jueves, 6 de noviembre de 2014

¿Que significa ser evangélico?


Me confieso. Soy evangélico y me cuesta reconocerlo.. Es probable que cuando usted escucha esa palabra le genere una sensación de animosidad. Tal vez le genere indiferencia. Puede ser que mientras está leyendo estas primeras líneas lo haga con cierta desconfianza. Los motivos pueden estar totalmente justificados.
Por mucho tiempo hemos contribuido a formar en las personas una imagen estereotipada de lo que es ser evangélico que en más de alguno produce rechazo. Quizás no sea tan así y tengas una percepción más positiva.
Lo cierto es que en la mayoría de los casos, cuando decimos “evangélico” nos imaginamos a personas que cada domingo, sea por la mañana o en la tarde, caminan por fuera de nuestra casa en dirección a un punto de encuentro llamado “templo”. Sea con frío o con calor, los hombres visten de terno y corbata, mientras que las mujeres vestidos y pelo alargado. Generalmente, llevan en su brazo una Biblia y otro libro más pequeño llamado himnario. Es probable que en más de una oportunidad te encontraras con un grupo parado en una esquina hablando a viva voz del cielo, el infierno, pecado, pecadores, salvación y arrepentimiento. Quizás escuchaste palabras e imágenes lingüísticas que no entendiste como amén, aleluya, vil, “cordero santo” entre otras.
Esta descripción que hemos hecho corresponde a los hábitos de muchos “evangélicos” de hoy en día, sin embargo, ser evangélico no tiene absolutamente nada que ver con eso. Ser evangélico es creer y vivir plenamente el proyecto de Dios para los seres humanos.
Hace dos mil años atrás, un hombre llamado Jesús de Nazareth, decidió compartir a sus coterráneos un evangelio, es decir, una buena noticia. Jesús comenzó a hablarles a los demás de que el Reino de Dios estaba cerca y que debían arrepentirse. ¿Qué quería decir Jesús con estas palabras?
Con estas palabras Jesús estaba declarando lo siguiente: Dios desde la creación del mundo ha tenido un sueño. Dios siempre ha soñado con que el hombre y la mujer vivan plenamente como si vivieran en un paraíso. Dios siempre ha querido erradicar de nuestro mundo la violencia, el odio, las guerras, la miseria, la pobreza, las injusticias, las opresiones, las enfermedades, etc. Todo aquello que conduce la muerte. Bueno, queridos compatriotas, ahora esto es posible, porque Dios ha comenzado ya a hacer realidad su sueño. Por lo tanto, lo que debemos hacer es dejar de hacer todas estas cosas, aceptar y experimentar el sueño de Dios en nuestras vidas.
Jesús no sólo habló de esta buena noticia, sino que, toda su vida la dedico a demostrar con hechos de que el sueño de Dios era posible. Para ello formó un pequeño grupo de discípulos destinados a vivenciar el sueño de Dios en sus vidas. La forma de hacer patente la realidad del sueño de Dios era bastante sencilla y radical. Si en el mundo existe violencia, Jesús y sus seguidores optaron por una vida regida por la paz. Si en el mundo existe injusticia, las relaciones sociales de la comunidad de discípulos apuntaban hacia la justicia. Si en el mundo existe pobreza, la comunidad de discípulos de Jesús compartía sus bienes como una forma de erradicar la pobreza. Si en el mundo impera la exclusión, la comunidad de discípulos era inclusiva. Si en el mundo lo que impera son las relaciones entorno al poder, la comunidad era una comunidad servidora.
En definitiva, podemos decir que la comunidad de discípulos de Jesús era una comunidad evangélica. Esto es porque era una comunidad que había creído y vivía la buena noticia (evangelio) que Jesús de Nazareth había compartido con ellos.
Hubo muchos que no creyeron la buena noticia de Jesús. En su mayoría eran quienes se sentían perjudicados con la noticia de Jesús. Es decir, gente poderosa que no quiso renunciar a su condición de poderosos y dominadores. Por eso es que decidieron matar a Jesús. Sin embargo, a luz de las fe en Dios, estos discípulos experimentaron en sus vidas algo asombroso; Dios había resucitado a Jesús. La buena noticia era real y posible, porque Dios estaba tan comprometido con la realización de su sueño que no había permitido que la violencia y la muerte vencieran sobre Jesús.
Ser evangélico, significa creer y experimentar la buena noticia proclamada por Jesús. Es creer que Dios continúa llevando a cabo la realización de su sueño en el presente. Es pertenecer a una comunidad de discípulos que experimentan en sus vidas el sueño de Dios, tanto para hombre como para mujeres. Es cierto, aún no se ha concretado plenamente, sin embargo, pronto lo estará. Pero eso no significa no hacer nada, al contrario, significa comenzar a vivir ya la realización del sueño de Dios. Esa es la esencia de la conversión.
Ser evangélico no es el estereotipo que se ha impuesto socialmente, sino que el evangélico es y será quien crea y encarne el proyecto de Dios en su vida. Tú puedes ser una persona católica, protestante u ortodoxa, y ser evangélico porque crees y vives el sueño de Dios. Puedes no practicar una religión tradicional, y sin embargo, creer y experimentar el sueño de Dios para el ser humano.
Debo reconocer que también hay personas que dicen ser “evangélicos”, tener una “tradición evangélica” y creer en Jesús, pero en la realidad, no experimentar la buena noticia de Jesús. Muchos creen que el cristianismo se compone de un conjunto de dogmas y creencias, sin embargo, ser cristiano y ser evangélico es un estilo de vida que encarna el sueño de Dios.
Cuando digo que soy evangélico me gustaría que las personas se imaginaran a una persona que cree y vive la buena noticia de Jesús. No quiero que se imaginen a un loco que viste de traje, vocifera y manda a las personas al infierno.
Ojala que todos algún día viéramos que la buena noticia de Jesús es posible. Ojala que todos algún día pudiéramos creer que el sueño de Dios se está llevando a cabo. Nuestro mundo sería cada vez más como un paraíso, podríamos vivir una vida más plena y seríamos un poco más felices. Seríamos evangélicos en el correcto sentido de la palabra.
Edgardo Andres.

sábado, 1 de noviembre de 2014

¿Y sí el segundo libro de Lucas fuera un espejo?


Apuntes para leer Hechos 11: 1-18

Con esto se cierra este importantísimo relato que narra cómo fue que la Iglesia comenzó a abrir su mensaje de salvación a los paganos y a partir de ahí, a tod el mundo. Recordemos que tanto Pedro como Cornelio tuvieron una visión y esto motivó su encuentro, el discurso de Pedro y que Cornelio y que los suyos recibieran el Espíritu Santo y posteriormente fueran bautizados en el nombre de Jesús (ver Hch 10, 1-48). Ahora Lucas cuenta lo que sucedió cuando Pedro volvió a Jerusalén después de
haberse quedado varios días en casa de Cornelio.

11, 1

los apóstoles: Como ya se comentaba en Hch 8,14 los apóstoles están muy pendientes de lo que sucede en todas las comunidades, y así como de inmediato se enteraron de la conversión de los samaritanos (ver Hch 8, 14) ahora se han enterado de lo sucedido con los gentiles (es decir, con los paganos).

y los hermanos que había por Judea: "No eran simplemente judíos, sino cristianos procedentes del judaísmo aunque habían creído en Cristo y sido bautizados, conservaban un especial apego a las instituciones establecidas por Moisés, tipificadas por la circuncisión, pero que comprendían así mismo los preceptos y observancias relativas a la impureza legal que se contraía por el contacto con ciertas cosas y personas. Diríamos que en esto estaban más cercanos a los fariseos que a Jesús.

oyeron que también los gentiles habían aceptado la Palabra de Dios. Esta noticia provoca una enorme sorpresa entre los apóstoles y los miembros de la primera comunidad cristiana. Acostumbrados como están a ver a los gentiles como gente muy ajena a ellos, gente que no adora al Verdadero Dios, que no pertenee al pueblo elegido, cuyos hombres no están circuncidados, les inquieta y extraña que estas personas hayan aceptado la Palabra de Dios. Para colmo no hay que olvidar que entre estos 'gentiles' hay romanos, es decir, gente que pertenece al imperio que tiene dominados a los judíos y que por lo mismo no suele gozar de simpatías entre éstos.

11, 2

se lo reprochaban: Algo bueno puede decirse de esta mala actitud: que expresan lo que sienten, que no se ponen a cuchichear a espaldas de Pedro. Saben que es el líder y sin embargo tienen el valor de quejarse de él en su cara. Expresarle lo que creen que está mal para darle oportunidad de explicarles, para propiciar el diálogo. ¡Ojalá a lo largo de toda la historia de la Iglesia los cristianos hubieran procedido siempre  así! Desgraciadamente en muchas ocasiones el desacuerdo de algunos produjo una separación violenta de nefastas consecuencias que todavía hoy padecemos.

has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos: Recordemos que el propio Pedro ha reconocido que 'a un judío no le está permitido juntarse con un extranjero ni entrar en su casa' (Hch 10, 28). Como ya se ha comentado esta prohibición tenía su origen en un intento de preservar al pueblo judío de contaminarse con las costumbres de los pueblos paganos entre los cuales vivía.
La prohibición de comer lo que ellos comían, entrar en sus casas, tener tratos con ellos, etc. aseguraba que los judíos conservaran sus tradiciones sin que éstas se mezclaran con costumbres paganas. Sin embargo, en tiempos de Jesús esto había llegado ya a un extremo tal que
más que otra cosa propiciaba la discriminación contra los paganos. Eran vistos como 'impuros', como seres despreciables de los cuales había que apartarse. Jesús fue muy criticado por comer con 'publicanos y pecadores' (ver Lc 5, 30) ¡Qué ironía que sean ahora unos cristianos los que hacen las críticas que antes le hacían los fariseos a Jesús. No objetaban contra la predicación del evangelio a unos paganos ni contra el bautismo de éstos, sino que acusaban a Pedro de haber entrado en casa de Cornelio y haber comido con los paganos.
Una vez más, la hipocresía de las formas caducas entraba en conflicto con la novedad del Evangelio. el vino nuevo, como diría Jesús, no podía guardarse en odres viejos.

has comido con ellos: Cabe tener presente que entre los pueblos de Oriente el compartir la comida expresa comunión de vida: sentarse a la misma mesa, 'sopear' el pan en un plato común puesto al centro de la mesa, comer lo mismo, en fin, todo indica cercanía, intimidad. De ahí que se le criticara a Jesús que comiera con pecadores y ahora a Pedro también.

11, 4

Resulta notable que aunque Pedro es el líder de la Iglesia y lo sabe, no se escuda en la autoridad que el propio Jesús le confirió (ver Mt 16, 15-19) sino que tiene la sencillez y humildad de disponerse a dar explicaciones. Podía haber dicho: 'a ustedes no tengo por qué darles explicaciones; a mí me nombró Jesús y es el Único que puede exigirme cuentas, así que se aguantan y se callan y punto', pero no lo hace. Es conmovedor cómo ha aprendido a fondo la lección de Jesús: nunca dejar pasar una oportunidad para enseñar; no dejar ir a nadie con una idea errónea acerca de algo; tomarse el tiempo para explicar, para dejar claras las cosas, con toda paciencia y buena voluntad.

11, 5-8

Pedro se asegura de mencionar su reacción inicial, quizá con intención de hacer ver a sus oyentes que también él en un principio se resistió a aceptar que podía comer de todo, que ya no tendría que considerar que unos animales fueran puros y otros impuros, (y por lo tanto comestibles o no). Quiere que les quede claro que hasta ese momento él había sido un estricto cumplidor de la ley, al igual que ellos

11, 9

Les deja claro que es una voz del cielo la que da la indicación de que no hay nada profano o impuro. Imposible objetar a semejante autoridad.

11, 10

Como ya se comentó en su momento, el número tres implica totalidad, plenitud. El hecho de que se haya repetido tres veces esta escena muestra por una parte la renuencia de Pedro, al que hubo que insistirle para que aceptara lo que se le pedía y por otra parte, la insistencia de la voz venida del cielo, que no deja duda acerca de cuál es la voluntad de Dios en este asunto.

11, 11-12

Pedro les narra a los hermanos los hechos haciendo hincapié en lo principal: que fue a casa de Cornelio porque se lo pidió el Espíritu Santo, no porque a él se le hubiera ocurrido. Todo esto tiene por objeto ir tranquilizando a los hermanos al hacerles ver que no ha procedido irreflexiva o imprudentemente, sino conducido en todo momento por Dios.

11, 13-14

Aquí parece que Pedro hubiera añadido algo 'de su cosecha' a las palabras de Cornelio que aparecen en Hch 10, 33; pero no es válido pensar que esté inventando, puesto que él estuvo ahí y tengamos presente que cuando se repite un relato varias veces es muy común incluir u olvidar algún dato en las distintas versiones sin que ello signifique que por eso sean falsas.

palabras que traerán la salvación para ti y toda tu casa: Pedro está tocando aquí el punto central de la cuestión: ha llegado la salvación a los paganos. Lo sucedido es el comienzo y por sorprendente que parezca es evidentemente querido por Dios

11, 15

había empezado yo a hablar: En realidad ya había pronunciado un buen discurso (ver Hch 10, 34-43) pero Pedro quiere ahora enfatizar la repentina intervención de Dios cuando menos lo esperaban.

cayó sobre ellos el Espíritu Santo: Esta noticia debe haber estremecido a los apóstoles y hermanos que los acompañaban. ¡Ellos se habían sentido hasta ahora los únicos destinatarios del Espíritu Santo! ¡Qué difícil aceptar que ha sido enviado a otros también, especialmente a 'esos' otros, a los que nunca habían tomado en cuenta, a los que nunca hubieran creído dignos de semejante don!

como al principio había caído sobre nosotros: Como siempre, Pedro dice las cosas tal como son, sin suavizarlas, sin componerlas para que a sus oyentes no les dé un 'patatús'. Hubiera sonado bonito algo así como: 'cayó sobre ellos el Espíritu Santo, pero no crean que igual que como cayó sobre nosotros, ¡qué va!, a ellos les cayó sólo como un diez por ciento, ni hablaron en lenguas!, ¡seguimos siendo los consentidos!' Pero no. Dice la verdad: este don extraordinario de Dios ha llegado a todos por igual. Lo dirá Pablo más adelante: ya no hay distinción entre unos y otros, entre judíos y paganos, todos son pueblo de Dios. (ver Rom 10, 12).

11, 16

Pedro está haciendo referencia a Hch 1, 5;

11, 17

Dios les ha concedido el mismo don: Una vez más lo recalca, y no sólo eso, sino que añade la razón de ese don: la fe.Como dirá Pablo en su Carta a los Romanos: tanto los judíos como los paganos son iguales porque comparten la misma fe en Jesucristo (ver Rom 4, 30;). Los profetas del Antiguo Testamento anunciaron que un día Dios pondría Su Espíritu en toda carne, y profetizarían Sus hijos e hijas (ver Jl 3, 1-5).
Así como en Pentecostés los judíos tuvieron que dar un salto de fe al reconocer que en la comunidad cristiana se cumplía lo anunciado al pueblo judío en el Antiguo Testamento (según el propio Pedro les hace ver en el discurso que pronuncia inmediatamente después de lo que sucede en Pentecostés -ver Hch 2,16ss-), ahora esta misma comunidad cristiana tiene que dar un salto de fe reconociendo que lo prometido en el AT se cumple no sólo para los cristianos venidos del judaísmo, sino para todos aquellos que crean en Jesucristo.

el mismo don que a nosotros por haber creído en Jesucristo: El Espíritu de Dios y la fe del hombre se apresuran para encontrarse de una manera misteriosa y se produce la obra de la salvación. Y cuando este Espíritu se revela tan prodigiosamente, como sucedió en Cesárea, entonces tenemos que acallar las objeciones y dificultades humanas, aunque parezca que éstas se apoyan en una supuesta ortodoxia.

¿quién era yo para poner obstáculos a Dios?: Pedro termina su explicación de manera genial -no cabe duda de que se la ha inspirado el propio Espíritu Santo pues ¿quién se atreve a objetar ante semejante afirmación? Está diciendo no sólo: '¿quién era yo?' sino también, implícitamente, '¿quiénes son ustedes para poner objeciones?

11, 18

Ya qué otra les quedaba. Pedro no dejó posibilidad de réplica, está clarísimo que lo sucedido viene de Dios y por ahora no tienen nada qué replicar, todo lo contrario, alaban a Dios por la conversión de los paganos. Desafortunadamente la conversión de ellos mismos no va a estar tan fácil y este asunto seguirá molestando todavía a un buen número de hermanos de la primitiva comunidad cristiana. Ya veremos más adelante cómo se va resolviendo ese asunto. La amplitud dada a la narración se propone hacer ver al lector, sin dejarle lugar a dudas, que el bautismo de Cornelio representa uno de los puntos culminantes del libro y señala el comienzo de una nueva etapa en la historia de la evangelización. Quien acepta los primeros gentiles en el seno de la Iglesia, sin sujetarlos previamente a la ley judía, no es un misionero cualquiera, más o menos desconocido, sino el propio Pedro, el jefe de los apóstoles, e inducido a ello por una manifestación bien clara de que tal era la voluntad de Dios.

Sorprende advertir que Lucas ha repetido varias veces el suceso principal de la conversión de Cornelio...es que es una página trascendental puesto que representa la salida del Evangelio afuera de las fronteras del judaísmo, hacia nuevos horizontes de universalidad. Los que ordenó Jesús cuando pidió a sus discípulos: 'id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura' (Mc 16, 15).


miércoles, 29 de octubre de 2014

Una boda y muchos funerales.


Uno de los capítulos menos conocidos de la Reforma Protestante se encuentra representado en la conformación del movimiento de los hugonotes, cuyos sucesores formaron en el siglo XX la Iglesia Reformada de Francia. Hacer un recuento de casi 500 años de historia de un movimiento en unas breves páginas corre el riesgo de dejar de lado aspectos importantes de esa historia. Sin embargo, dada la consigna de brevedad de este proyecto, ofrecemos una narración la más completa posible sobre los hugonotes desde sus orígenes hasta la conformación de la Iglesia Reformada de Francia en 1938.
Juan Calvino comenzó su adhesión a la Reforma Protestante entre los años 1532 a 1534, fecha en la que publicó su primer obra, la Psychopannychia el sueño del alma. Aunque ha sido el más influyente y prominente reformado francés, no fue el único en Francia en convertirse al protestantismo, pues muchos otros junto a él también lo hicieron.
El término hugonote es el nombre utilizado para designar a esos conversos calvinistas, reformados, franceses, quienes abrazaron el protestantismo en el siglo XVI. No se sabe muy bien cuál es el origen del término, pero existen al menos dos hipótesis importantes, entre muchas otras. Por un lado, se cree que proviene de una derivación del término alemán Eidgenossen, que significa confederado, y que era utilizado en Suiza para designar a quienes apoyaban la formación de ciudades-estado. Por otro lado, Roche cree que puede ser un neologismo proveniente de la mixtura entre flamenco y francés, pues en el norte de Flandes, situada entre Bélgica y Holanda, a los cristianos que se reunían a estudiar la Biblia en las casas se los denominada huis Genooten, es decir, compañeros de casa. Esta palabra adaptada al francés como hugonote puede ser el origen del nombre de esta rama del protestantismo.
Si bien existían conversos protestantes que se reunían en casas desde 1520, la primera comunidad hugonote que se fundó en Francia fue la de Meaux en 1546. Debido a la clara influencia calvinista, esta comunidad fue modelada tras la comunidad calvinista de Estrasburgo. Posteriormente, la primera iglesia hugonote en París fue fundada en 1555. Para 1561 existían más de 2.100 iglesias en toda Francia. Los hugonotes celebraron su primer sínodo en 1559, contando con la asistencia de 72 delegados representando a todo el territorio francés. Fruto de ese sínodo fue la confección de una confesión de fe, conocida como Confesión de La Rochelle, que exponía su doctrina basada en las ideas de Calvino. Esta declaración de fe provocó la conversión de más y más personas al protestantismo.
Tanto el Rey Francisco I de Francia como su hermana Margarita, de Navarra, fueron muy tolerantes con los Hugonotes, protegiéndolos constantemente de las medidas que el Parlamento quería tomar para su exterminio. Es más, Margarita hizo de Navarra un centro de humanistas con un claro pensamiento reformado. Esa protección comenzó a decaer con la aparición de afiches contra el Catolicismo Romano en las calles de París, Blois, Rouen, Tours y Orleáns el 17 de octubre de 1534.
Para 1540, el protestantismo calvinista se había extendido rápidamente por Francia, lo que provocó el inicio de persecuciones sin la protección de Francisco I. En un primer momento, los protestantes fueron perseguidos muy esporádicamente debido a sus férreas críticas a la iglesia católica romana y sus doctrinas. Estas persecuciones incluían la condena a cadena perpetua en las galeras, barcos impulsados por remos, para los varones, el encarcelamiento para las mujeres, el envío de niños y niñas a los conventos y la confiscación de todos los bienes como prácticas más comunes. Posteriormente, la muerte por espada, lanza, ahogamiento u hoguera fueron las prácticas en incremento hasta desembocar en las grandes matanzas.
Fue con el reinado de Enrique II (1547-1559) cuando se establecen cortes especiales para juzgar y sentenciar a los protestantes, a quienes se comenzó a denominar despectivamente “hugonotes”. Tras la sentencia de herejía, los fieles hugonotes eran generalmente quemados en la hoguera.
Las posteriores condenas de los hugonotes no hicieron nada más que extender el Protestantismo rápidamente, pues el martirio de los conversos atraía otros conversos al observar la fortaleza de su fe. Clanes nobles de gran poder adoptaron muy pronto esta nueva variante del Cristianismo, entre los que se encontraban los Borbones, encabezados por Antonio de Navarra.
En 1559 murió Enrique II y le sucedió Francisco II. La situación política comenzó a desintegrarse. Un intento hugonote extremista de secuestrar a Francisco II falló y empeoró las cosas. La familia principesca de los Guisas, una familia noble francesa que lideraba la Liga Católica, no toleraba ninguna contemplación respecto de los hugonotes. En 1560 en Poissy se celebró un coloquio entre católico-romanos y reformados, que culminó en un nuevo fracaso.
Los hugonotes, apoyados por donaciones de cada iglesia local, formaron batallones para repeler los ataques de las milicias católico-romanas. Estos batallones protegían cada una de las iglesias reformadas en Francia. Finalmente, los Guisas marcharon sobre París en 1562, como una reacción católico-romana a la propuesta de tolerancia limitada de los sectores mediadores del estamento político de Francia. Esto marcó el clímax de la situación y ocasionó el comienzo de las Guerras de religión que se extendieron entre 1562 y 1598 y donde se enfrentaron las fuerzas reales, hugonotes y católico-romanas.
Finalmente, luego de estos sucesos, estalló la IV Guerra de religión (1572-1573). En este suceso había tres partidos: los hugonotes, los católico-romanos militantes, y los políticos, que querían ante todo la restauración del orden. Lo religioso, mezclado con las ambiciones políticas, produjo un cóctel peligroso. Las intrigas políticas, los asesinatos por encargo y las matanzas en masa estaban a la orden del día en los tres sectores. Entre estas acciones se enmarca la matanza de San Bartolomé.
La trágica noche de San Bartolomé refiere a la matanza de hugonotes en París y otras ciudades francesas llevada a cabo la noche del 23 al 24 de agosto de 1572. Durante los días previos, la ciudad de París estaba repleta de hugonotes que habían venido acompañar a Enrique de Navarra , protestante, quien se desposaría con Margarita, católica-romana, hermana del rey Carlos IX de Francia. Carlos IX era nieto de Francisco I e hijo de Enrique de Valois y de Catalina de Médicis. Catalina era una católica-romana italiana y prima del Papa Clemente VII, también miembro de la familia de los Médicis. Catalina se había casado con Enrique tras una disputa entre los monarcas Habsburgo y los Valois debido a su relación familiar con el papado. En 1547 llegó a ser reina de Francia. Enviudó en 1559. Estuvo implicada en todas las políticas relacionadas con las Guerras de Religión, primero como Reina Madre y desde 1560 como regente de Francia. Catalina había convocado al Coloquio de Poissy y tendía a la tolerancia hacia los hugonotes. En 1568 abandonó su política de tolerancia, y por celos a Coligny, por su influencia en su hijo Carlos IX, tramó la matanza de San Bartolomé.
Está totalmente comprobado que la instigadora de la matanza fue Catalina de Médicis. Los hechos comenzaron con el atentado contra el Almirante Gaspard de Coligny (1519-1572), reconocido líder hugonote y estadista francés quien fuera el gran héroe de la primera generación de protestantes franceses. Coligny se convirtió al protestantismo entre 1555 y 1560. En Francia, como en Alemania y toda Europa, la conversión al catolicismo-romano o al protestantismo siempre representaba un quiebre del estatus quo tanto cuando era realizado por príncipes como por familias nobles, especialmente en términos de prestigio o de pérdida de recursos económicos por tal conversión, algo que Coligny debió también enfrentar. En 1570 fue Coligny quien concertó una precaria paz entre calvinistas y católico-romanos franceses.
Luchó junto a Guillermo de Orange en 1572 en las revueltas de los Países Bajos contra Felipe II de España quien había ordenado en 1566 la matanza de los protestantes holandeses para extirpar el protestantismo de esas tierras y en la cual murieron cerca de 18.000 protestantes. Luego de la lucha en compañía de Coligny, Guillermo de Orange se hizo protestante en 1573. Coligny había tratado de utilizar al ejército francés como un mecanismo de reconocimiento de los protestantes en Francia al declarar, junto a Guillermo de Orange, la guerra contra Felipe II de España luego de la Expedición de Flandes.
Fue ese mismo año, 1572, cuando Catalina de Médicis decidió la muerte de Coligny. Mandó al verdugo de Carlos IX, Mauveret, para que lo asesinara. Sin embargo, Mauveret no logró matar a Coligny sino sólo herirlo. El Rey Carlos IX, si bien sospechaba la autoría del complot de Catalina de Médicis, mandó realizar una investigación. Vista en la situación de ser descubierta públicamente, Catalina ordenó que el ejército diera muerte a Coligny y a todos los hugonotes.
El ejército organizó la matanza, dando muerte aproximadamente a 5.000 hugonotes, cuyos cuerpos fueron desnudados en las calles y luego enterrados en fosas comunes en las afueras de París. La matanza cobró mayor relieve debido a que los hugonotes muertos, muchos de ellos dirigentes, eran invitados asistentes a la boda de Margarita y Enrique.
Enrique de Navarra salvó su vida y luego se convirtió al catolicismo romano para acceder al trono, Su frase: París bien vale una misa, refleja seriamente la consideración de las ideas religiosas a la hora del poder político. Era el único heredero luego de la muerte de Enrique III, quien había sucedido en el trono a Carlos IX. En 1598 Enrique de Navarra se convirtió en rey de Francia. La matanza de San Bartolomé fue un episodio más en las denominadas Guerras de religión que culminaron, como ya hemos dicho, en 1598.
En 1598, Enrique de Navarra promulgó el Edicto de Nantes a través del que se concede a los hugonotes plena tolerancia, derechos civiles y derecho a tener ciudades fortificadas. Fue el reverendo Elie Benoist quien se convirtió en el historiador de este Edicto en su obra de tres volúmenes escrita entre 1693 y 1695. Durante el reinado de Enrique de Navarra (1598-1610), los hugonotes estuvieron seguros. Sin embargo, en 1610, cuando fue asesinado, la situación de los hugonotes volvió a ser inestable.
En 1610 ascendió al trono Luis XIII, quien reinó hasta 1643. Esto obligó a los hugonotes a enfrascarse en sus ciudades. Entre 1615 y 1625 —fechas de las revueltas de hugonotes militantes, perdieron sus ciudades. La situación empeoró con el reinado de Luis XIV (1643-1715), quien estaba decidido a convertir a Francia en la mayor potencia de Europa. Al igual que Constantino en el siglo IV, Luis XIV necesitaba un país que confesara una sola forma de cristianismo a fin de fortalecer su reinado. Por lo tanto promulgó la ley de dragonnantes o acuartelamiento de soldados en las casas de las familias hugonotes a fin de obligarlas a dejar Francia o convertirse al catolicismo-romano.
Luego vino la persecución y finalmente, en 1685, la revocación del Edicto de Nantes, con lo cual el calvinismo pasó a ser ilegal. Se produjo entonces el éxodo fuera de Francia de aproximadamente 200.000 hugonotes, sobre un total de aproximadamente 900.000 fieles, quienes emigraron hacia Suiza, Holanda, Gran Bretaña y Alemania.
Se quedaron los pobres, quienes fueron condenados a las galeras, a la horca y a otros tormentos. En 1702 se levantaron los campesinos de Cevennes, denominados camisardos, cuyas revueltas duraron hasta 1709 (Normam, 1989: 202). Cerca de 12.000 camisardos, liderados primero por Antoine Court y luego por Paul Rabaut,  fueron aniquilados en las revueltas. A la muerte de Luis XIV en 1715, una iglesia clandestina ya se había organizado.
Las ideas de la Ilustración de Voltaire y Kant, hicieron que la persecución por ideas religiosas se volviera anticuada. El protestantismo francés atravesó por una renovación y afianzamiento tanto teológico como institucional entre los años 1830-1852. Esto era fruto de un período de conquistas políticas muy importantes las cuales comenzaron en 1787 cuando los hugonotes ganaron derechos civiles limitados.
La Revolución Francesa llevada a cabo por los burgueses en 1789 logró la plena tolerancia y derechos civiles. Incluso, aun bajo el régimen napoleónico, se produjo una gran relación entre las religiones establecidas y el Estado. Fue en esa época donde se produjo la primera unión de una Iglesia Reformada Francesa.
Sin embargo, el romance entre religión y estado duró solo hasta 1905, fecha en que el liberalismo anticlerical puso fin a todos los lazos entre el Estado y los grupos religiosos. Esto produjo que los calvinistas se fragmentaran en tres iglesias distintas. Sin embargo, esa fue también una época a nivel mundial de búsqueda de la unidad de los cristianos, representada en algunos hitos del ecumenismo como la Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo en 1910, el Congreso de Acción Cristiana de Panamá en 1916, la Conferencia Cristiana Universal de Vida y Obra de Estocolmo en 1925, la primera conferencia de Fe y Constitución de Lausana en 1927 y la Conferencia de Oxford de 1937.
Debido a esta influencia, el acercamiento de los distintos sectores reformados en Francia culminó en 1938 cuando dos de las iglesias calvinistas —reunidas en Sínodo en la Iglesia del Espíritu Santo en París, se unieron para formar L’Église Réformée de France. El Sínodo eligió a Marc Boegner, prominente líder del movimiento ecuménico, como Presidente del Consejo Nacional. Fue esta iglesia la que finalmente participó en la conformación del Consejo Mundial de Iglesias en su Primera Asamblea de Amsterdam en 1948. Sin embargo, la Iglesia Reformada de Francia y la Iglesia Evangélica Luterana de Francia se fusionaron para crear la Iglesia Unida Protestante de Francia en mayo de 2013 en el Sínodo reunido en Lyon. La nueva Iglesia consta de una membresía de 400.000 personas.


Hugo Córdova Quero.

viernes, 24 de octubre de 2014

Si Dios no hace acepción de personas, ¿lo puede hacer la iglesia?

Estudio bíblico Viernes 24/10  6.00 pm
Salón de las banderas

Apuntes para una lectura de Hechos 10: 34-48

Este trozo del libro de los Hechos narra un momento importantísimo en la vida de la Iglesia: cuando Pedro dirige el primer discurso evangelizador a los paganos (es muy significativo que sea Pedro, cabeza de la Iglesia, quien lo haga), y tiene lugar el llamado 'Pentecostés de los gentiles', es decir, la venida del Espíritu Santo sobre creyentes no judíos. Aquí comienzan a cumplirse lo anunciado por los profetas: que Dios sería luz de todas las naciones, no sólo del pueblo de Israel.

10, 34

Pedro tomó la palabra. Pedro asume su papel de líder de la Iglesia y hace lo que se espera de él: todos aguardan a que les hable, pues saben que el Señor lo ha enviado e inspira sus palabras.
Dios no hace acepción de personas. Significa no hace distinción, no discrimina a nadie. En Dt 10, 17 dice: Yahveh vuestro Dios es el Dios de los dioses y el Señor de los señores, el Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas"
Esta afirmación queda ampliamente confirmada en numerosas ocasiones, por ejemplo cuando Dios elige por rey a David, que es el más pequeño e insignificante de todos sus hermanos (ver 1Sam 16, 1-13).
Las palabras de Pedro expresan lo que ha venido reflexionando intensamente desde que tuvo esa visión en la azotea de su casa (ver Hch 10, 9-17), algo que como ya se ha comentado tiene una importancia decisiva en la vida de la Iglesia: que él reconozca públicamente que Dios quiere que Su mensaje llegue a todos los pueblos, sin distinción de personas. ¡Es un paso enorme para un judío como
Pedro, que toda su vida ha estado acostumbrado a pensar que la salvación está especialmente destinada a ese pueblo elegido!
Dios le pide a Pedro que dé un salto tremendo: pasar de ser cabeza de una Iglesia limitada a una cierta región formada sobre todo por judíos conversos, a ser cabeza de una Iglesia , es decir, universal, abierta a toda raza, lengua, pueblo y nación. ¡Da vértigo de sólo pensarlo! Señor te 'cambia la jugada' y te pide que modifiques los planes que creías que Él esperaba de ti y hagas algo completamente opuesto? ¿Te resistes?, ¿protestas? o aceptas de inmediato, como Pedro.
10:35
en cualquier nación. Pedro deja claro que a partir de este momento ya no se puede hablar de que haya un pueblo que pueda sentirse por encima de otro: cualquiera puede ser grato a los ojos de Dios.
el que le teme y practica la justicia. Recordemos que los judíos solían llamar 'temerosos de Dios' a los paganos que, sin estar circuncidados, es decir, sin pertenecer al pueblo judío, compartían su misma fe hacia Dios y también ciertas prácticas religiosas.
Pedro hace sentir a sus oyentes que ellos también son gratos a Dios (en reafirmación de lo que acaba de contar Cornelio respecto a que el ángel le dijo que sus oraciones y limosnas habían sido agradables a Dios, ver Hch 10, 31.
Esto trae a la mente lo que más tarde escribirá Pablo en Rom 1, 16; 3, 21ss.

10:36
Pedro explica la Palabra que al principio fue dirigida a los hijos de Israel, pero que Jesús es el Señor de todos.

Señor de todos. De todos los señores de la tierra, quienes muchas veces pretendieron el título de 'señor'. Estas palabras tuvieron que hacer que Cornelio y sus huéspedes romanos y gentiles reflexionaran acerca del supuesto 'señorío' del César.

10, 37
Vosotros sabéis. Pedro da por hecho que sus oyentes oyeron hablar de Jesús.
10, 38
Recordemos que en toda la obra de Lucas (tanto el Evangelio como el libro de los Hechos) el Espíritu Santo es quien está presente en los momentos cruciales para iluminar, inspirar, impulsar los acontecimientos en la historia de la salvación. Dios le ungió con el Espíritu Santo. Recordemos que el Espíritu Santo descendió sobre Jesús cuando fue bautizado (ver Lc 3,21-22), y que cuando inició Su ministerio público y predicó por primera vez en la sinagoga de Nazaret, abrió el pasaje de Isaías que dice: 'El Espíritu del Señor está sobre mí. (ver Is 61, 1-2) y dijo luego: 'Esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy' (Lc 4, 21) Pedro afirma claramente que Jesús poseía el Espíritu Santo.
pasó haciendo el bien. Con esta frase corta pero llena de significado, Pedro resume todo el ministerio público de Jesús.
curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él. Comenta algo que seguramente impresiona a sus oyentes paganos, y añade la aclaración de que Dios estaba con Jesús quizá para cortar de raíz la posibilidad de que se suscite aquí esa idea equivocada de que Jesús expulsaba demonios por el poder de los demonios (ver Lc 11, 14-22). Se le muestra 'haciendo el bien' como Salvador del mundo oprimido por el poder del diablo. Se dirige la palabra al anhelo de salvación de un mundo doliente y angustiado. Sabemos que a los soberanos de aquel tiempo les gustaba hacerse llamar 'bienhechores'. También los llamaban 'salvadores'. Estos títulos arrogantes se han conservado en monedas e inscripciones. Querían ser dioses y se hicieron tributar honores divinos. El mundo romano aplicó también dichas prácticas a sus césares. Frente a ellos aparece Jesús de Nazaret como el verdadero bienhechor, el único Salvador.
10, 39
En este discurso, a diferencia de otros que ha pronunciado antes, Pedro no menciona las Escrituras, puesto que se dirige a oyentes paganos, sino el testimonio, que siempre y en todo lugar tiene un efecto poderoso, pues el que habla afirma que presenció lo que dice; deja claramente establecido que no habla 'de oídas', que no dice 'lo que le dijeron', sino lo que vio con sus propios ojos.
En las palabras de Pedro sobresalen la Muerte y la Resurrección de Jesús como los acontecimientos decisivos de la salvación.
Nuevamente queda claro que cuando Pedro y los apóstoles hablan de las apariciones del Resucitado se refieren a un hecho que sucedió en realidad, de manera tangible, no como ilusión, metáfora o símbolo. Cuando habla de que comieron y bebieron con Él no se está refiriendo a la Eucaristía, sino a compartir sencillamente un almuerzo como en varias ocasiones narra San Lucas.
10. 42
Pedro se refiere a lo que Jesús les pidió en Lc 24, 44ss y en Hch 1, 8;
Cuando Pedro habla de 'pueblo' delante de Cornelio, no parece que refiera esta palabra solamente a Israel, sino a todos los hombres.
Juez de vivos y muertos. Con las palabras sobre el futuro juicio, la Iglesia no quiere angustiar a los hombres, sino mostrarles el camino de la salvación para salir airosos antes este tribunal. La declaración sobre el juicio se convierte en predicación sobre el tema de la salvación cuando Pedro hable de la fuerza salvadora de la fe en Jesucristo.

10, 43
todos los profetas. Pedro hace referencia al modo como los cristianos interpretan la Escritura: a la luz de Jesús.
Así, queda claro que lo que anunciaban todos los profetas se refería a Jesús. Recordemos que cuando Jesús comparte el camino con los dos apóstoles que iban hacia Emaús, les explica cómo las Escrituras se referían a Él (ver Lc 24, 27)
todo el que cree en Él. Recordemos que no se trata de una fe puramente intelectual, que no baja de la cabeza al corazón. Cuando Pedro habla de 'creer' habla de adherirse a Cristo, de ser verdaderamente discípulo y vivir cristianamente.
10, 44
El mismo Dios corona el discurso de Su mensajero. Así como el Señor abrió el entendimiento de los apóstoles para que comprendieran Sus Palabras, así ahora envía Su Espíritu Santo para que ilumine a estos creyentes venidos del paganismo, que tienen ya el corazón dispuesto.
10, 45
fieles circuncisos. Se refiere tanto a judíos, que recibieron la circuncisión a los tres días de nacidos, como a paganos que se circuncidaron para pertenecer al pueblo judío y luego se hicieron cristianos, como a fieles que creyeron que para ser cristianos tenían que circuncidarse y lo hicieron, y ahora se sorprenden al ver que unos paganos incircunciso reciben el don del Espíritu Santo igual que ellos (¡de haber sabido!).
los oían hablar en lenguas y glorificar a Dios. Es el 'Pentecostés de los paganos', expresión clara de que Dios los ha incorporado a su Iglesia. La bajada del Espíritu Santo es una sorpresa y una absoluta iniciativa de Dios, que no espera que los catecúmenos sean bautizados, sino que se anticipa y manifiesta Su presencia con el mismo don de lenguas con el que favoreció a los discípulos reunidos en el cenáculo el día de Pentecostés."
El acontecimiento era estimulante para la primitiva iglesia aún muy restringida dentro de una manera judaica de concebir la salvación.
10, 47
Previendo las posibles objeciones que pudieran surgir de sus acompañantes circuncisos, Pedro plantea esta pregunta que no admite más que una respuesta: nadie puede atreverse a negar el Bautismo a estos hermanos a quienes Dios mismo ha enviado Su Espíritu Santo.
10, 48
Pedro manda que sean bautizados, lo cual también nos indica la seguridad y convicción que los apóstoles tenían de que el mandato de Cristo de bautizar a los creyentes continuaba siendo indispensable y válido, aun para aquellos que habían recibido la bajada del Espíritu Santo.
Ya en Hch se comentaba que se bautizaba a los creyentes 'en el nombre de Jesucristo.' Viene a la mente lo que escribirá Pablo en Gal 3, 26;

Para un judío era inaceptable quedarse unos días en casa de un pagano (simplemente entrar ahí lo hacía quedar en calidad de 'impuro'), pero Pedro, al igual que Jesús, da muestra clara de que el ser humano está por encima de los convencionalismos creados por los hombres para separar a unos de otros.

Pedro hace entrar en la Iglesia a un 'temeroso de Dios', a un extranjero, a un 'impuro'.Es éste un relato capital: se demuestra que ha sido el propio Pedro el que ha dado el paso decisivo en dirección a los paganos, bajo la moción del espíritu...no es necesario que se hagan judíos...esto es lo que le da al 'Pentecostés de Cesarea' su importancia decisiva en la historia de la Iglesia apostólica.

lunes, 20 de octubre de 2014

La validez del bautismo cristiano.

El acuerdo entre la Conferencia Episcopal Española de la Iglesia Católica y la Iglesia Española Reformada Episcopal sobre el reconocimiento mutuo del bautismo ha puesto este punto controvertido de la doctrina cristiana otra vez sobre la mesa. He de reconocer que no es un tema que me interese, como tampoco interesaba al apóstol Pablo (1 Co 1,14-17). La agenda de un cristiano, enviado a predicar y no a bautizar, es demasiado amplia para dedicar mucho tiempo y espacio a cuestiones rituales, y el bautismo es una de ellas. Es cierto que forma parte del corpus de la doctrina cristiana y, como tal, ha de ser tenido en cuenta, pero tiene poco que ver con la fe y el compromiso del creyente con Cristo.
El protestantismo histórico, siguiendo con ello a los reformadores, ha definido el bautismo como uno de los dos sacramentos que instituyó Cristo y, porque él lo hizo, lo seguimos practicando nosotros. La definición clásica de un sacramento en la doctrina protestante tradicional es: “signo visible de una gracia invisible”. El bautismo es, pues, un signo de la gracia de Dios que nos asegura del perdón de los pecados (Hch 2,38) y da testimonio de nuestra pertenencia al pueblo de Dios al ser integrados en el pacto de gracia que Dios ha establecido con su pueblo. Si en el Antiguo Testamento este signo o señal era la circuncisión (Ro 4,11), en el Nuevo Testamento es el bautismo (Col 2,11).

Como signo es irrepetible. El hecho de que se imparta mediante el rociamiento o el sumergimiento en agua hace que sea posible repetirlo tantas veces como se quiera, y en efecto hay personas que lo han recibido varias veces; pero si fuera –como en el caso de la circuncisión- una mutilación del cuerpo, evidentemente, sería imposible repetirlo.
Es por esto que, en el caso del bautismo, lo que no ocurre con la circuncisión, se presente el “problema” de su validez. Así lo hace el documento que comentamos y así consta en muchas declaraciones doctrinales de las iglesias cristianas. ¿Se puede hablar con propiedad de la validez del bautismo cristiano? ¿Han de cumplirse determinadas normas que lo hagan válido? Si el sacramento obrara “ex opere operato”, como lo interpreta normalmente la Iglesia Católica, entonces su recta administración, tanto por parte del oficiante como del candidato, sería de la máxima importancia. Pero si se trata de un signo actual y visible de una gracia invisible que siempre lo precede, el bautismo no es esencial ni tiene importancia salvífica. Se da en el mundo de las formas y es signo de pertenencia al pueblo de Dios.
El bautismo nos da entrada en la Iglesia, como pueblo de Dios, y nos identifica como cristianos. Lo recibimos como consecuencia de nuestra conversión, es decir, cuando por la fe aceptamos a Cristo como Señor y Salvador. Entramos a formar parte de la familia de Dios, que es una familia real en la que participamos –siempre que es posible- con nuestro pequeño grupo familiar. Por esto seguimos la práctica de los reformadores, que creemos era la de la iglesia primitiva, de bautizar a nuestros hijos, en la oración y la esperanza de que sean dignos del sobrenombre de cristiano que les imponemos. La iglesia no está formada solamente de adultos. Ha de ser una verdadera comunidad en la que todos los miembros de la familia tengan su lugar. Es una pena que la administración del bautismo de forma indiscriminada, fuera del ámbito eclesial, haya desvirtuado esta hermosa visión de pueblo de Dios. Pero las iglesias que también bautizamos niños nos resistimos a abandonar esta práctica que subraya la obra de Dios y el pacto de gracia que El ha hecho con su pueblo, porque “para vosotros es la promesa y para vuestros hijos” (Hch 2,39). Los hijos de los creyentes, incluso en el caso de que sólo uno lo sea, según el apóstol Pablo, “no son inmundos, sino que son santos”, es decir, miembros del pueblo de Dios. Es muy de respetar la práctica bautista, que tiene una larga tradición en el desarrollo de la doctrina cristiana. Tiene la ventaja de enfatizar el aspecto personal del seguimiento de Cristo y subraya la importancia de la conversión, pero no siempre expresa de forma clara el pacto de gracia de Dios con su pueblo ni la acción de Dios que precede toda decisión humana. Su punto más débil, en mi opinión, sin ninguna pretensión de pontificar, es distinguir entre un bautismo válido y otro que no lo es, pero esto no lo hacen solamente ellos, es muy habitual en la teoría de las iglesias cristianas.
Creo que el reconocimiento mutuo del bautismo entre anglicanos y católicos en España es importante, aunque no estemos del todo de acuerdo con el contenido teológico del documento que han publicado. Es un paso más en el acercamiento que todas las iglesias cristianas somos llamadas a realizar. La actitud anticatólica y de crítica acerba hacia Consejo Mundial de Iglesias que se da entre cristianos evangelicales no es de recibo. Fue comprensible en una época de obscurantismo teológico y de actitudes radicales, pero debería desaparecer de  nuestro entorno cristiano, donde debemos respetarnos unos a otros y admitir que ninguno de nosotros tiene todas las respuestas y que la diversidad es, no sólo aceptable, sino también provechosa. El modelo de unidad cristiana que prevalece en la actualidad no tiende a crear una gran iglesia cristiana mediante la fusión o la integración de todos en una sola institución, sino que pretende llegar a una comunión entre todos, lo que se llama “una diversidad reconciliada”. Somos lo que somos y todos pretendemos ser fieles al testimonio bíblico. Aceptémonos en nuestra diversidad y atrevámonos a sentarnos juntos a la mesa que el Señor ha preparado y a la que nos invita.  En esto consiste una actitud auténticamente ecuménica.
Enric Capó