Nuestra iglesia evangélica, igual que la católica, parece haberse obsesionado por los temas sexuales, como si ésos fuesen los únicos problemas críticos de nuestro tiempo y como si de ellos dependiera el futuro de la iglesia y de la civilización. Temas sexuales, especialmente la homosexualidad, dominan abrumadoramente el discurso de los políticos protestantes; entre la gran mayoría de los evangélicos, la sola mención de homosexuales y lesbianos les infunde pánico. Más que sólo principios bíblicos y teológicos, que por supuesto son cruciales, parece funcionar aquí un profundo prejuicio social.
Los evangélicos, junto con los católicos, salen en masa para unirse a las marchas contra los homosexuales. Manifestaciones multitudinarias se han realizado en Costa Rica, Argentina, Brasil y muchos otros países. Es una causa popular, apoyada por el prejuicio de la sociedad misma.
No estoy minimizando la importancia de la ética sexual ni de nuestra fidelidad bíblica, pero sí quiero cuestionar las prioridades erradas de esta obsesiva campaña contra los homosexuales. ¿Por qué será que para una marcha anti-homosexual salimos a la calle por cientos de miles, pero cuando se trata de una protesta contra la corrupción en el gobierno (como el Manifiesto de la Vergüenza en Costa Rica), somos mudos y brillamos por nuestra ausencia? ¿Por que no se han unido las iglesias protestantes y católicas para organizar marchas contra las guerras de Irak y Afganistán? ¿Por qué no se les ha ocurrido a nuestros líderes religiosos una masiva protesta contra el golpe de estado en Honduras y el régimen represivo de su gobierno "democrático"?
Precisamente por eso, las iglesias evangélicas carecen de autoridad moral para que sus campañas anti-homosexuales sean convincentes. Los partidos protestantes han sido casi siempre cómplices del sistema, a veces hasta partícipes en la corrupción. Líderes ambiciosos han manipulado a los miembros ingenuos para quedar electos en puestos políticos, y ya electos no muestran una mínima comprensión de las necesidades reales del país ni una visión positiva del futuro nacional. Por eso, sus arengas contra la homosexualidad quedan en ridículo ante los sectores pensantes y críticos de la población y a veces huelen a oportunismo e hipocresía.
En amplios sectores de nuestras sociedades latinoamericanas, nuestras iglesias evangélicas se conocen más por su oposición a la homosexualidad que por cualquier otra cosa. Parece que la iglesia protestante en América Latina siempre ha necesitado algún gran enemigo con quien pelear. Es el síndrome del "anti". Originalmente era anti-catolicismo, después anti-comunismo y anti-ecumenismo, y ahora más que otra cosa, anti-homosexual. Pero el evangelio no vive de negaciones sino de las buenas nuevas. El evangelio es el "Sí" y el "Amén" de Dios (2 Cor 1:19-20); cuando lo negativo domina en la iglesia, ella está enferma.
La cuestión homosexual no siempre tenía la importancia que ahora tiene. En los Estados Unidos, Ronald Reagen, con gran astucia, forjó una alianza entre católicos y protestantes en torno a dos temas: homosexualidad y aborto. Les hizo pensar que esos eran los mayores problemas del país y los únicos criterios para el voto. Con esa táctica ganó la presidencia y el apoyo para sus guerras en Centroamérica y sus fatales políticas económicas, de las que hoy sufrimos las consecuencias. Con la misma táctica Nixon y los dos Bush politizaron estos temas para cometer más atrocidades. Y hoy, si nos unimos con la cruzada anti-homosexual, nos estamos aliando con otras causas que son contrarias al evangelio y negativas para el futuro de nuestros países.
Por todo eso quiero proponer una moratoria, digamos de unos cinco años, en que dejemos en paz a los homosexuales y que nos dediquemos a otros temas más importantes y más evangélicos. ¡Una moratoria de diatribas homofóbicas, nada de ataques e insultos, nada de marchas populacheras! Un descanso, para volver a respirar aire fresco. Y de hecho, la causa anti-homosexual no perderá nada, porque la jerarquía católica y las grandes mayorías homofóbicas de nuestros países se encargarán de proteger la patria y la familia.
Propongo que durante este período de moratoria nos dediquemos a analizar con calma este tema, dispuestos con humildad a juzgar nuestros propios pecados, pues el juicio debe comenzar en la casa de Dios. Debemos analizar mucho más a fondo los aspectos bíblicos de este tema (exegéticos y hermenéuticos), que tienen sus bemoles muy importantes. Nos haría mucho bien recordar que los mismos pasajes denuncian la avaricia (¡los avaros no entrarán al reino de Dios, pero sí en las iglesias!); el Nuevo Testamento dice mucho más contra la avaricia y la codicia que contra la homosexualidad. Otras preguntas que requieren un análisis imparcial son: ¿es congénita la homosexualidad en algunos casos, y cómo afecta eso el tema? ¿Cómo afecta la homosexualidad, positiva y negativamente, a ellos mismos, comparado con el matrimonio heterosexual? ¿Amenazan estas prácticas a la familia y la sociedad? ¿Cómo? Confieso que no tengo respuestas a estas preguntas, pues hasta ahora no me convencen los argumentos ni de un lado ni del otro.
Una pregunta fundamental: ¿Qué significa el mandamiento de amar, el gran mandamiento de la ley, para este tema? Muchas iglesias evangélicas ahora se conocen más por su aparente odio contra otros grupos que por su amor cristiano. Con la moratoria que propongo, la iglesia evangélica podría volver a ser conocida como la comunidad de amor en Cristo y no como un enemigo más de otro sector social ¡Qué lindo sería!
Me parece que hoy la iglesia está enferma con fiebre, y necesita reposo para bajar la calentura.
Esta guerra homofóbica está haciendo mucho daño a nuestras iglesias. Es hora para una tregua. Sería muy saludable y nos haría muchísimo bien. ¡Qué lo permita Dios!
Juan Stam
sábado, 18 de diciembre de 2010
jueves, 16 de diciembre de 2010
Ecumenismo y pentecostalismo en América Latina.
El ecumenismo es el esfuerzo de cristianos que bajo el impulso del Espíritu, desean restaurar la unidad visible de la Iglesia de Jesucristo. Esto no es el ideal solo de algunos cristianos aislados que se sienten responsables de este proyecto; es un imperativo para cada cristiano en virtud del bautismo común a todos los seguidores del Evangelio. Como sabemos, el ecumenismo recibió un nuevo impulso en 1910, en el Congreso de Edimburgo, Escocia. Desde Edimburgo, el movimiento de acercamiento ha progresado por etapas importantes: Ámsterdam (1948), Evaston (1954), Nueva Delhi (1961), Upsala (1968), Nairobi (1965). Como resultado de éste esfuerzo, el movimiento hacia la unidad visible, tiene ya un Consejo Mundial (1948), una carta y una definición.
El Consejo aspira reunir a todos los cristianos en la triple vocación que les es común: Vocación de testimonio, de unidad, y de servicio. Al propio tiempo, el mismo deseo de unidad se ha manifestado entre otros cristianos que se han asociado, dando testimonio del mismo movimiento del Espíritu.
La Iglesia Católica Romana en un principio reservada y reticente, poco a poco acabó por entrar en la corriente ecuménica. El Vaticano II, hizo ver claramente que “El Espíritu sopla donde quiere” y reconoció su presencia en las iglesias o comunidades cristianas fuera de su seno. Durante éste mismo período histórico, es decir a partir de 1900, se ha visto surgir en la iglesia otra corriente espiritual importante conocida bajo el nombre global de “pentecostalismo”.
El pentecostalismo surgió de la sala de oración en una casa de Topeka (Kansas), por el pastor metodista Charles F. Parham, en 1900. Parham y sus discípulos, el mas célebre, el pastor negro William Seymour, iniciador del “Asusa Street Renewal” en Los Angeles, no pensaron nunca en formar una nueva denominación. Su intención era permanecer arraigados en sus propias iglesias, trabajar por su renovación espiritual y de este modo por su reconciliación, ayudándolas a abrirse a una experiencia común del Espíritu. Habiendo sido excluidos de las iglesias a que pertenecían y debiendo hacer frente a una hostilidad bastante general, muchos de los pentecostales se apartaron de la orientación ecuménica de sus orígenes. Agregado a ciertos desacuerdos sobre puntos doctrinales, así como conflictos raciales o personales, les condujeron a fragmentarse en un grupo considerable de denominaciones y grupos, que han crecido notablemente.
El crecimiento más extenso en el movimiento pentecostal ha sido en el mundo en desarrollo y, sobre todo en los años recientes, ha llegado a ser una parte significativa del entorno religioso y político de América Latina. Desde la década de los ‘60 esta región ha visto un crecimiento sustantivo en el número de pentecostales, que ya alcanza al 13% o alrededor de 75 millones de los 560 millones de habitantes, como ya señalamos al principio. Cabe mencionar y no olvidar que los pentecostales no son los únicos “evangélicos” en la región. Además, los miembros carismáticos de denominaciones no-pentecostales (mayoritariamente católicos en América Latina) añaden 80 millones más a las cifras.
Sin embargo, la creciente presencia del pentecostalismo en la sociedad levanta mucha crítica y su influencia ha significado leña para el conflicto político. Mientras algunos observadores insisten en que el pentecostalismo sigue un patrón esencialmente monolítico de quietud y pasividad política, inclinándose hacia la derecha, otros subrayan su activismo político en Brasil y Guatemala. Los hechos demuestran que ha habido diferentes patrones de crecimiento, énfasis teológico y contextos políticos en cada una de estas comunidades pentecostales nacionales y la realidad actual lo refleja.
Hoy por un lado vemos el crecimiento del movimiento Pentecostal en América Latina, y por el otro la Iglesia Católica se ve a sí misma como la Iglesia total, en virtud de la sucesión apostólica de Pedro en la persona del Papa, en lo cual divergen los protestantes que niegan valor a dicha tradición sin embargo poco a poco se da lugar a una nueva entidad que nos aúna denominado Ecumenismo.
La relación con el Ecumenismo
El nacimiento del Ecumenismo dio que hablar desde su comienzo. Si bien hay un reconocimiento en la necesidad de unir al “Pueblo de Dios” hay errores en la apreciación que hacen distintos dirigentes a medida que pasa el tiempo, y que genera diversos sentimientos de unión y rechazo entre los hombres que profesan su búsqueda.
Desde los inicios, la separación de las iglesias se produjo, principalmente, por motivos teológicos y cuestiones doctrinales, presentes todavía entre las diferentes iglesias. Para intentar salvar esas diferencias se han suscitado innumerables coloquios, encuentros y diálogos a diferentes niveles, que pretenden dar verdaderos pasos hacia la unidad cristiana en plenitud. Es innegable que existen otras dimensiones ecuménicas no estrictamente doctrinales y que, sin resolverse, difícilmente se hace creíble una eventual unidad cristiana. En muchos casos, cada uno de los interlocutores enviado a los coloquios y encuentros por el dialogo cree que no puede dar nuevos pasos en el terreno de las concesiones por impedírselo la lealtad que debe a su propia Iglesia y cree haber topado con un muro infranqueable, por lo que podemos decir claramente que tenemos una lucha entre las concesiones y las lealtades….
Por ahora la unidad eclesial es solo un misterio que llevará siglos resolver….No se puede avanzar si en el liderazgo de la Iglesia persiste la sospecha y la desconfianza… ¿Cuál sería la diferencia entre la política de los gobierno y la Iglesia del Señor?
Respuestas procedentes de todos los continentes aluden a la persistencia de actitudes marcadas por el miedo, la sospecha y la desconfianza recíprocos. Otros cristianos albergan el temor de que pueden ser absorbidos por la comunidad católica, más fuerte. Algunos católicos consideran que el ecumenismo pone en peligro su fe y equivale a admitir una insuficiencia de la Iglesia católica.
Ahora bien, ¿Con quién es el diálogo ecuménico? El documento de Puebla, en su párrafo 1108 expresa: “Persiste con todo en muchos cristianos la ignorancia o la desconfianza con respecto al ecumenismo. Desconfianza que en nuestras comunidades se origina en gran parte en el proselitismo, serio obstáculo para el verdadero ecumenismo”. Precisamente ésta referencia al “proselitismo” muestra la sensibilidad de la Iglesia Católica ante el tremendo crecimiento del movimiento pentecostal y el documento de Puebla recomienda estudiar diligentemente “las causas que motivan su rápido crecimiento para responder a los anhelos y planteamientos a los cuales dichos movimientos buscan dar una respuesta tales como liturgia viva, fraternidad sentida y activa participación misionera” (párrafo 1122).
Sin embargo, no falta la crítica a dichos movimientos en el mismo documento: “Los movimientos religiosos libres, manifiestan frecuentemente deseo de comunidad, de participación, de liturgia viva que es necesario tener en cuenta. Con todo no podemos ignorar en lo tocante a esos grupos, proselitismos muy marcados, fundamentalismo bíblico y literalismo estricto respecto a sus propias doctrinas” (1109).
El catolicismo dialoga y coopera con las llamadas “iglesias históricas” que han estado dispuestas a entrar en el diálogo ecuménico, pero no ve con buenos ojos a los llamados “movimientos religiosos libres”, que son las iglesias que no han entrado en el diálogo ecuménico con Roma. Esos movimientos, constituyen la vasta mayoría del pueblo evangélico y hasta que el catolicismo los tome con seriedad dejando de clasificarlos como “proselitistas” o “fundamentalistas”, no habrá un verdadero ecumenismo. Principal escollo que aun hoy, Roma no sabe como sortear.
En resumen, persisten muchas sospechas, acerca de las intenciones mutuas reales y de las motivaciones evangélicas de los programas y las actividades de unos y de otros.
La corriente ecuménica recuerda a los cristianos de cualquier obediencia, que la iglesia debe ser UNA. El teólogo reformado Lukas Vischer ha dicho: “La iglesia dividida presenta al mundo un Evangelio contradictorio”.
La sociedad presa de un relajamiento moral sin precedentes, cuando las conciencias están como anestesiadas e incapaces de reacción, hoy mas que nunca necesitamos un cristianismo vigoroso y fuerte apoyado en el poder del Espíritu. En un mundo con falta de gozo y de propósito, nuestro Señor pide a los suyos nada menos que llevar el Evangelio a cada criatura, y la evangelización va unida al testimonio de UNIDAD, dado por la Iglesias. Una unidad en el ESPÍRITU, en la FE (no en la teología, puesto que la iglesia acepta una pluralidad de teologías, siempre que quede a salvo la fe) y en el CUERPO.
Esto solo es viable en un clima de respeto mutuo, reconociendo la identidad de los otros. “TENEMOS QUE ENCONTRARNOS PARA CONOCERNOS, CONOCERNOS PARA AMARNOS, AMARNOS PARA SER UN SOLO CUERPO"
Hacia una Espiritualidad Vivencial
Así como la historia de la Iglesia es la historia de la interpretación de las Sagradas Escrituras que se hace Iglesia, el pentecostalismo es una página de la Escritura que se transforma en Iglesia.
La primera respuesta a las expectativas de las masas tiene que ver con la espiritualidad “vivencial”, es decir, un tipo de espiritualidad que da primacía a la experiencia de y con Dios.
El pentecostalismo reivindica, en primer lugar, el valor de esta experiencia. La experiencia de la sanación -emocional y física- que parece estar conectada con los sentimientos de “bienvenida”.
La bienvenida y la hospitalidad de la comunidad pentecostal parecen tener un efecto curativo o sanador. Aquellos que llegan sienten que la comunidad entera pide a Dios por ellos, manifiesta interés en su salvación y se pone feliz al verlos. La persona solitaria, angustiada o enferma con su autoestima seriamente deteriorada, experimenta un enorme cambio en su auto-percepción. De repente se siente importante, que su vida tiene valor y que Dios le ama de verdad porque la comunidad lo expresa en forma concreta. Recupera el significado en su vida, vence la soledad y angustia y con frecuencia ve su experiencia confirmada con el alivio de su dolor físico. En muchas partes es también un hecho que el trabajo con los pentecostales es una ayuda muy poderosa para ir apartándose del alcoholismo y otros flagelos similares.
Entre otras cosas, aprendemos que el éxito de su evangelización surge de la participación de los laicos, gente organizada en tareas específicas, con responsabilidades. Se sienten parte necesaria en la acción de su iglesia.
También aprendemos la necesidad de multiplicar lugares de culto más modestos. Los pentecostales sólo tienen espacios pequeños alquilados o comprados a bajo costo, mientras que otras Iglesias gastan a veces millones de pesos en edificar grandes templos para sus liturgias.
Finalmente, muchas Iglesias asignan grandes sumas de dinero y muchos años a la formación y preparación de su personal, tanto clerical como laical. Los pentecostales, por otro lado, tienen un pastor entrenado en unos pocos años.
Sabemos que nuestro mundo posmoderno ha demostrado su sed de la experiencia religiosa en todas sus variadas formas, a veces erradas. Es posible que el éxito actual del pentecostalismo y de muchos grupos carismáticos se explique, en gran parte, por su tendencia a acentuar la experiencia religiosa individual, vivencial con todos sus aspectos emocionales; una disposición presente también en las pequeñas comunidades de base. Aquí tenemos una dimensión pastoral que quizás requiere nuestra atención y reflexión en el futuro.
La reforma del siglo XVI entre otras cosas proclamó el sacerdocio de todos los creyentes, no obstante, la Iglesia, enfrentó el temor de la pérdida de uniformidad teológica y estructural (status quo) limitando el accionar de los laicos y creando involuntariamente una infinidad de congregaciones independientes que propician la libertad de los creyentes-laicos en el servicio a Dios y la Iglesia. Estas congregaciones, al crecer, se transforman en nuevas denominaciones.
Quizás los pentecostales encontraron un camino que permite liberar a los creyentes-laicos para que puedan utilizar todo su potencial.
Cabe mencionar, que los estadistas modernos de la Iglesia definen cuatro etapas de crecimiento y decaimiento de la Iglesia
1. Los “Bárbaros”: Son los que comienzan una obra nueva, sin dinero, pasando necesidades, sufriendo persecuciones, poniendo al Señor antes que todo. Hubieron muchos misioneros que hicieron esto viniendo de países lejanos.
2. Los “Administradores”: Son los que le siguen a los “Bárbaros”. Generalmente son los pastores que vienen a seguir la obra. Alguien que fue al seminario y que ya viene con un salario y comienza a organizar la Iglesia.
3. Los “Burócratas”: La Iglesia comienza a crecer numéricamente y económicamente, se hacen edificios, se emplean profesionales para dirigir distintos ministerios. En esta etapa, ya los puestos de la Iglesia son como empleos. Aunque se sigue con las actividades, pero sin pasión y la Iglesia es dirigida por una burocracia que es cada vez menos espiritual. Los pastores viajan, son admirados, pero la Iglesia entra en una meseta, no aumenta ni decrece.
4. Los “Aristócratas”: Este es el período cuando la Iglesia comienza a declinar. Los creyentes son gente buena, dadivosa, pero han perdido el celo evangelizador. Los dirigentes son admirados y respetados pero son aristócratas de la Iglesia. Eso no es malo, pero ya no produce.
Hoy en día hay menos “Bárbaros”. Se me ocurre que la manera de producir “Bárbaros” es propiciar el servicio y ministerio de los creyentes-laicos cuando están llenos de fuego; cuando no saben todavía las políticas de las denominaciones e iglesias, cuando leen el evangelio y los hechos de los apóstoles, lo creen y lo imitan.
Mi Testimonio Personal
Yo nací en un hogar evangélico. Nos reuníamos con mis padres en lo que fue la Primera Iglesia Pentecostal en Buenos Aires.
Para mi era una incomodidad ser pentecostal; como un peso y me decía “…que lastima que no soy como los demás vecinos, ellos pueden pecar, y hacer lo que quieren”. Mis padres eran rígidos y no me permitían.
A la edad de 13 años hice una decisión de aceptar a Jesucristo como mi salvador y me bautice. Muchos otros jóvenes amigos también lo hicieron y comenzamos a predicar en las calles acerca de Jesucristo.
Más adelante a mis 15 años de edad en una vigilia de oración recibí la experiencia del “bautismo en el Espíritu Santo” y comencé hablar en nuevas lenguas.
En aquellos años los grupos pentecostales eran minoritarios en Argentina. Yo fui enviado por mi Iglesia a colaborar en una congregación nueva en la zona del gran Buenos Aires (Billingursth). Predicábamos y la gente se convertía. Yo comencé siendo un “Bárbaro”.
Por otro lado mi padre que era Pastor, comenzó a relacionarme con hermanos y pastores de otras denominaciones. El, llego a ser parte de la FAIE en sus comienzos, como así también mantenía relación con algunos sacerdotes católicos.
En los primeros años de nuestra experiencia todo eso nos alejo un poco de los mismos pentecostales que no veían muy bien nuestro acercamiento con los católicos y otros hermanos que no tenían, según estos, lo que se llamaba el “evangelio completo”
Dios es maravilloso y tiene su agenda. Una de las cosas que aprendimos fue que Dios no es pentecostal evangélico tampoco es católico. Dios es santo. Dios es uno y El quiere un solo pueblo. San Pablo dice que nosotros estamos bautizados en el Espíritu justos para formar la unidad de la Iglesia. Un solo cuerpo. Este es el Espíritu Pentecostal, la iglesia indivisa.
Pentecostés es la revelación del Dios de las Naciones, conocido como el Salvador. Por lo tanto, esta es la experiencia del Bautismo en el Espíritu Santo: El don por la excelencia de la unidad de los cristianos. El don por la excelencia de la Iglesia unida, y ésta experiencia viene transversalmente vivida por todas las denominaciones cristianas: Protestantes, Ortodoxos, Católicos, es lógico que esta gracia del Espíritu Santo sea el vehículo de la unidad.
El ecumenismo basado en la justicia social, en la búsqueda de la paz, por cierto muestra gracia de Dios y es válido para las Iglesias, pero para los pentecostales el bautismo del Espíritu Santo es la gracia por excelencia, promueve un ecumenismo del Espíritu y recuerda a los cristianos que el Espíritu, es el soplo vital de la Iglesia, que su presencia activa y poderosa está siempre operante en la medida que se lo permita obrar.
Los hijos de una familia no son iguales, uno es mejor, el otro más díscolo, pero son todos hijos amados. Amamos a pesar de las diferencias y amamos con las diferencias. Aprender a ver la diversidad no necesariamente como una división. Vivir la diversidad con un corazón curado. Cristo fue a la cruz por el ecumenismo, por la unidad de sus discípulos.
Los pentecostales creen que la unidad de la iglesia es posible pero en una unidad del espíritu, no la unidad de escritorio.
El dialogo ecuménico tiene que ser intensificado debe ser llevado adelante con coraje con el testimonio de todos. Tenemos el duro y obstinado trabajo de juntar todas las hojas de las ramas rotas. Para que el árbol majestuoso de la iglesia que esta destruido por los rayos, la desunión, torne a ir más alto más hermoso, más fuerte.
Es necesario una reconciliación que tiene que ver con el destino de la Iglesia, ya que hubo un lenguaje impuesto en el pasado: herejes, hermanos separados, sectas, etc. Pero Dios tiene un proyecto: este proyecto se llama “Unidad”.
El Señor no tiene un harem. El señor no es polígamo. El tiene una sola esposa, una sola Iglesia.
La Iglesia tiene que ser una, aun en la diversidad y la diversidad tiene que venir con un corazón reconciliado y la reconciliación tiene que ver con una obra del Espíritu que está siendo derramado sobre todos los que le aman.
Que podamos trabajar en obediencia a la profecía del Salmo 50:5 “Juntadme mis santos, los que hicieron conmigo pacto con sacrificio”. Vale decir que este es tiempo de juntar, de unir a todos los que están comprometidos con nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien nos ha llamado a que se cumpla la oración de Jesús: “PARA QUE TODOS SEAN UNO, COMO TU, OH PADRE EN MI Y YO EN TI QUE TAMBIEN ELLOS SEAN UNO EN NOSOTROS, PARA QUE EL MUNDO CREA QUE TU ME ENVIASTE”
El Consejo aspira reunir a todos los cristianos en la triple vocación que les es común: Vocación de testimonio, de unidad, y de servicio. Al propio tiempo, el mismo deseo de unidad se ha manifestado entre otros cristianos que se han asociado, dando testimonio del mismo movimiento del Espíritu.
La Iglesia Católica Romana en un principio reservada y reticente, poco a poco acabó por entrar en la corriente ecuménica. El Vaticano II, hizo ver claramente que “El Espíritu sopla donde quiere” y reconoció su presencia en las iglesias o comunidades cristianas fuera de su seno. Durante éste mismo período histórico, es decir a partir de 1900, se ha visto surgir en la iglesia otra corriente espiritual importante conocida bajo el nombre global de “pentecostalismo”.
El pentecostalismo surgió de la sala de oración en una casa de Topeka (Kansas), por el pastor metodista Charles F. Parham, en 1900. Parham y sus discípulos, el mas célebre, el pastor negro William Seymour, iniciador del “Asusa Street Renewal” en Los Angeles, no pensaron nunca en formar una nueva denominación. Su intención era permanecer arraigados en sus propias iglesias, trabajar por su renovación espiritual y de este modo por su reconciliación, ayudándolas a abrirse a una experiencia común del Espíritu. Habiendo sido excluidos de las iglesias a que pertenecían y debiendo hacer frente a una hostilidad bastante general, muchos de los pentecostales se apartaron de la orientación ecuménica de sus orígenes. Agregado a ciertos desacuerdos sobre puntos doctrinales, así como conflictos raciales o personales, les condujeron a fragmentarse en un grupo considerable de denominaciones y grupos, que han crecido notablemente.
El crecimiento más extenso en el movimiento pentecostal ha sido en el mundo en desarrollo y, sobre todo en los años recientes, ha llegado a ser una parte significativa del entorno religioso y político de América Latina. Desde la década de los ‘60 esta región ha visto un crecimiento sustantivo en el número de pentecostales, que ya alcanza al 13% o alrededor de 75 millones de los 560 millones de habitantes, como ya señalamos al principio. Cabe mencionar y no olvidar que los pentecostales no son los únicos “evangélicos” en la región. Además, los miembros carismáticos de denominaciones no-pentecostales (mayoritariamente católicos en América Latina) añaden 80 millones más a las cifras.
Sin embargo, la creciente presencia del pentecostalismo en la sociedad levanta mucha crítica y su influencia ha significado leña para el conflicto político. Mientras algunos observadores insisten en que el pentecostalismo sigue un patrón esencialmente monolítico de quietud y pasividad política, inclinándose hacia la derecha, otros subrayan su activismo político en Brasil y Guatemala. Los hechos demuestran que ha habido diferentes patrones de crecimiento, énfasis teológico y contextos políticos en cada una de estas comunidades pentecostales nacionales y la realidad actual lo refleja.
Hoy por un lado vemos el crecimiento del movimiento Pentecostal en América Latina, y por el otro la Iglesia Católica se ve a sí misma como la Iglesia total, en virtud de la sucesión apostólica de Pedro en la persona del Papa, en lo cual divergen los protestantes que niegan valor a dicha tradición sin embargo poco a poco se da lugar a una nueva entidad que nos aúna denominado Ecumenismo.
La relación con el Ecumenismo
El nacimiento del Ecumenismo dio que hablar desde su comienzo. Si bien hay un reconocimiento en la necesidad de unir al “Pueblo de Dios” hay errores en la apreciación que hacen distintos dirigentes a medida que pasa el tiempo, y que genera diversos sentimientos de unión y rechazo entre los hombres que profesan su búsqueda.
Desde los inicios, la separación de las iglesias se produjo, principalmente, por motivos teológicos y cuestiones doctrinales, presentes todavía entre las diferentes iglesias. Para intentar salvar esas diferencias se han suscitado innumerables coloquios, encuentros y diálogos a diferentes niveles, que pretenden dar verdaderos pasos hacia la unidad cristiana en plenitud. Es innegable que existen otras dimensiones ecuménicas no estrictamente doctrinales y que, sin resolverse, difícilmente se hace creíble una eventual unidad cristiana. En muchos casos, cada uno de los interlocutores enviado a los coloquios y encuentros por el dialogo cree que no puede dar nuevos pasos en el terreno de las concesiones por impedírselo la lealtad que debe a su propia Iglesia y cree haber topado con un muro infranqueable, por lo que podemos decir claramente que tenemos una lucha entre las concesiones y las lealtades….
Por ahora la unidad eclesial es solo un misterio que llevará siglos resolver….No se puede avanzar si en el liderazgo de la Iglesia persiste la sospecha y la desconfianza… ¿Cuál sería la diferencia entre la política de los gobierno y la Iglesia del Señor?
Respuestas procedentes de todos los continentes aluden a la persistencia de actitudes marcadas por el miedo, la sospecha y la desconfianza recíprocos. Otros cristianos albergan el temor de que pueden ser absorbidos por la comunidad católica, más fuerte. Algunos católicos consideran que el ecumenismo pone en peligro su fe y equivale a admitir una insuficiencia de la Iglesia católica.
Ahora bien, ¿Con quién es el diálogo ecuménico? El documento de Puebla, en su párrafo 1108 expresa: “Persiste con todo en muchos cristianos la ignorancia o la desconfianza con respecto al ecumenismo. Desconfianza que en nuestras comunidades se origina en gran parte en el proselitismo, serio obstáculo para el verdadero ecumenismo”. Precisamente ésta referencia al “proselitismo” muestra la sensibilidad de la Iglesia Católica ante el tremendo crecimiento del movimiento pentecostal y el documento de Puebla recomienda estudiar diligentemente “las causas que motivan su rápido crecimiento para responder a los anhelos y planteamientos a los cuales dichos movimientos buscan dar una respuesta tales como liturgia viva, fraternidad sentida y activa participación misionera” (párrafo 1122).
Sin embargo, no falta la crítica a dichos movimientos en el mismo documento: “Los movimientos religiosos libres, manifiestan frecuentemente deseo de comunidad, de participación, de liturgia viva que es necesario tener en cuenta. Con todo no podemos ignorar en lo tocante a esos grupos, proselitismos muy marcados, fundamentalismo bíblico y literalismo estricto respecto a sus propias doctrinas” (1109).
El catolicismo dialoga y coopera con las llamadas “iglesias históricas” que han estado dispuestas a entrar en el diálogo ecuménico, pero no ve con buenos ojos a los llamados “movimientos religiosos libres”, que son las iglesias que no han entrado en el diálogo ecuménico con Roma. Esos movimientos, constituyen la vasta mayoría del pueblo evangélico y hasta que el catolicismo los tome con seriedad dejando de clasificarlos como “proselitistas” o “fundamentalistas”, no habrá un verdadero ecumenismo. Principal escollo que aun hoy, Roma no sabe como sortear.
En resumen, persisten muchas sospechas, acerca de las intenciones mutuas reales y de las motivaciones evangélicas de los programas y las actividades de unos y de otros.
La corriente ecuménica recuerda a los cristianos de cualquier obediencia, que la iglesia debe ser UNA. El teólogo reformado Lukas Vischer ha dicho: “La iglesia dividida presenta al mundo un Evangelio contradictorio”.
La sociedad presa de un relajamiento moral sin precedentes, cuando las conciencias están como anestesiadas e incapaces de reacción, hoy mas que nunca necesitamos un cristianismo vigoroso y fuerte apoyado en el poder del Espíritu. En un mundo con falta de gozo y de propósito, nuestro Señor pide a los suyos nada menos que llevar el Evangelio a cada criatura, y la evangelización va unida al testimonio de UNIDAD, dado por la Iglesias. Una unidad en el ESPÍRITU, en la FE (no en la teología, puesto que la iglesia acepta una pluralidad de teologías, siempre que quede a salvo la fe) y en el CUERPO.
Esto solo es viable en un clima de respeto mutuo, reconociendo la identidad de los otros. “TENEMOS QUE ENCONTRARNOS PARA CONOCERNOS, CONOCERNOS PARA AMARNOS, AMARNOS PARA SER UN SOLO CUERPO"
Hacia una Espiritualidad Vivencial
Así como la historia de la Iglesia es la historia de la interpretación de las Sagradas Escrituras que se hace Iglesia, el pentecostalismo es una página de la Escritura que se transforma en Iglesia.
La primera respuesta a las expectativas de las masas tiene que ver con la espiritualidad “vivencial”, es decir, un tipo de espiritualidad que da primacía a la experiencia de y con Dios.
El pentecostalismo reivindica, en primer lugar, el valor de esta experiencia. La experiencia de la sanación -emocional y física- que parece estar conectada con los sentimientos de “bienvenida”.
La bienvenida y la hospitalidad de la comunidad pentecostal parecen tener un efecto curativo o sanador. Aquellos que llegan sienten que la comunidad entera pide a Dios por ellos, manifiesta interés en su salvación y se pone feliz al verlos. La persona solitaria, angustiada o enferma con su autoestima seriamente deteriorada, experimenta un enorme cambio en su auto-percepción. De repente se siente importante, que su vida tiene valor y que Dios le ama de verdad porque la comunidad lo expresa en forma concreta. Recupera el significado en su vida, vence la soledad y angustia y con frecuencia ve su experiencia confirmada con el alivio de su dolor físico. En muchas partes es también un hecho que el trabajo con los pentecostales es una ayuda muy poderosa para ir apartándose del alcoholismo y otros flagelos similares.
Entre otras cosas, aprendemos que el éxito de su evangelización surge de la participación de los laicos, gente organizada en tareas específicas, con responsabilidades. Se sienten parte necesaria en la acción de su iglesia.
También aprendemos la necesidad de multiplicar lugares de culto más modestos. Los pentecostales sólo tienen espacios pequeños alquilados o comprados a bajo costo, mientras que otras Iglesias gastan a veces millones de pesos en edificar grandes templos para sus liturgias.
Finalmente, muchas Iglesias asignan grandes sumas de dinero y muchos años a la formación y preparación de su personal, tanto clerical como laical. Los pentecostales, por otro lado, tienen un pastor entrenado en unos pocos años.
Sabemos que nuestro mundo posmoderno ha demostrado su sed de la experiencia religiosa en todas sus variadas formas, a veces erradas. Es posible que el éxito actual del pentecostalismo y de muchos grupos carismáticos se explique, en gran parte, por su tendencia a acentuar la experiencia religiosa individual, vivencial con todos sus aspectos emocionales; una disposición presente también en las pequeñas comunidades de base. Aquí tenemos una dimensión pastoral que quizás requiere nuestra atención y reflexión en el futuro.
La reforma del siglo XVI entre otras cosas proclamó el sacerdocio de todos los creyentes, no obstante, la Iglesia, enfrentó el temor de la pérdida de uniformidad teológica y estructural (status quo) limitando el accionar de los laicos y creando involuntariamente una infinidad de congregaciones independientes que propician la libertad de los creyentes-laicos en el servicio a Dios y la Iglesia. Estas congregaciones, al crecer, se transforman en nuevas denominaciones.
Quizás los pentecostales encontraron un camino que permite liberar a los creyentes-laicos para que puedan utilizar todo su potencial.
Cabe mencionar, que los estadistas modernos de la Iglesia definen cuatro etapas de crecimiento y decaimiento de la Iglesia
1. Los “Bárbaros”: Son los que comienzan una obra nueva, sin dinero, pasando necesidades, sufriendo persecuciones, poniendo al Señor antes que todo. Hubieron muchos misioneros que hicieron esto viniendo de países lejanos.
2. Los “Administradores”: Son los que le siguen a los “Bárbaros”. Generalmente son los pastores que vienen a seguir la obra. Alguien que fue al seminario y que ya viene con un salario y comienza a organizar la Iglesia.
3. Los “Burócratas”: La Iglesia comienza a crecer numéricamente y económicamente, se hacen edificios, se emplean profesionales para dirigir distintos ministerios. En esta etapa, ya los puestos de la Iglesia son como empleos. Aunque se sigue con las actividades, pero sin pasión y la Iglesia es dirigida por una burocracia que es cada vez menos espiritual. Los pastores viajan, son admirados, pero la Iglesia entra en una meseta, no aumenta ni decrece.
4. Los “Aristócratas”: Este es el período cuando la Iglesia comienza a declinar. Los creyentes son gente buena, dadivosa, pero han perdido el celo evangelizador. Los dirigentes son admirados y respetados pero son aristócratas de la Iglesia. Eso no es malo, pero ya no produce.
Hoy en día hay menos “Bárbaros”. Se me ocurre que la manera de producir “Bárbaros” es propiciar el servicio y ministerio de los creyentes-laicos cuando están llenos de fuego; cuando no saben todavía las políticas de las denominaciones e iglesias, cuando leen el evangelio y los hechos de los apóstoles, lo creen y lo imitan.
Mi Testimonio Personal
Yo nací en un hogar evangélico. Nos reuníamos con mis padres en lo que fue la Primera Iglesia Pentecostal en Buenos Aires.
Para mi era una incomodidad ser pentecostal; como un peso y me decía “…que lastima que no soy como los demás vecinos, ellos pueden pecar, y hacer lo que quieren”. Mis padres eran rígidos y no me permitían.
A la edad de 13 años hice una decisión de aceptar a Jesucristo como mi salvador y me bautice. Muchos otros jóvenes amigos también lo hicieron y comenzamos a predicar en las calles acerca de Jesucristo.
Más adelante a mis 15 años de edad en una vigilia de oración recibí la experiencia del “bautismo en el Espíritu Santo” y comencé hablar en nuevas lenguas.
En aquellos años los grupos pentecostales eran minoritarios en Argentina. Yo fui enviado por mi Iglesia a colaborar en una congregación nueva en la zona del gran Buenos Aires (Billingursth). Predicábamos y la gente se convertía. Yo comencé siendo un “Bárbaro”.
Por otro lado mi padre que era Pastor, comenzó a relacionarme con hermanos y pastores de otras denominaciones. El, llego a ser parte de la FAIE en sus comienzos, como así también mantenía relación con algunos sacerdotes católicos.
En los primeros años de nuestra experiencia todo eso nos alejo un poco de los mismos pentecostales que no veían muy bien nuestro acercamiento con los católicos y otros hermanos que no tenían, según estos, lo que se llamaba el “evangelio completo”
Dios es maravilloso y tiene su agenda. Una de las cosas que aprendimos fue que Dios no es pentecostal evangélico tampoco es católico. Dios es santo. Dios es uno y El quiere un solo pueblo. San Pablo dice que nosotros estamos bautizados en el Espíritu justos para formar la unidad de la Iglesia. Un solo cuerpo. Este es el Espíritu Pentecostal, la iglesia indivisa.
Pentecostés es la revelación del Dios de las Naciones, conocido como el Salvador. Por lo tanto, esta es la experiencia del Bautismo en el Espíritu Santo: El don por la excelencia de la unidad de los cristianos. El don por la excelencia de la Iglesia unida, y ésta experiencia viene transversalmente vivida por todas las denominaciones cristianas: Protestantes, Ortodoxos, Católicos, es lógico que esta gracia del Espíritu Santo sea el vehículo de la unidad.
El ecumenismo basado en la justicia social, en la búsqueda de la paz, por cierto muestra gracia de Dios y es válido para las Iglesias, pero para los pentecostales el bautismo del Espíritu Santo es la gracia por excelencia, promueve un ecumenismo del Espíritu y recuerda a los cristianos que el Espíritu, es el soplo vital de la Iglesia, que su presencia activa y poderosa está siempre operante en la medida que se lo permita obrar.
Los hijos de una familia no son iguales, uno es mejor, el otro más díscolo, pero son todos hijos amados. Amamos a pesar de las diferencias y amamos con las diferencias. Aprender a ver la diversidad no necesariamente como una división. Vivir la diversidad con un corazón curado. Cristo fue a la cruz por el ecumenismo, por la unidad de sus discípulos.
Los pentecostales creen que la unidad de la iglesia es posible pero en una unidad del espíritu, no la unidad de escritorio.
El dialogo ecuménico tiene que ser intensificado debe ser llevado adelante con coraje con el testimonio de todos. Tenemos el duro y obstinado trabajo de juntar todas las hojas de las ramas rotas. Para que el árbol majestuoso de la iglesia que esta destruido por los rayos, la desunión, torne a ir más alto más hermoso, más fuerte.
Es necesario una reconciliación que tiene que ver con el destino de la Iglesia, ya que hubo un lenguaje impuesto en el pasado: herejes, hermanos separados, sectas, etc. Pero Dios tiene un proyecto: este proyecto se llama “Unidad”.
El Señor no tiene un harem. El señor no es polígamo. El tiene una sola esposa, una sola Iglesia.
La Iglesia tiene que ser una, aun en la diversidad y la diversidad tiene que venir con un corazón reconciliado y la reconciliación tiene que ver con una obra del Espíritu que está siendo derramado sobre todos los que le aman.
Que podamos trabajar en obediencia a la profecía del Salmo 50:5 “Juntadme mis santos, los que hicieron conmigo pacto con sacrificio”. Vale decir que este es tiempo de juntar, de unir a todos los que están comprometidos con nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien nos ha llamado a que se cumpla la oración de Jesús: “PARA QUE TODOS SEAN UNO, COMO TU, OH PADRE EN MI Y YO EN TI QUE TAMBIEN ELLOS SEAN UNO EN NOSOTROS, PARA QUE EL MUNDO CREA QUE TU ME ENVIASTE”
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Traducción e interpretación de las Escrituras.II
2. Las Traducciones
Si bien la fijación del texto hebreo y griego de la Biblia es importante, también lo es la traducción de estos textos. Esto siempre es difícil ya que intervienen diferentes factores: la propia formación del traductor, las diferencias de cultura y la necesidad de salvar la distancia en el tiempo, así como los interrogantes ante textos de sentido dudoso. Para hacerlo con la mayor fidelidad posible, es necesario aprovechar los conocimientos científicos actuales y las herramientas que han sido puestas a nuestra disposición. Sólo así seremos capaces de conseguir traducciones fidedignas en un lenguaje actual, asequible al público en general.
Estilos de traducción
En este empeño de dar la Biblia al mundo, nos encontramos con diferentes estilos de traducción. Por una parte están los que patrocinan una traducción de equivalencia formal, según la cual, dada su interpretación de inspiración verbal de la Biblia, se deben traducir las palabras, no las ideas. La aplicación de este principio de forma radical llevaría a un texto en muchas partes totalmente incomprensible. Frente a este estilo de traducción, está el que se aplica normalmente en las traducciones en lenguaje popular de las Sociedades Bíblicas Unidas, es decir, la equivalencia dinámica por la que se traducen más las ideas que las palabras. Este sistema de traducción tiene la ventaja de transmitir con más facilidad y claridad el mensaje bíblico, a costa de perder palabras concretas. Un equilibrio entre los dos estilos, presente en la frase “tan literal como sea posible, tan libre como sea necesario”, sería una opción válida, si se aplicara correctamente.
Las traducciones clásicas.
Asumir que las traducciones antiguas, acreditadas por su uso en la Iglesia durante siglos, sean mejores y se deben preferir a las modernas, con el argumento de que fueron hechas por hombres de fe probada, no se sostiene. No se pueden desautorizar sin más las traducciones modernas bajo el falso pretexto de que han sido hechas por biblistas liberales o de fe solamente nominal. A pesar de la importancia que tiene el hecho de que los traductores sean creyentes, la traducción de un texto, sea cual sea, es un trabajo secular para el que se requiere, sobre todo, conocimiento profundo de las lenguas y de la geografía e historia del período del texto a traducir.
Las traducciones interconfesionales
En las últimas décadas se ha dedicado tiempo y recursos para la traducción y difusión de las Biblias interconfesionales. Entre los protestantes siempre ha habido una cierta reticencia a aceptar traducciones hechas a partir de la colaboración entre protestantes y católicos. Por una parte está la cuestión de la presentación física de la Biblia. Estamos acostumbrados a ediciones de la Biblia en las que los versículos están separados entre sí y son fáciles de encontrar. Nos resulta extraño verla dividida solamente en párrafos, como cualquier libro secular, aunque es evidente que, para un lector profano, este sistema le es más asequible. También nos molesta que los libros del Antiguo Testamento estén en un orden diferente al que estamos acostumbrados, a pesar de que el orden tradicional nos viene, no de los textos hebreos, sino de la Septuaginta y la Vulgata. La tendencia en las traducciones modernas del Antiguo Testamento va en el sentido de abandonar nuestro ordentradicional, para adoptar la división judía de 1) Pentateuco (o Torá), 2) Profetas y 3) Escritos.
Sin embargo, lo que más nos afecta es la sospecha de que la traducción sea el resultado de un pacto entre confesiones para alcanzar un texto común. No se trata de esto. Las traducciones interconfesionales son las que más se ajustan al texto bíblico. Las que están hechas por una sola confesión tienen la tendencia a introducir en la traducción su propio lenguaje o el significado que más se ajusta a su manera de pensar. Cuando la traducción está hecha por un equipo interconfesional, siempre hay la posibilidad del diálogo y de la lícita confrontación de posibilidades. Las modernas Biblias interconfesionales tienen, como único objetivo, ser fieles al texto bíblico, sin dejarse influir por la propia confesión de la fe.
Las Biblias con notas
Otro punto de fricción en las ediciones bíblicas es la cuestión de las notas. Nuestra postura tradicional, no siempre seguida con rigidez1, ha sido publicar la Biblia sin notas. Esto fue siempre una legítima reacción al abuso, por parte de la Iglesia Católica, de las notas para introducir sus propias doctrinas. Sin embargo, esto se ha evitado en las Biblias Interconfesionales que limitan las notas a aclaraciones al texto, posibles variantes, referencias históricas y geográficas, etc. Nunca se entra, o no se pretende entrar, en cuestiones doctrinales. Una Biblia con notas de este tipo es una enorme ayuda para cualquier estudiante de la Biblia. Biblias con notas, como la protestante de Scofield o las antiguas traducciones católicas, deben ser miradas con recelo y leerse con espíritu crítico para no confundir lo que dice el texto bíblico con la interpretación que se le da en las notas.
Conclusión
La Biblia es el libro de los libros. Con casi 2000 años de existencia continúa siendo un bestseller. Para los cristianos es el libro indispensable para su vida devocional y para la Iglesia es el libro a predicar y difundir. Por tanto es de la máxima importancia que los cristianos estemos unidos en la traducción, producción y difusión de este libro que está en el centro de nuestra profesión cristiana. Hemos de estar agradecidos por el intenso trabajo que se está realizando en este campo. En los últimos años han aparecido traducciones interconfesionales en castellano, catalán y euskera. Ellas marcan una nueva época en las relaciones entre diferentes iglesias en la que somos capaces de encontrarnos y trabajar juntos en algo tan importante como la traducción, publicación y difusión de la Biblia. Creemos que en ella Dios nos habla y nos llama a la fidelidad y al encuentro con los demás, sin condiciones previas, sin compromisos prematuros, sin renunciar a ninguno de nuestros principios. Pero es seguro que si la Biblia está en el centro de nuestros encuentros, seremos movidos a avanzar hacia el centro de la vida y de la fe que es Cristo. La Biblia no nos enseña a anatematizar ni a condenar, sino a amar y servir. Para muchos cristianos, la sana doctrina es de importancia capital en las relaciones con otros cristianos. Lo entendemos. Cada uno se debe a la defensa de la fe tal como la ha recibido y la entiende, pero nadie debería sentirse autorizado a condenar a los demás. No nos predicamos a nosotros mismos ni buscamos nuestra gloria ni nuestro triunfo. Todo ad majorem Dei gloriam.
Enric Capó.
Si bien la fijación del texto hebreo y griego de la Biblia es importante, también lo es la traducción de estos textos. Esto siempre es difícil ya que intervienen diferentes factores: la propia formación del traductor, las diferencias de cultura y la necesidad de salvar la distancia en el tiempo, así como los interrogantes ante textos de sentido dudoso. Para hacerlo con la mayor fidelidad posible, es necesario aprovechar los conocimientos científicos actuales y las herramientas que han sido puestas a nuestra disposición. Sólo así seremos capaces de conseguir traducciones fidedignas en un lenguaje actual, asequible al público en general.
Estilos de traducción
En este empeño de dar la Biblia al mundo, nos encontramos con diferentes estilos de traducción. Por una parte están los que patrocinan una traducción de equivalencia formal, según la cual, dada su interpretación de inspiración verbal de la Biblia, se deben traducir las palabras, no las ideas. La aplicación de este principio de forma radical llevaría a un texto en muchas partes totalmente incomprensible. Frente a este estilo de traducción, está el que se aplica normalmente en las traducciones en lenguaje popular de las Sociedades Bíblicas Unidas, es decir, la equivalencia dinámica por la que se traducen más las ideas que las palabras. Este sistema de traducción tiene la ventaja de transmitir con más facilidad y claridad el mensaje bíblico, a costa de perder palabras concretas. Un equilibrio entre los dos estilos, presente en la frase “tan literal como sea posible, tan libre como sea necesario”, sería una opción válida, si se aplicara correctamente.
Las traducciones clásicas.
Asumir que las traducciones antiguas, acreditadas por su uso en la Iglesia durante siglos, sean mejores y se deben preferir a las modernas, con el argumento de que fueron hechas por hombres de fe probada, no se sostiene. No se pueden desautorizar sin más las traducciones modernas bajo el falso pretexto de que han sido hechas por biblistas liberales o de fe solamente nominal. A pesar de la importancia que tiene el hecho de que los traductores sean creyentes, la traducción de un texto, sea cual sea, es un trabajo secular para el que se requiere, sobre todo, conocimiento profundo de las lenguas y de la geografía e historia del período del texto a traducir.
Las traducciones interconfesionales
En las últimas décadas se ha dedicado tiempo y recursos para la traducción y difusión de las Biblias interconfesionales. Entre los protestantes siempre ha habido una cierta reticencia a aceptar traducciones hechas a partir de la colaboración entre protestantes y católicos. Por una parte está la cuestión de la presentación física de la Biblia. Estamos acostumbrados a ediciones de la Biblia en las que los versículos están separados entre sí y son fáciles de encontrar. Nos resulta extraño verla dividida solamente en párrafos, como cualquier libro secular, aunque es evidente que, para un lector profano, este sistema le es más asequible. También nos molesta que los libros del Antiguo Testamento estén en un orden diferente al que estamos acostumbrados, a pesar de que el orden tradicional nos viene, no de los textos hebreos, sino de la Septuaginta y la Vulgata. La tendencia en las traducciones modernas del Antiguo Testamento va en el sentido de abandonar nuestro ordentradicional, para adoptar la división judía de 1) Pentateuco (o Torá), 2) Profetas y 3) Escritos.
Sin embargo, lo que más nos afecta es la sospecha de que la traducción sea el resultado de un pacto entre confesiones para alcanzar un texto común. No se trata de esto. Las traducciones interconfesionales son las que más se ajustan al texto bíblico. Las que están hechas por una sola confesión tienen la tendencia a introducir en la traducción su propio lenguaje o el significado que más se ajusta a su manera de pensar. Cuando la traducción está hecha por un equipo interconfesional, siempre hay la posibilidad del diálogo y de la lícita confrontación de posibilidades. Las modernas Biblias interconfesionales tienen, como único objetivo, ser fieles al texto bíblico, sin dejarse influir por la propia confesión de la fe.
Las Biblias con notas
Otro punto de fricción en las ediciones bíblicas es la cuestión de las notas. Nuestra postura tradicional, no siempre seguida con rigidez1, ha sido publicar la Biblia sin notas. Esto fue siempre una legítima reacción al abuso, por parte de la Iglesia Católica, de las notas para introducir sus propias doctrinas. Sin embargo, esto se ha evitado en las Biblias Interconfesionales que limitan las notas a aclaraciones al texto, posibles variantes, referencias históricas y geográficas, etc. Nunca se entra, o no se pretende entrar, en cuestiones doctrinales. Una Biblia con notas de este tipo es una enorme ayuda para cualquier estudiante de la Biblia. Biblias con notas, como la protestante de Scofield o las antiguas traducciones católicas, deben ser miradas con recelo y leerse con espíritu crítico para no confundir lo que dice el texto bíblico con la interpretación que se le da en las notas.
Conclusión
La Biblia es el libro de los libros. Con casi 2000 años de existencia continúa siendo un bestseller. Para los cristianos es el libro indispensable para su vida devocional y para la Iglesia es el libro a predicar y difundir. Por tanto es de la máxima importancia que los cristianos estemos unidos en la traducción, producción y difusión de este libro que está en el centro de nuestra profesión cristiana. Hemos de estar agradecidos por el intenso trabajo que se está realizando en este campo. En los últimos años han aparecido traducciones interconfesionales en castellano, catalán y euskera. Ellas marcan una nueva época en las relaciones entre diferentes iglesias en la que somos capaces de encontrarnos y trabajar juntos en algo tan importante como la traducción, publicación y difusión de la Biblia. Creemos que en ella Dios nos habla y nos llama a la fidelidad y al encuentro con los demás, sin condiciones previas, sin compromisos prematuros, sin renunciar a ninguno de nuestros principios. Pero es seguro que si la Biblia está en el centro de nuestros encuentros, seremos movidos a avanzar hacia el centro de la vida y de la fe que es Cristo. La Biblia no nos enseña a anatematizar ni a condenar, sino a amar y servir. Para muchos cristianos, la sana doctrina es de importancia capital en las relaciones con otros cristianos. Lo entendemos. Cada uno se debe a la defensa de la fe tal como la ha recibido y la entiende, pero nadie debería sentirse autorizado a condenar a los demás. No nos predicamos a nosotros mismos ni buscamos nuestra gloria ni nuestro triunfo. Todo ad majorem Dei gloriam.
Enric Capó.
Traducción e interpretación de las Escrituras. I
I. El texto de la Biblia
Afirmamos y defendemos que la Biblia es Palabra de Dios. Afirmamos y defendemos que en ella Dios se nos revela y nos muestra el camino de la salvación y de la vida. Afirmamos y defendemos que la Biblia es de libre interpretación, lo que significa que su comprensión no está sujeta a ninguna autoridad religiosa. Ha sido dada al hombre por Dios para que, a través de su estudio y meditación, le conozca, le ame y le sirva.
Para nosotros, esto está claro y, cuando hablamos de la Biblia, hacemos referencia a un libro concreto que está en nuestras librerías y que usamos tanto en nuestras iglesias como en nuestra vida devocional. Pero la Biblia no es un libro caído del cielo que haya llegado hasta nosotros como un todo homogéneo. Es un libro que ha sido escrito por hombres inspirados a lo largo de muchos siglos, en diferentes lenguas y en contextos sociales y culturales muy distintos. Tiene una larga historia que hemos de conocer si queremos entenderla.
El Antiguo Testamento fue escrito en hebreo y nos ha llegado por medio del pueblo judío y a través de muchos manuscritos. El texto que tradicionalmente ha sido usado como base para las traducciones modernas es el llamado masorético, a partir del trabajo de fijación hecho por los masoretas, entre los siglos VIII y X de nuestra era. Actualmente, los traductores usan la Biblia Hebraica Stuttgartensia, que viene a ser una edición crítica del texto masorético, generalmente aceptada tanto por cristianos como por judíos.
Por lo que se refiere al Nuevo Testamento, fue escrito en el griego común de la época. Tampoco nos ha llegado como un todo acabado, sino a través de innumerables manuscritos, completos o parciales, que no tienen una antigüedad superior al siglo III. Entre estos cientos de manuscritos hay numerosas diferencias y errores, producidos por copistas poco meticulosos o por correcciones intencionadas que, sin embargo, no afectan en absoluto el mensaje central de la Biblia. De todas formas, esto nos obliga a realizar un estudio minucioso de todos ellos, comparándolos entre si, a fin de encontrar la lectura que pueda llegar a ser considerada auténtica o lo más cercana posible a los originales que se han perdido.
Las ediciones del texto
Un intento serio de encontrar un texto definitivo que pudiera ser base para las traducciones del Nuevo Testamento a las lenguas modernas, lo realizó Erasmo de Rotterdam. Lo hizo a partir de unos pocos manuscritos que tuvo a su disposición, ninguno de ellos anterior al siglo X. En 1516 publicó el resultado de su trabajo del que se hicieron muchas ediciones. Con el tiempo, y a través de la edición de 1633 hecha por los hermanos Buenaventura y Abraham Elzevir, recibió el nombre de “Textus Receptus”. Este texto fue el que sirvió de base a las traducciones bíblicas posteriores, desde el siglo XVI al siglo XIX. Por ejemplo, Lutero lo usó para su traducción al alemán y nuestra Biblia Reina-Valera también se tradujo a partir de esta compilación de Erasmo.
Sin embargo, el avance de los estudios bíblicos en el siglo XX, ha hecho que el Textus Receptus haya quedado desfasado. Ha habido un trabajo muy minucioso por parte de especialistas que han comparado los manuscritos entre si y esto ha hecho posible que las Sociedades Bíblicas Unidas hayan publicado importantes ediciones críticas del Nuevo Testamento griego. En ellas se tiene en cuenta, no sólo los manuscritos que usó Erasmo, sino otros mucho más antiguos, tanto los fragmentos contenidos en los papiros de los siglos III y IV, como los grandes unciales del siglo IV y V entre los que se encuentran el Sinaítico (a)), el Alejandrino (A) y el Vaticano (B). Este texto crítico, editado en las últimas décadas por Kurt Aland y otros especialistas bíblicos, es la mejor herramienta para las traducciones actuales del Nuevo Testamento. En él se encuentra un extenso aparato crítico que permite al traductor comparar variantes y encontrar, con mayor facilidad y fidelidad, el sentido del texto.
La gran mayoría de las traducciones modernas de la Biblia se hacen actualmente a partir de este texto crítico de las Sociedades Bíblicas Unidas. Así lo han hecho los traductores de la Biblia al catalán publicada por la Institució Bíblica Evangèlica de Catalunya1, y los de las modernas Biblias interconfesionales, tanto al castellano como al catalán.2 Una excepción a esta norma la representa la Sociedad Bíblica Trinitaria, que ha sacralizado el Textus Receptus, poniéndolo como base de todas sus traducciones, a pesar de sus errores evidentes. Esta Sociedad Bíblica Trinitaria también ha sacralizado el texto de la King James Version y, en español, de la versión Reina-Valera de 1909 y, si al final se ha decido a revisarla, lo ha hecho con la salvaguarda de que sus rectificaciones sólo se refieren a cuestiones lingüísticas. En 2009 publicó una nueva versión de la Biblia en catalán, hecha a partir del texto Masorético para el Antiguo Testamento, y el Textus Receptus para el Nuevo. 3
No creo que, para los cristianos de base, las diferencias entre el Textus Receptus y la edición crítica de las Sociedades Bíblicas, sean de importancia capital, ya que las variantes que se pueden encontrar no afectan en absoluto al mensaje central de le Biblia. Sin embargo, creo que no es de recibo que los cristianos nos anclemos en el pasado y sacralicemos algunos textos o traducciones porque se ajustan a nuestras propia ideología. Se puede preferir traducir el Nuevo Testamento a partir del Textus Receptus o hacerlo usando la edición crítica de las Sociedades Bíblica Unidas, sin por esto denunciar como corruptas otras opciones. Juzgar las traducciones bíblicas por quien las ha hecho o por su fidelidad al Textus Receptus o a la King James Version, como hace la Sociedad Bíblica Trinitaria, es cerrarse a la investigación bíblica, negándose a aceptar los errores propios o los aciertos de los demás. El cristiano ha de estar siempre abierto a la verdad o realidad de las cosas; abierto a los nuevos descubrimientos o investigaciones en este campo del texto bíblico. Erasmo hizo un trabajo inestimable al publicar el texto del Nuevo Testamento griego, pero él sólo pudo disponer de unos pocos manuscritos, mientras que, desde entonces, se han descubierto muchos más. Por ejemplo, sólo dispuso de una copia griega del Apocalipsis, al que le faltaba la última hoja. Esto le obligó a traducir los últimos versículos de este libro del latín al griego, introduciendo en 22,19 una lectura que no tiene apoyo en los manuscritos griegos4. Otro error que entró en el Textus Receptus de la 3ª edición, fue la coma juanina , o sea, la interpolación de 1ª Juan 5.7, al parecer por presiones eclesiales. 5
El texto original
Hemos de reconocer que no tenemos los textos originales, que se han perdido definitivamente, y que es importante tratar de encontrarlos a través del estudio y comparación de los manuscritos que han llegado hasta nosotros. Esto es una tarea ingente por la gran cantidad de manuscritos y de variantes que se han de estudiar. A través del Textus Receptus y del aparato crítico de las ediciones de las Sociedades Bíblica Unidas tenemos acceso a toda la información disponible para acercarnos cada vez más al contenido de los originales bíblicos. Por tanto, para la traducción y la interpretación de la Biblia es muy importante que tengamos esta mentalidad abierta a los resultados de la investigación bíblica, sin con esto quedar condicionados por ellos. Nadie tiene la verdad absoluta, pero es fascinante ir avanzando en este campo hacia una comprensión cada vez más plena del libro que llamamos Palabra de Dios.
Enric Capó
1 La Bíblia del 2000. Institució Bíblica de Catalunya. Barcelona Maig 2000.
2 Biblia Traducción Interconfesional. Madrid 2008. Biblioteca de Autores Cristianos, Editorial Verbo Divino y Sociedades Bíblicas Unidas.
Biblia Catalana traducció interconfessional. Barcelona 2005. Associació Bíblica de Catalunya, Editorial Claret i Societats Bíbliques Unides.
3 La Santa Biblia. Londres 2009.
4 En lugar de “el árbol de la vida” incluyó “el libro de la vida”.
5 En las dos primeras ediciones de su texto, Erasmo se negó a incluir la coma juanina, alegando que no se encontraba en ningún texto griego. Lo incluiría sólo si le mostraban uno solo que lo contuviera. El manuscrito que le presentaron y que le obligó a incluir la coma juanina en la tercera edición, al parecer fue elaborado para este propio fin por personajes ajenos a él.
Enric Capó.
Afirmamos y defendemos que la Biblia es Palabra de Dios. Afirmamos y defendemos que en ella Dios se nos revela y nos muestra el camino de la salvación y de la vida. Afirmamos y defendemos que la Biblia es de libre interpretación, lo que significa que su comprensión no está sujeta a ninguna autoridad religiosa. Ha sido dada al hombre por Dios para que, a través de su estudio y meditación, le conozca, le ame y le sirva.
Para nosotros, esto está claro y, cuando hablamos de la Biblia, hacemos referencia a un libro concreto que está en nuestras librerías y que usamos tanto en nuestras iglesias como en nuestra vida devocional. Pero la Biblia no es un libro caído del cielo que haya llegado hasta nosotros como un todo homogéneo. Es un libro que ha sido escrito por hombres inspirados a lo largo de muchos siglos, en diferentes lenguas y en contextos sociales y culturales muy distintos. Tiene una larga historia que hemos de conocer si queremos entenderla.
El Antiguo Testamento fue escrito en hebreo y nos ha llegado por medio del pueblo judío y a través de muchos manuscritos. El texto que tradicionalmente ha sido usado como base para las traducciones modernas es el llamado masorético, a partir del trabajo de fijación hecho por los masoretas, entre los siglos VIII y X de nuestra era. Actualmente, los traductores usan la Biblia Hebraica Stuttgartensia, que viene a ser una edición crítica del texto masorético, generalmente aceptada tanto por cristianos como por judíos.
Por lo que se refiere al Nuevo Testamento, fue escrito en el griego común de la época. Tampoco nos ha llegado como un todo acabado, sino a través de innumerables manuscritos, completos o parciales, que no tienen una antigüedad superior al siglo III. Entre estos cientos de manuscritos hay numerosas diferencias y errores, producidos por copistas poco meticulosos o por correcciones intencionadas que, sin embargo, no afectan en absoluto el mensaje central de la Biblia. De todas formas, esto nos obliga a realizar un estudio minucioso de todos ellos, comparándolos entre si, a fin de encontrar la lectura que pueda llegar a ser considerada auténtica o lo más cercana posible a los originales que se han perdido.
Las ediciones del texto
Un intento serio de encontrar un texto definitivo que pudiera ser base para las traducciones del Nuevo Testamento a las lenguas modernas, lo realizó Erasmo de Rotterdam. Lo hizo a partir de unos pocos manuscritos que tuvo a su disposición, ninguno de ellos anterior al siglo X. En 1516 publicó el resultado de su trabajo del que se hicieron muchas ediciones. Con el tiempo, y a través de la edición de 1633 hecha por los hermanos Buenaventura y Abraham Elzevir, recibió el nombre de “Textus Receptus”. Este texto fue el que sirvió de base a las traducciones bíblicas posteriores, desde el siglo XVI al siglo XIX. Por ejemplo, Lutero lo usó para su traducción al alemán y nuestra Biblia Reina-Valera también se tradujo a partir de esta compilación de Erasmo.
Sin embargo, el avance de los estudios bíblicos en el siglo XX, ha hecho que el Textus Receptus haya quedado desfasado. Ha habido un trabajo muy minucioso por parte de especialistas que han comparado los manuscritos entre si y esto ha hecho posible que las Sociedades Bíblicas Unidas hayan publicado importantes ediciones críticas del Nuevo Testamento griego. En ellas se tiene en cuenta, no sólo los manuscritos que usó Erasmo, sino otros mucho más antiguos, tanto los fragmentos contenidos en los papiros de los siglos III y IV, como los grandes unciales del siglo IV y V entre los que se encuentran el Sinaítico (a)), el Alejandrino (A) y el Vaticano (B). Este texto crítico, editado en las últimas décadas por Kurt Aland y otros especialistas bíblicos, es la mejor herramienta para las traducciones actuales del Nuevo Testamento. En él se encuentra un extenso aparato crítico que permite al traductor comparar variantes y encontrar, con mayor facilidad y fidelidad, el sentido del texto.
La gran mayoría de las traducciones modernas de la Biblia se hacen actualmente a partir de este texto crítico de las Sociedades Bíblicas Unidas. Así lo han hecho los traductores de la Biblia al catalán publicada por la Institució Bíblica Evangèlica de Catalunya1, y los de las modernas Biblias interconfesionales, tanto al castellano como al catalán.2 Una excepción a esta norma la representa la Sociedad Bíblica Trinitaria, que ha sacralizado el Textus Receptus, poniéndolo como base de todas sus traducciones, a pesar de sus errores evidentes. Esta Sociedad Bíblica Trinitaria también ha sacralizado el texto de la King James Version y, en español, de la versión Reina-Valera de 1909 y, si al final se ha decido a revisarla, lo ha hecho con la salvaguarda de que sus rectificaciones sólo se refieren a cuestiones lingüísticas. En 2009 publicó una nueva versión de la Biblia en catalán, hecha a partir del texto Masorético para el Antiguo Testamento, y el Textus Receptus para el Nuevo. 3
No creo que, para los cristianos de base, las diferencias entre el Textus Receptus y la edición crítica de las Sociedades Bíblicas, sean de importancia capital, ya que las variantes que se pueden encontrar no afectan en absoluto al mensaje central de le Biblia. Sin embargo, creo que no es de recibo que los cristianos nos anclemos en el pasado y sacralicemos algunos textos o traducciones porque se ajustan a nuestras propia ideología. Se puede preferir traducir el Nuevo Testamento a partir del Textus Receptus o hacerlo usando la edición crítica de las Sociedades Bíblica Unidas, sin por esto denunciar como corruptas otras opciones. Juzgar las traducciones bíblicas por quien las ha hecho o por su fidelidad al Textus Receptus o a la King James Version, como hace la Sociedad Bíblica Trinitaria, es cerrarse a la investigación bíblica, negándose a aceptar los errores propios o los aciertos de los demás. El cristiano ha de estar siempre abierto a la verdad o realidad de las cosas; abierto a los nuevos descubrimientos o investigaciones en este campo del texto bíblico. Erasmo hizo un trabajo inestimable al publicar el texto del Nuevo Testamento griego, pero él sólo pudo disponer de unos pocos manuscritos, mientras que, desde entonces, se han descubierto muchos más. Por ejemplo, sólo dispuso de una copia griega del Apocalipsis, al que le faltaba la última hoja. Esto le obligó a traducir los últimos versículos de este libro del latín al griego, introduciendo en 22,19 una lectura que no tiene apoyo en los manuscritos griegos4. Otro error que entró en el Textus Receptus de la 3ª edición, fue la coma juanina , o sea, la interpolación de 1ª Juan 5.7, al parecer por presiones eclesiales. 5
El texto original
Hemos de reconocer que no tenemos los textos originales, que se han perdido definitivamente, y que es importante tratar de encontrarlos a través del estudio y comparación de los manuscritos que han llegado hasta nosotros. Esto es una tarea ingente por la gran cantidad de manuscritos y de variantes que se han de estudiar. A través del Textus Receptus y del aparato crítico de las ediciones de las Sociedades Bíblica Unidas tenemos acceso a toda la información disponible para acercarnos cada vez más al contenido de los originales bíblicos. Por tanto, para la traducción y la interpretación de la Biblia es muy importante que tengamos esta mentalidad abierta a los resultados de la investigación bíblica, sin con esto quedar condicionados por ellos. Nadie tiene la verdad absoluta, pero es fascinante ir avanzando en este campo hacia una comprensión cada vez más plena del libro que llamamos Palabra de Dios.
Enric Capó
1 La Bíblia del 2000. Institució Bíblica de Catalunya. Barcelona Maig 2000.
2 Biblia Traducción Interconfesional. Madrid 2008. Biblioteca de Autores Cristianos, Editorial Verbo Divino y Sociedades Bíblicas Unidas.
Biblia Catalana traducció interconfessional. Barcelona 2005. Associació Bíblica de Catalunya, Editorial Claret i Societats Bíbliques Unides.
3 La Santa Biblia. Londres 2009.
4 En lugar de “el árbol de la vida” incluyó “el libro de la vida”.
5 En las dos primeras ediciones de su texto, Erasmo se negó a incluir la coma juanina, alegando que no se encontraba en ningún texto griego. Lo incluiría sólo si le mostraban uno solo que lo contuviera. El manuscrito que le presentaron y que le obligó a incluir la coma juanina en la tercera edición, al parecer fue elaborado para este propio fin por personajes ajenos a él.
Enric Capó.
martes, 14 de diciembre de 2010
Las vacas flacas.

Un número creciente de congregaciones protestantes han visto a sus colectas dominicales cayendo domingo tras domingo este año, según una encuesta realizada por LifeWay Research sobre la salud económica de las iglesias. Los pastores culpa al alto desempleo en el país y a la disminución de ofrendas en los miembros.
A fin de año el panorama es el siguiente: las iglesias han despedido personal contratado, los salarios han sido congelados, los grandes proyectos que requerían dinero han salido de las agendas y se han recortado los programas de ayuda. Al mismo tiempo, varios de los miembros de estas congregaciones y los vecinos de las iglesias están pidiendo ayuda ya sea en alimentos como para pagar los alquileres.
Alrededor de la mitad de los estadounidenses se identifican como protestantes, según el Foro Pew sobre Religión y Vida Pública. Y más de un tercio de las iglesias encuestadas, indicó que las donaciones se redujo en 2010, y las donaciones en general bajaron un 3%, de acuerdo con LifeWay Research, una organización cristiana de investigación con sede en Nashville. Eso es un cambio de tendencia de los últimos dos años, cuando las iglesias habían estado en su mayoría a prueba de crisis, dijo Scott McConnell, director de LifeWay.
Para su estudio, LifeWay encuestó a 1.000 pastores protestantes en todo el país. Treinta y cuatro por ciento dijo que las donaciones se redujeron. Casi uno de cada cinco iglesias dijo que las ofrendas se habían reducido en un 10%.
En lugar de dar dinero a la iglesia, los miembros de las mismas están dando ayuda a sus hijos o a sus nietos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)