domingo, 27 de noviembre de 2011

La buena noticia.

Marcos 1, 1-8

A lo largo de este nuevo año litúrgico los cristianos iremos leyendo los domingos el evangelio de Marcos. Su pequeño escrito arranca con este título: «Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Estas palabras nos permiten evocar algo de lo que encontraremos en su relato.

Con Jesús «comienza» algo nuevo. Es lo primero que quiere dejar claro Marcos. Todo lo anterior pertenece al pasado. Jesús es el comienzo de algo nuevo e inconfundible. En el relato, Jesús dirá que "el tiempo se ha cumplido". Con él llega la Buena Noticia de Dios.

Esto es lo que están experimentando los primeros cristianos. Quien se encuentra vitalmente con Jesús y penetra un poco en su misterio, sabe que empieza una vida nueva, algo que nunca había experimentado anteriormente. Lo que encuentran en Jesús es una «Buena Noticia». Algo nuevo y bueno. La palabra «Evangelio» que emplea Marcos es muy frecuente entre los primeros seguidores de Jesús y expresa lo que sienten al encontrarse con él. Una sensación de liberación, alegría, seguridad y desaparición de miedos. En Jesús se encuentran con "la salvación de Dios".

Cuando alguien descubre en Jesús al Dios amigo del ser humano, el Padre de todos los pueblos, el defensor de los últimos, la esperanza de los perdidos, sabe que no encontrará una noticia mejor. Cuando conoce el proyecto de Jesús de trabajar por un mundo más humano, digno y dichoso, sabe que no podrá dedicarse a nada más grande.

Esta Buena Noticia es Jesús mismo, el protagonista del relato que va a escribir Marcos. Por eso, su intención primera no es ofrecernos doctrina sobre Jesús ni aportarnos información biográfica sobre él, sino seducirnos para que nos abramos a la Buena Noticia que sólo podremos encontrar en él.

Marcos le atribuye a Jesús dos títulos: uno típicamente judío, el otro más universal. Sin embargo reserva a los lectores alguna sorpresa. Jesús es el «Mesías» al que los judíos esperaban como liberador de su pueblo. Pero un Mesías muy diferente del líder guerrero que muchos anhelaban para destruir a los romanos. En su relato, Jesús es descrito como enviado por Dios para humanizar la vida y encauzar la historia hacia su salvación. Es la primera sorpresa.

Jesús es «Hijo de Dios», pero no dotado del poder y la gloria que algunos hubieran imaginado. Un Hijo de Dios profundamente humano, tan humano que sólo Dios puede ser así. Sólo cuando termina su vida de servicio a todos, ejecutado en una cruz, un centurión romano confiesa: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios". Es la segunda sorpresa.

José Antonio Pagola

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Acuerdos y recomendaciones del 74 Sínodo General de la IEE

1. “La prolongada crisis económica que sufrimos afecta también a la economía de nuestro Presbiterio. Se propone que el Presbiterio de Levante estudie y elabore un proyecto de viabilidad económica que posteriormente discutirá con la Comisión Permanente para su realización.” (Presbiterio de Levante)

RECOMENDACIONES:

1. Con relación al trabajo pastoral misionero y su desarrollo, y dado que las ayudas del exterior cesaron y se debe alcanzar la autonomía, se recomienda que se promueva la participación de las iglesias locales en la creación de posibles fondos de misión “dentro del campo de la IEE
2. Los Departamentos de Testimonio (área de evangelización), Comunicación y Juventud recomiendan que cada comunidad de la IEE (o en su defecto el Presbiterio) nombren un representante para tener un enlace directo entre las comunidades y el Departamento.
3. El Departamento de la revista “Cristianismo Protestante” recomienda al Sínodo que se traslade a las comunidades la necesidad de participar activamente en la revista (enviando artículos, noticias, etc.) y que sean responsables con el pago de las suscripciones.
4. El Departamento de Ecumenismo recomienda la creación de un departamento de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso en cada Presbiterio.
5. El Departamento de Ecumenismo recomienda que se envíe un comunicado a la FEREDE quejándonos respecto a la discriminación a nuestras comunidades de la IEE, como es el caso de Zaragoza.
6. Se recomienda al Departamento de Mayordomía hacer un curso y/o taller sobre mayordomía a los tesoreros y para unificar criterios en la elaboración de informes y presupuestos.
7. A partir del informe de tesorería, surge la recomendación de crear algún tipo de campaña de sensibilización destinada a las iglesias locales acerca de la
mayordomía del dinero.
8. Con relación el proyecto El Faro – Bolivia (casa para niñas mamá) presentado por Carmen Sánchez se solicita que en todas las iglesias de la IEE se tenga en oración este nuevo ministerio y se contemple la posibilidad de apoyarlo económicamente.
9. La Comisión de Ética de la sexualidad recomienda que cómo Sínodo apoyemos y animemos a aquellas comunidades en las que se da la presencia de personas homosexuales a fin de que se les atienda pastoral y eclesialmente. Se recomienda también que se creen foros y espacios de encuentro en lo que se
ejerza la pedagogía adecuada para una mejor comprensión de ésta realidad.

Palma de Mallorca
1 de noviembre 2011

lunes, 21 de noviembre de 2011

La casa de Jesús.

Marcos 13, 33-37

Jesús está en Jerusalén, sentado en el monte de Los Olivos, mirando hacia el Templo y conversando confidencialmente con cuatro discípulos: Pedro, Santiago, Juan y Andrés. Los ve preocupados por saber cuándo llegará el final de los tiempos. A él, por el contrario, le preocupa cómo vivirán sus seguidores cuando ya no le tengan entre ellos.

Por eso, una vez más les descubre su inquietud: «Mirad, vivid despiertos». Después, dejando de lado el lenguaje terrorífico de los visionarios apocalípticos, les cuenta una pequeña parábola que ha pasado casi desapercibida entre los cristianos.«Un señor se fue de viaje y dejó su casa». Pero, antes de ausentarse, «confió a cada uno de sus criados su tarea». Al despedirse, sólo les insistió en una cosa: «Vigilad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa». Que cuando venga, no os encuentre dormidos.

El relato sugiere que los seguidores de Jesús formarán una familia. La Iglesia será "la casa de Jesús" que sustituirá a "la casa de Israel". En ella todos son servidores. No hay señores. Todos vivirán esperando al único Señor de la casa: Jesús el Cristo. No lo olvidarán jamás.

En la casa de Jesús nadie ha de permanecer pasivo. Nadie se ha de sentir excluido, sin responsabilidad alguna. Todos son necesarios. Todos tienen alguna misión confiada por él. Todos están llamados a contribuir a la gran tarea de vivir como Jesús al que han conocido siempre dedicado a servir al reino de Dios.

Los años irán pasando. ¿Se mantendrá vivo el espíritu de Jesús entre los suyos? ¿Seguirán recordando su estilo servicial a los más necesitados y desvalidos? ¿Lo seguirán por el camino abierto por él? Su gran preocupación es que su Iglesia se duerma. Por eso, les insiste hasta tres veces: «vivid despiertos". No es una recomendación a los cuatro discípulos que lo están escuchando, sino un mandato a los creyentes de todos los tiempos: «Lo que os digo a vosotros, os lo digo a todos: velad».

El rasgo más generalizado de los cristianos que no han abandonado la Iglesia es seguramente la pasividad. Durante siglos hemos educado a los fieles para la sumisión y la obediencia. En la casa de Jesús sólo una minoría se siente hoy con alguna responsabilidad eclesial.

Ha llegado el momento de reaccionar. No podemos seguir aumentando aún más la distancia entre "los que mandan" y "los que obedecen". Es pecado promover el desafecto, la mutua exclusión o la pasividad. Jesús nos quería ver a todos despiertos, activos, colaborando con lucidez y responsabilidad.

José Antonio Pagola

lunes, 14 de noviembre de 2011

Lo realmente decisivo de nuestra fe.

Mateo 25, 31-46

El relato no es propiamente una parábola sino una evocación del juicio final de todos los pueblos. Toda la escena se concentra en un diálogo largo entre el Juez que no es otro que Jesús resucitado y dos grupos de personas: los que han aliviado el sufrimiento de los más necesitados y los que han vivido negándoles su ayuda.

A lo largo de los siglos los cristianos han visto en este diálogo fascinante "la mejor recapitulación del Evangelio", "el elogio absoluto del amor solidario" o "la advertencia más grave a quienes viven refugiados falsamente en la religión". Vamos a señalar las afirmaciones básicas. Todos los hombres y mujeres sin excepción serán juzgados por el mismo criterio. Lo que da un valor imperecedero a la vida no es la condición social, el talento personal o el éxito logrado a lo largo de los años. Lo decisivo es el amor práctico y solidario a los necesitados de ayuda.

Este amor se traduce en hechos muy concretos. Por ejemplo, «dar de comer», «dar de beber», «acoger al inmigrante», «vestir al desnudo», «visitar al enfermo o encarcelado». Lo decisivo ante Dios no son las acciones religiosas, sino estos gestos humanos de ayuda a los necesitados. Pueden brotar de una persona creyente o del corazón de un agnóstico que piensa en los que sufren.

El grupo de los que han ayudado a los necesitados que han ido encontrando en su camino, no lo han hecho por motivos religiosos. No han pensado en Dios ni en Jesucristo. Sencillamente han buscado aliviar un poco el sufrimiento que hay en el mundo. Ahora, invitados por Jesús, entran en el reino de Dios como "benditos del Padre".¿Por qué es tan decisivo ayudar a los necesitados y tan condenable negarles la ayuda? Porque, según revela el Juez, lo que se hace o se deja de hacer a ellos, se le está haciendo o dejando de hacer al mismo Dios encarnado en Cristo. Cuando abandonamos a un necesitado, estamos abandonando a Dios. Cuando aliviamos su sufrimiento, lo estamos haciendo con Dios.

Este sorprendente mensaje nos pone a todos mirando a los que sufren. No hay religión verdadera, no hay política progresista, no hay proclamación responsable de los derechos humanos si nos es defendiendo a los más necesitados, aliviando su sufrimiento y restaurando su dignidad.

En cada persona que sufre Jesús sale a nuestro encuentro, nos mira, nos interroga y nos suplica. Nada nos acerca más a él que aprender a mirar detenidamente el rostro de los que sufren con compasión. En ningún lugar podremos reconocer con más verdad el rostro de Jesús.

José Antonio Pagola

domingo, 13 de noviembre de 2011

Cuando el dolor entra en la iglesia.

Cuando contemplamos el mundo, podemos ver todo lo bueno que Dios creó, pero también notamos la existencia del dolor. El dolor y el sufrimiento son reales. Son constantes porque todos experimentan el dolor y el sufrimiento de alguna forma en alguna etapa de la vida. El dolor y el sufrimiento pueden surgir de cualquier parte, en cualquier tiempo, no tienen preferencia por una u otra persona. La palabra de Dios revela la existencia del sufrimiento en el hombre. "Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción" Job 5.7. Sin embargo el dolor y el sufrimiento no se manifiestan de igual manera en todos.

La pregunta que nos hacemos: ¿Quién es responsable? Algunos personajes del AT creían que el dolor y el sufrimiento eran un resultado directo del pecado. Los amigos de Job utilizaron esta asunción como base de sus argumentos. Hay quienes proclaman que no tenemos sanidad porque somos débiles en la fe; porque somos indignos de recibir el poder de Dios.

Pero si lees las Escrituras descubrirás que Dios ni envía el sufrimiento ni tampoco lo detiene. En algunos casos lo permite: Dijo el Señor a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano: solamente no pongas tu mano sobre él. Job 1.12. "En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano de algunos de la iglesia para maltratarles. Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro" Hechos 12.1-3. Dios permitió que ocurrieran estas cosas, aunque él tenía poder para impedirlas.

Hay dos cosas que pueden ser tomadas en cuenta en relación al problema que estamos tratando. Antes que nada, se ha sugerido que el Señor permite que el dolor y el sufrimiento aflijan a las personas, no importa qué relación tengan con él. Porque si Dios lo impidiera, entonces en efecto él estaría en contra de nuestro libre albedrío. Cuando Dios organizó el universo físico, puso en movimiento ciertas leyes naturales, leyes que aplican a todos los seres. Un ejemplo de esto es la ley de la gravedad. Si usted va a tirarse de una ventana del tercer piso, se supone que llegará al suelo con gran impacto. Dios no va a cambiar las leyes naturales; tampoco va a cambiar la libertad del hombre en hacer su propia decisión, en este caso de suicidarse.

En segundo lugar, la muerte acompañada del dolor y el sufrimiento es una anticipación a la victoria que los cristianos tendrán cuando Cristo vuelva. Nuestros cuerpos son de la primera creación, y por fin tendrán que perecer y volver al polvo del cual fueron tomados. El dolor y el sufrimiento pueden ser sencillamente una señal que nos hace recordar que tenemos una naturaleza física mortal.

Ahora que la realidad del dolor y el sufrimiento ha sido aceptada, pongamos atención a otra pregunta inquietante: ¿Cuál es el propósito del dolor y el sufrimiento? Según Romanos 8.28, ¿Cómo puede ser este problema algo que se convierta en el bien de los cristianos?

Antes que nada pongamos algo en claro: no todas las cosas son buenas. La Biblia enseña estrictamente que hay dos fuerzas en el mundo, el bien y el mal. La práctica del mal nunca ha sido aprobada por Dios. Por lo tanto, aquellos que según Romanos 8.28 creen que todo lo que les ocurre es bueno, han errado en distinguir entre las dos naturalezas opuestas del bien y el mal. Dios, en toda su omnipotencia, no cambia algo que es malo a algo que es bueno.

Además, hay que enfatizar que Romanos 8.28 dice:"todas las cosas... ayudan a bien y no que todas las cosas se convertirán en lo bueno. En este caso la realidad es negada y usted no está viendo al problema tal cual es: un trágico accidente causado por el pecado de un individuo. Una confusión entre el bien y el mal puede conducir a una falsa concepción de Dios. Uno puede asumir algo erróneo: "Si Dios es bueno, ¿cómo puede ser lo malo de la muerte de mi amigo algo de Dios? ¿Es malo Dios?" Por eso es que muchos pierden su fe en lo bueno de Dios, cuando les ocurre una tragedia. Y es que quizá la percepción que nosotros tengamos de Dios no sea la percepción que Dios tiene del bien. Lo que nosotros veamos como bien o mal puede no ser lo mismo que Dios ve.

Por ejemplo veamos la vida de José. Los eventos de su vida todos parecían malos, y en efecto varios de esos lo eran. Sin embargo Dios utilizó esos eventos para producir un bien. Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.(Génesis 50.20. Esta fue la manera en que se dirigió a sus malos hermanos que lo habían vendido como esclavo años antes.

¿Qué es lo que usted puede hacer en cuanto al dolor y el sufrimiento? Aceptarlos como cosas reales y tratarlos de la mejor manera que se pueda. Puede haber dolor delante de usted cuando dé este paso, y esto también debe aceptarse. Mientras se hace esto hay que recordar que Jesucristo ha ido a preparar morada para nosotros Juan 14.1-6 y que será un lugar donde ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor... Apocalipsis 21.4. Otra cosa que se puede hacer es tratar de tener control sobre el dolor y el sufrimiento, tanto como se pueda. Jesucristo hizo esto mismo durante su ministerio terrenal. Nosotros podemos, de igual manera, utilizar los medios que nos ha dado para aliviarnos del sufrimiento, ya sea físico, mental o espiritual. Finalmente puedo decir que hay que confrontar el sufrimiento con valentía, fe y la firme convicción de que nada lo puede separar a uno del amor de Dios (Romanos 8.35-39).

Ya sea que usted esté sobrecogido por algún dolor o por un sufrimiento, recuerde que usted tiene acceso al Señor que ha vivido como hombre, el cual puede identificarse con nuestro dolor. Hebreos 4.15,16.