jueves, 4 de julio de 2013

La locura de Dios.

Éste es un homenaje a los locos; a los inadaptados; a los rebeldes; a los alborotadores; a las fichas redondas en los espacios cuadrados; a los que ven las cosas de una forma diferente. A todos ellos no les gustan las reglas porque sí, y no sienten ningún respeto por el statu quo. Puedes citarlos, discrepar con ellos, glorificarlos o vilipendiarlos. Casi lo único que no puedes hacer es ignorarlos. Porque ellos cambian las cosas. Son los que hacen avanzar a la especie humana. Unos los ven como locos; otros vemos su genio. Porque las personas que están lo suficientemente locas como para pensar que pueden cambiar el mundo... son quienes lo cambian.
Ese texto compendiaba la campaña de publicidad que defendió Steve Jobs en su regreso a Apple. Esta filosofía de vida salvó de una inminente quiebra a la hoy más popular empresa de informática. Se tituló “Piensa diferente”. Jobs mismo fue considerado un loco por muchos. La vida demostró que tenía razón.
El cristianismo, en su inicio, fue considerado una locura. Es de locos pensar que Dios se encarnó en un hombre (hoy quizá lo hubiera hecho, por qué no, en una mujer). Es de locos aceptar que, a pesar de su autoridad sobre el universo, prefirió morir por los rebeldes a controlar la rebelión a base de opresión y de miedo. Es de locos creer que, una vez decidida la encarnación, escogió hacerlo en un hombre que sería ridiculizado, maltratado y ajusticiado por los poderes civiles y religiosos, en vez de hacerlo en un caudillo que conquistase por la fuerza el territorio arrebatado por el mal. Es de locos admitir que la verdadera fuerza de Dios, que es el amor, se manifiesta de forma incondicional, sin tener en cuenta la reacción humana, por mucho que ésta lo excluya de sus prioridades. Es de locos predicar a un Dios que se debilita voluntariamente a sí mismo, y que renuncia a su poder en aras de la libertad humana. Es de locos identificar a Dios con los pobres, excluidos, maltratados y escarnecidos de la tierra. Es de locos relacionarse con un Dios que ruega en vez de exigir; que ofrece en vez de arrebatar; que propone en vez de imponer; que sirve en vez de presidir.

Éste es el Dios de Jesús: una auténtica locura para la razón humana, que desafía nuestros paradigmas de poder y dominación, y los somete a una profunda revisión. Es una locura porque la conversión a este Dios sitúa al creyente en una incomodidad extraordinaria, pues es animado a seguir su ejemplo. Los evangelios llaman a esta conversión “negarse a sí mismo, y cargar la cruz de cada uno”. Y a fe que es negación y cruz. Pero de una forma misteriosa, Dios es capaz de generar alegría y paz en ellas, felicidad y satisfacción existencial. Servir a los demás como Dios nos ha servido: la demencia del evangelio de los cristianos. Y si el cristianismo que predicamos no se considera hoy una locura, es que estamos haciendo muy mal las cosas; es que nos hemos anquilosado, asimilado, prostituido.
A gente contagiada por la locura de Dios se la puede vilipendiar, oprimir y hasta crucificar; pero no se la puede ignorar. Y pueden cambiar el mundo. Son la sal en una sociedad hastiada de su propia sosedad; la levadura que hace comestible una masa indigerible; la luz que desafía a la oscuridad, por densa que ésta sea. Son, como todos los discípulos de Jesús terminaron sabiendo, los locos de un Dios locamente enamorado de sus criaturas (Juan 3, 16). Responder y expandir este amor es la tarea de los cristianos. A esto son llamados. Todo un reto. Ni más, ni menos.


Juán Ramón Junquera Vitas

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