viernes, 24 de octubre de 2014

Si Dios no hace acepción de personas, ¿lo puede hacer la iglesia?

Estudio bíblico Viernes 24/10  6.00 pm
Salón de las banderas

Apuntes para una lectura de Hechos 10: 34-48

Este trozo del libro de los Hechos narra un momento importantísimo en la vida de la Iglesia: cuando Pedro dirige el primer discurso evangelizador a los paganos (es muy significativo que sea Pedro, cabeza de la Iglesia, quien lo haga), y tiene lugar el llamado 'Pentecostés de los gentiles', es decir, la venida del Espíritu Santo sobre creyentes no judíos. Aquí comienzan a cumplirse lo anunciado por los profetas: que Dios sería luz de todas las naciones, no sólo del pueblo de Israel.

10, 34

Pedro tomó la palabra. Pedro asume su papel de líder de la Iglesia y hace lo que se espera de él: todos aguardan a que les hable, pues saben que el Señor lo ha enviado e inspira sus palabras.
Dios no hace acepción de personas. Significa no hace distinción, no discrimina a nadie. En Dt 10, 17 dice: Yahveh vuestro Dios es el Dios de los dioses y el Señor de los señores, el Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas"
Esta afirmación queda ampliamente confirmada en numerosas ocasiones, por ejemplo cuando Dios elige por rey a David, que es el más pequeño e insignificante de todos sus hermanos (ver 1Sam 16, 1-13).
Las palabras de Pedro expresan lo que ha venido reflexionando intensamente desde que tuvo esa visión en la azotea de su casa (ver Hch 10, 9-17), algo que como ya se ha comentado tiene una importancia decisiva en la vida de la Iglesia: que él reconozca públicamente que Dios quiere que Su mensaje llegue a todos los pueblos, sin distinción de personas. ¡Es un paso enorme para un judío como
Pedro, que toda su vida ha estado acostumbrado a pensar que la salvación está especialmente destinada a ese pueblo elegido!
Dios le pide a Pedro que dé un salto tremendo: pasar de ser cabeza de una Iglesia limitada a una cierta región formada sobre todo por judíos conversos, a ser cabeza de una Iglesia , es decir, universal, abierta a toda raza, lengua, pueblo y nación. ¡Da vértigo de sólo pensarlo! Señor te 'cambia la jugada' y te pide que modifiques los planes que creías que Él esperaba de ti y hagas algo completamente opuesto? ¿Te resistes?, ¿protestas? o aceptas de inmediato, como Pedro.
10:35
en cualquier nación. Pedro deja claro que a partir de este momento ya no se puede hablar de que haya un pueblo que pueda sentirse por encima de otro: cualquiera puede ser grato a los ojos de Dios.
el que le teme y practica la justicia. Recordemos que los judíos solían llamar 'temerosos de Dios' a los paganos que, sin estar circuncidados, es decir, sin pertenecer al pueblo judío, compartían su misma fe hacia Dios y también ciertas prácticas religiosas.
Pedro hace sentir a sus oyentes que ellos también son gratos a Dios (en reafirmación de lo que acaba de contar Cornelio respecto a que el ángel le dijo que sus oraciones y limosnas habían sido agradables a Dios, ver Hch 10, 31.
Esto trae a la mente lo que más tarde escribirá Pablo en Rom 1, 16; 3, 21ss.

10:36
Pedro explica la Palabra que al principio fue dirigida a los hijos de Israel, pero que Jesús es el Señor de todos.

Señor de todos. De todos los señores de la tierra, quienes muchas veces pretendieron el título de 'señor'. Estas palabras tuvieron que hacer que Cornelio y sus huéspedes romanos y gentiles reflexionaran acerca del supuesto 'señorío' del César.

10, 37
Vosotros sabéis. Pedro da por hecho que sus oyentes oyeron hablar de Jesús.
10, 38
Recordemos que en toda la obra de Lucas (tanto el Evangelio como el libro de los Hechos) el Espíritu Santo es quien está presente en los momentos cruciales para iluminar, inspirar, impulsar los acontecimientos en la historia de la salvación. Dios le ungió con el Espíritu Santo. Recordemos que el Espíritu Santo descendió sobre Jesús cuando fue bautizado (ver Lc 3,21-22), y que cuando inició Su ministerio público y predicó por primera vez en la sinagoga de Nazaret, abrió el pasaje de Isaías que dice: 'El Espíritu del Señor está sobre mí. (ver Is 61, 1-2) y dijo luego: 'Esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy' (Lc 4, 21) Pedro afirma claramente que Jesús poseía el Espíritu Santo.
pasó haciendo el bien. Con esta frase corta pero llena de significado, Pedro resume todo el ministerio público de Jesús.
curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él. Comenta algo que seguramente impresiona a sus oyentes paganos, y añade la aclaración de que Dios estaba con Jesús quizá para cortar de raíz la posibilidad de que se suscite aquí esa idea equivocada de que Jesús expulsaba demonios por el poder de los demonios (ver Lc 11, 14-22). Se le muestra 'haciendo el bien' como Salvador del mundo oprimido por el poder del diablo. Se dirige la palabra al anhelo de salvación de un mundo doliente y angustiado. Sabemos que a los soberanos de aquel tiempo les gustaba hacerse llamar 'bienhechores'. También los llamaban 'salvadores'. Estos títulos arrogantes se han conservado en monedas e inscripciones. Querían ser dioses y se hicieron tributar honores divinos. El mundo romano aplicó también dichas prácticas a sus césares. Frente a ellos aparece Jesús de Nazaret como el verdadero bienhechor, el único Salvador.
10, 39
En este discurso, a diferencia de otros que ha pronunciado antes, Pedro no menciona las Escrituras, puesto que se dirige a oyentes paganos, sino el testimonio, que siempre y en todo lugar tiene un efecto poderoso, pues el que habla afirma que presenció lo que dice; deja claramente establecido que no habla 'de oídas', que no dice 'lo que le dijeron', sino lo que vio con sus propios ojos.
En las palabras de Pedro sobresalen la Muerte y la Resurrección de Jesús como los acontecimientos decisivos de la salvación.
Nuevamente queda claro que cuando Pedro y los apóstoles hablan de las apariciones del Resucitado se refieren a un hecho que sucedió en realidad, de manera tangible, no como ilusión, metáfora o símbolo. Cuando habla de que comieron y bebieron con Él no se está refiriendo a la Eucaristía, sino a compartir sencillamente un almuerzo como en varias ocasiones narra San Lucas.
10. 42
Pedro se refiere a lo que Jesús les pidió en Lc 24, 44ss y en Hch 1, 8;
Cuando Pedro habla de 'pueblo' delante de Cornelio, no parece que refiera esta palabra solamente a Israel, sino a todos los hombres.
Juez de vivos y muertos. Con las palabras sobre el futuro juicio, la Iglesia no quiere angustiar a los hombres, sino mostrarles el camino de la salvación para salir airosos antes este tribunal. La declaración sobre el juicio se convierte en predicación sobre el tema de la salvación cuando Pedro hable de la fuerza salvadora de la fe en Jesucristo.

10, 43
todos los profetas. Pedro hace referencia al modo como los cristianos interpretan la Escritura: a la luz de Jesús.
Así, queda claro que lo que anunciaban todos los profetas se refería a Jesús. Recordemos que cuando Jesús comparte el camino con los dos apóstoles que iban hacia Emaús, les explica cómo las Escrituras se referían a Él (ver Lc 24, 27)
todo el que cree en Él. Recordemos que no se trata de una fe puramente intelectual, que no baja de la cabeza al corazón. Cuando Pedro habla de 'creer' habla de adherirse a Cristo, de ser verdaderamente discípulo y vivir cristianamente.
10, 44
El mismo Dios corona el discurso de Su mensajero. Así como el Señor abrió el entendimiento de los apóstoles para que comprendieran Sus Palabras, así ahora envía Su Espíritu Santo para que ilumine a estos creyentes venidos del paganismo, que tienen ya el corazón dispuesto.
10, 45
fieles circuncisos. Se refiere tanto a judíos, que recibieron la circuncisión a los tres días de nacidos, como a paganos que se circuncidaron para pertenecer al pueblo judío y luego se hicieron cristianos, como a fieles que creyeron que para ser cristianos tenían que circuncidarse y lo hicieron, y ahora se sorprenden al ver que unos paganos incircunciso reciben el don del Espíritu Santo igual que ellos (¡de haber sabido!).
los oían hablar en lenguas y glorificar a Dios. Es el 'Pentecostés de los paganos', expresión clara de que Dios los ha incorporado a su Iglesia. La bajada del Espíritu Santo es una sorpresa y una absoluta iniciativa de Dios, que no espera que los catecúmenos sean bautizados, sino que se anticipa y manifiesta Su presencia con el mismo don de lenguas con el que favoreció a los discípulos reunidos en el cenáculo el día de Pentecostés."
El acontecimiento era estimulante para la primitiva iglesia aún muy restringida dentro de una manera judaica de concebir la salvación.
10, 47
Previendo las posibles objeciones que pudieran surgir de sus acompañantes circuncisos, Pedro plantea esta pregunta que no admite más que una respuesta: nadie puede atreverse a negar el Bautismo a estos hermanos a quienes Dios mismo ha enviado Su Espíritu Santo.
10, 48
Pedro manda que sean bautizados, lo cual también nos indica la seguridad y convicción que los apóstoles tenían de que el mandato de Cristo de bautizar a los creyentes continuaba siendo indispensable y válido, aun para aquellos que habían recibido la bajada del Espíritu Santo.
Ya en Hch se comentaba que se bautizaba a los creyentes 'en el nombre de Jesucristo.' Viene a la mente lo que escribirá Pablo en Gal 3, 26;

Para un judío era inaceptable quedarse unos días en casa de un pagano (simplemente entrar ahí lo hacía quedar en calidad de 'impuro'), pero Pedro, al igual que Jesús, da muestra clara de que el ser humano está por encima de los convencionalismos creados por los hombres para separar a unos de otros.

Pedro hace entrar en la Iglesia a un 'temeroso de Dios', a un extranjero, a un 'impuro'.Es éste un relato capital: se demuestra que ha sido el propio Pedro el que ha dado el paso decisivo en dirección a los paganos, bajo la moción del espíritu...no es necesario que se hagan judíos...esto es lo que le da al 'Pentecostés de Cesarea' su importancia decisiva en la historia de la Iglesia apostólica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario