperaban mis palabras.  La muerte, en toda su fealdad, se pavonea por la habitación. Y yo me quedo ahí, quiero,  buscando en mi mente las palabras adecuadas para hablar con el Padre en medio del dolor y la pérdida. Sin embargo, esas palabras, cuando más se  necesitan, parecen haber caído a través de un agujero invisible hacia el fondo de mi boca.
¿Qué puedo hacer? ¿Qué podemos hacer cuando nuestros amigos piden nuestras oraciones, pero no sabemos qué decir? Tal vez estamos tan enojado con Dios que no queremos hablar con él. Tal vez estamos tan confundidos que no tenemos ni idea de cómo organizar las palabras en una declaración que suena religiosa en busca de ayuda. Tal vez sólo estamos atropellados por vida, y llegamos a sentir que orar sería como una tarea más a realizar, pero sin corazón. Sin sentido.
No sé si hay alguna palabra en la Biblia que sea más cierto que esto: no sabemos qué orar. El apóstol dice que a la iglesia en Roma: No sabemos qué orar como nos conviene (Romanos 8:26). De pie junto en los cementerios, en las filas del desempleo, en las celdas de la cárcel, en los dormitorios solitarios, con los niños llorando en brazos, con los padres ancianos que no son capaces de recordar, que no sabemos qué orar. Es cuando nos faltan las palabras. Así que gracias a Dios por las palabras de Pablo: pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no se pueden explicar.


Chad Bird