La frase del título es de un político de hace casi dos mil años. La dijo desde un tribunal, en un contexto de corrupción política y religiosa, y de prevaricación judicial. Lo hizo delante de un hombre inocente que le habían presentado para que lo condenara. Sabía que era inocente. También sabía que los acusadores faltaban a la verdad, y que los que había detrás de ellos no tenían otra cosa contra el acusado que rivalidades personales y miedo a perder su status social y sus intereses creados.
El político no era del todo malo, ni del todo corrupto. Incluso deseaba encontrar alguna razón convincente para liberar a aquel hombre que le habían traído para que confirmara la sentencia de muerte ya pronunciada. Su propuesta de azotarlo y dejarlo libre, no prosperó. Y la otra, la de convertirlo en el preso que cada año soltaba en ocasión de la Pascua, tampoco fue aceptada. Pilato, porque éste era el político, quería jugar un papel diferente, humano, sincero, sin trampa en este caso; pero él también tenía los pies de barro e intereses poderoso que era preciso defender. Más valía que muriese un hombre, aunque fuera inocente, que no que se perdiera todo. Finalmente, Pilato hizo lo que se esperaba de un político. Representó su papel y Jesús fue crucificado. El gesto de lavarse las manos le ha servido de poco para el veredicto de la historia. Desde entonces y hasta hoy, millones y millones de veces, en todas las lenguas y en todas partes, el pueblo cristiano ha repetido con una insistente e ininterrumpida monotonía la frase: “Padeció bajo Poncio Pilato”. Quizás no haya otro nombre humano que haya sido tan repetido como el de Pilato. El nombre de uno que puso en duda la existencia o la realidad de la verdad.
El recuerdo de la historio bíblica nos lo sugiere la situación actual política y judicial en nuestro país. El común denominador en nuestro espacio político es la representación de unos papeles que han sido previamente asignados, con un diálogo preescrito, del cual nadie se puede apartar. Asistir a un debate parlamentario, como lo hemos podido hacer por televisión, o escuchar las declaraciones de los líderes políticos es como ver una película por quinta vez. Los discursos y las declaraciones son siempre monótonamente los mismos. Cada uno dice lo que ha de decir con el fin de alcanzar unos objetivos políticos predefinidos. No hay lugar para la honestidad, y la verdad casi no importa. Sólo cuenta el miedo, las fobias y las enemistades personales, o lo que a los políticos les parece que es el camino para ganar votos. Y, para alcanzar esta meta, se ha de pactar, incluso con el diablo, si es necesario.
Este menosprecio de la verdad delante de las ventajas personales lo encontramos a todos los niveles, aunque sea en grados diferentes. Para nuestro comportamiento en la vida, parece como si lo que realmente importa no es la verdad, sino la apariencia de la verdad. Decirlo y hacerlo todo en defensa de una pretendida verdad absoluta que es tan falsa que ni los que la expresan se la creen. O decirlo y hacerlo en defensa de lo que realmente creemos que es la verdad, tratando de disimular que nuestro camino sigue direcciones completamente distintas. Lo que sucede es que estamos en el mundo de las medias verdades, o de las verdades aparentes o subjetivas. La verdad siempre suele ser la nuestra, la que coincida con nuestras convicciones O, lo que es peor, con nuestras conveniencias. Establecemos credos religiosos o políticos y los podemos en el centro de la vida, juzgando a los demás por su aceptación o rechazo de eso que nosotros proclamamos como la verdad. Y, con toda razón, nadie está del todo de acuerdo. Y mal cuando todos coincidimos, porque entonces quizás sí que lo que decimos sea la verdad, pero está muerta, porque sino fuera así nadie querría aceptarla. Eso pasa con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Todo es muy cierto, pero todo es también muy falso. En el fondo, una gran hipocresía.
Quien piense que puede ser una excepción de esta norma, se está engañando a si mismo. En el mundo religioso, como en el político, todos nos creemos en posesión de la verdad. Por esto estamos divididos. Entre los cristianos tenemos diferentes lecturas de la Biblia y todos pretendemos que la nuestra es la auténtica. No hay manera de que nos entendamos a fondo. ¿Hemos de conformarnos con esta situación? No. El conformismo no será nunca cristiano. Jamás lo hemos de aceptar. Es preciso encontrar otro camino.
El único camino que me viene a la mente es el que nos muestra Cristo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” Es necesario que nos esforcemos en situar la verdad fuera de nosotros mismos y centrarla, no en unas declaraciones o definiciones en términos de objetivos políticos o religiosos, sino en la vida y el testimonio de Aquel que vino de Dios. Si lo ponemos a El como única verdad absoluta y hacemos de nuestra vida un seguimiento, no se habrán acabado nuestros problemas sobre la verdad de cada día, pero habremos encontrado una auténtica motivación para nuestra acción. Porque, lo que realmente nos divide, no son las palabras que definen la verdad, que siempre serán diferentes y nunca nos acabaremos de poner de acuerdo, sino el hecho de tener motivaciones diferentes en la vida. Y lo que realmente importa no son las declaraciones solemnes ni las afirmaciones dogmáticas acertadas, sino el impulso interior que mueve la vida, es decir, los objetivos finales que perseguimos y que nunca hemos de confundir con los nuestros inmediatos. Nos lo dijo Jesús muy claramente: sólo hay un mandamiento y éste es el de amar. Ama y haz lo que quieras, como nos dijo San Agustín. La verdad se habrá acercado nosotros. Y de esto de amar –o, lo que es lo mismo, solidaridad- hay muy poco en el mundo político, donde casi todos son enemigos. Pero, ¿hay más en el mundo religioso, donde a lo más a que hemos llegado es a ser hermanos separados?
Enric Capó
sábado, 30 de abril de 2011
viernes, 29 de abril de 2011
El arte de lanzar piedras
Juan 8:1-11
Leer vs.1-5. Esto suena como una pregunta honesta para ayudar a que la justicia se cumpla, pero nótese vs.6a. Ellos no estaban interesados en justicia-- ellos sólo estaban interesados en atrapar a Jesús! ¿Qué tipo de trampa?
El AT ponía al adulterio como un crimen capital (Lev.20:10). Esto es horripilante para el lector moderno, cuando en nuestra sociedad no merece castigo. La ley mosaíca era muy estricta en crímenes contra las personas, contra relaciones entre personas, y en contra de la unidad de la familia. Las leyes de las otras culturas eran muy estrictas en crímenes contra la propiedad (cortaban las manos). Esta diferencia nos marca la diferencia en el sistema de valores.
De todas maneras, los líderes religiosos tenían la esperanza de parar a Jesús en un dilema:
Si Él estaba de acuerdo con la ley del AT y pedía la ejecución de ella, lo podían acusar de sedición delante de los Romanos, debido a que desde los 30 d.C. los romanos habían abolido los derechos de los judíos a la pena capital
Si Él decía que ella no debía ser apedreada, lo podían acusar de enseñanzas falsas y desacreditarlo con la gente, debido a lo que la ley del AT mandaba. En general la gente común prefiere duros castigos para la gente que se comprueba que es criminal.
Ellos pensaron que realmente lo tenían! Pero Jesús tenía toda la escena bajo control.
Leer el vs. 6b. ¿Por qué Jesús está haciendo tiempo? No, É fue desafiado muchas veces de esta manera y nunca lo tomaron por sorpresa. Y aquí claramente Él olió algo podrido, sino algo inclusive más inmoral.
No es de sorprenderse, la ley civil judía tenía condiciones sumamente estrictas bajo las cuales este crimen era castigable con ejecución. Requería que fueran atrapados en el acto (Nu.5:13). El rabino Samuel dijo, "en el caso de adúlteros, ellos (los testigos) tienen que haberlos visto en la postura de adúlteros." Otro escolar de las leyes del Talmud dice, "no es suficiente por parte de los testigos haberlos visto (a la pareja) en una "situación comprometedora". Pero la misma ley decía que ambas partes debían ser producidas y procesadas (Dt.22:22). Se necesitaban dos personas para cometer adulterio! Si ellos pillaron a la mujer "en el acto mismo", entonces dónde está el hombre? ¡Es obvio que estamos frente a una conspiración! Toda la historia pudo ser fabricada, pero la explicación más posible es que estos hombres usaron a la mujer para desacreditar a Jesús. Ellos probablemente enviaron un "agente encubierto" para solicitar los servicios de ella y después cuando se da la señal convenida previamente ellos entran, lo dejan ir y a ella la arrastran hasta donde está Jesús. Esto los hace a ellos accesorios o cómplices del crimen y por los tanto adúlteros ellos mismos!
¿Qué escribió Jesús en la arena? Nadie lo sabe con seguridad porque no está escrito. A lo mejor sencillamente escribió el sexto mandamiento. Lo que importa no es lo que escribió en el piso sino lo que les dijo en el v.7
Casi todo el mundo conoce este versículo, pero la mayoría lo mal interpreta. Normalmente lo aplican como para prohibir hacer juicios morales, o como un apoyo para abolir la pena capital. Este no es el momento de discutir la pena de muerte, pero cualquiera sea tu punto de vista, no debieras usar este versículo para apoyarte. ¿Por qué? Porque Jesús no podría haber dado a entender eso sin contradecir directamente la ley del AT y estaría entregándose en las manos de sus enemigos. Ellos con seguridad no lo entendieron de esta manera, si lo hubiesen hecho hubieran saltado de alegría, en vez de irse.
Lo que Jesús quiere decir es "Cualquiera de entre ustedes que no tenga culpa en este caso específico que sea el que inicie la ejecución." Él discernió la conspiración, y les dio a entender que si ellos iniciaban su ejecución, estarían también iniciando su propia condenación.
Leer v.8. Los más viejos se dieron cuenta inmediatamente e hicieron lo único inteligente que podían hacer en todo este incidente- ¡salir fuera de ahí! Y con ellos se fue la acusación en contra de ella bajo la ley judía...
Leer vs 9b. Ahora ella se quedó mirando a Jesús con la multitud aún observando. Uno cree que ha tenido malos días! Pero ella fue burlada delante de un grupo, humillada públicamente, en peligro de perder su vida. De pronto sus acusadores fueron despachados. Ella acaba de presenciar la penetradora inquisición de Jesús en los pecados de sus acusadores y la condenación de sus acciones pero ¿cómo va Él a tratar con ella ahora? Como ocurre tan a menudo, la manera que Jesús responde es diferente de la que ella probablemente esperaba.
Leer v. 10, 11. v. 11b es un enunciado muy importante. De hecho, es una destilación del mensaje distintivo del NT. No es una exageración decir que el resto del NT es una elaboración de este enunciado. Habla de dos temas centrales en nuestra relación con Dios.
Jesús no dice No peques más, y entonces yo no te condenaré. En todo caso, la Ley del AT no acepta esta formula; dice" Absolutamente no pecar, y yo no te condenaré." De acuerdo a la Ley del AT, la primera vez que nosotros rompemos un mandamiento no hacemos merecedores de la condenación de Dios (St. 2:10). En cambio, Jesús dice Yo no te condeno ahora vete y no peques más. Él no está diciendo meramente que no la va a procesar. Tampoco le está diciendo que ella no es responsable de sus acciones. Tampoco le está diciendo que acepta una excusa. Él le está perdonando lo que ella le hizo a lo demás, y a Dios. En otras palabras, Él está decretando una declaración de perdón divino, a pesar de que ella es culpable ¿Cómo puede Él hacer esto sin burlarse completamente de la justicia de Dios? Él puede hacer esto por dos razones: a) Porque Él está dispuesto a pagar por sus pecados en su propia carne. B) Debido a que Él está dispuesto a pagar la pena, Dios Padre le dio la autoridad para perdonar a todos aquellos que creen en Él (Jn. 5:22-24). Evidentemente, Jesús vio una actitud de fe en Él en esta mujer (Señor en vs.7).
Y este es el camino como todos nosotros debemos adquirir el perdón: no tratando de pagarlo nosotros mismos, tampoco negando la responsabilidad sino que viniendo a Jesús y pidiéndole por el perdón total de nuestros pecados, lo que Él nos ofrece. Cuando hacemos esto, estamos completamente y permanentemente aceptados por Dios.
Leer vs.1-5. Esto suena como una pregunta honesta para ayudar a que la justicia se cumpla, pero nótese vs.6a. Ellos no estaban interesados en justicia-- ellos sólo estaban interesados en atrapar a Jesús! ¿Qué tipo de trampa?
El AT ponía al adulterio como un crimen capital (Lev.20:10). Esto es horripilante para el lector moderno, cuando en nuestra sociedad no merece castigo. La ley mosaíca era muy estricta en crímenes contra las personas, contra relaciones entre personas, y en contra de la unidad de la familia. Las leyes de las otras culturas eran muy estrictas en crímenes contra la propiedad (cortaban las manos). Esta diferencia nos marca la diferencia en el sistema de valores.
De todas maneras, los líderes religiosos tenían la esperanza de parar a Jesús en un dilema:
Si Él estaba de acuerdo con la ley del AT y pedía la ejecución de ella, lo podían acusar de sedición delante de los Romanos, debido a que desde los 30 d.C. los romanos habían abolido los derechos de los judíos a la pena capital
Si Él decía que ella no debía ser apedreada, lo podían acusar de enseñanzas falsas y desacreditarlo con la gente, debido a lo que la ley del AT mandaba. En general la gente común prefiere duros castigos para la gente que se comprueba que es criminal.
Ellos pensaron que realmente lo tenían! Pero Jesús tenía toda la escena bajo control.
Leer el vs. 6b. ¿Por qué Jesús está haciendo tiempo? No, É fue desafiado muchas veces de esta manera y nunca lo tomaron por sorpresa. Y aquí claramente Él olió algo podrido, sino algo inclusive más inmoral.
No es de sorprenderse, la ley civil judía tenía condiciones sumamente estrictas bajo las cuales este crimen era castigable con ejecución. Requería que fueran atrapados en el acto (Nu.5:13). El rabino Samuel dijo, "en el caso de adúlteros, ellos (los testigos) tienen que haberlos visto en la postura de adúlteros." Otro escolar de las leyes del Talmud dice, "no es suficiente por parte de los testigos haberlos visto (a la pareja) en una "situación comprometedora". Pero la misma ley decía que ambas partes debían ser producidas y procesadas (Dt.22:22). Se necesitaban dos personas para cometer adulterio! Si ellos pillaron a la mujer "en el acto mismo", entonces dónde está el hombre? ¡Es obvio que estamos frente a una conspiración! Toda la historia pudo ser fabricada, pero la explicación más posible es que estos hombres usaron a la mujer para desacreditar a Jesús. Ellos probablemente enviaron un "agente encubierto" para solicitar los servicios de ella y después cuando se da la señal convenida previamente ellos entran, lo dejan ir y a ella la arrastran hasta donde está Jesús. Esto los hace a ellos accesorios o cómplices del crimen y por los tanto adúlteros ellos mismos!
¿Qué escribió Jesús en la arena? Nadie lo sabe con seguridad porque no está escrito. A lo mejor sencillamente escribió el sexto mandamiento. Lo que importa no es lo que escribió en el piso sino lo que les dijo en el v.7
Casi todo el mundo conoce este versículo, pero la mayoría lo mal interpreta. Normalmente lo aplican como para prohibir hacer juicios morales, o como un apoyo para abolir la pena capital. Este no es el momento de discutir la pena de muerte, pero cualquiera sea tu punto de vista, no debieras usar este versículo para apoyarte. ¿Por qué? Porque Jesús no podría haber dado a entender eso sin contradecir directamente la ley del AT y estaría entregándose en las manos de sus enemigos. Ellos con seguridad no lo entendieron de esta manera, si lo hubiesen hecho hubieran saltado de alegría, en vez de irse.
Lo que Jesús quiere decir es "Cualquiera de entre ustedes que no tenga culpa en este caso específico que sea el que inicie la ejecución." Él discernió la conspiración, y les dio a entender que si ellos iniciaban su ejecución, estarían también iniciando su propia condenación.
Leer v.8. Los más viejos se dieron cuenta inmediatamente e hicieron lo único inteligente que podían hacer en todo este incidente- ¡salir fuera de ahí! Y con ellos se fue la acusación en contra de ella bajo la ley judía...
Leer vs 9b. Ahora ella se quedó mirando a Jesús con la multitud aún observando. Uno cree que ha tenido malos días! Pero ella fue burlada delante de un grupo, humillada públicamente, en peligro de perder su vida. De pronto sus acusadores fueron despachados. Ella acaba de presenciar la penetradora inquisición de Jesús en los pecados de sus acusadores y la condenación de sus acciones pero ¿cómo va Él a tratar con ella ahora? Como ocurre tan a menudo, la manera que Jesús responde es diferente de la que ella probablemente esperaba.
Leer v. 10, 11. v. 11b es un enunciado muy importante. De hecho, es una destilación del mensaje distintivo del NT. No es una exageración decir que el resto del NT es una elaboración de este enunciado. Habla de dos temas centrales en nuestra relación con Dios.
Jesús no dice No peques más, y entonces yo no te condenaré. En todo caso, la Ley del AT no acepta esta formula; dice" Absolutamente no pecar, y yo no te condenaré." De acuerdo a la Ley del AT, la primera vez que nosotros rompemos un mandamiento no hacemos merecedores de la condenación de Dios (St. 2:10). En cambio, Jesús dice Yo no te condeno ahora vete y no peques más. Él no está diciendo meramente que no la va a procesar. Tampoco le está diciendo que ella no es responsable de sus acciones. Tampoco le está diciendo que acepta una excusa. Él le está perdonando lo que ella le hizo a lo demás, y a Dios. En otras palabras, Él está decretando una declaración de perdón divino, a pesar de que ella es culpable ¿Cómo puede Él hacer esto sin burlarse completamente de la justicia de Dios? Él puede hacer esto por dos razones: a) Porque Él está dispuesto a pagar por sus pecados en su propia carne. B) Debido a que Él está dispuesto a pagar la pena, Dios Padre le dio la autoridad para perdonar a todos aquellos que creen en Él (Jn. 5:22-24). Evidentemente, Jesús vio una actitud de fe en Él en esta mujer (Señor en vs.7).
Y este es el camino como todos nosotros debemos adquirir el perdón: no tratando de pagarlo nosotros mismos, tampoco negando la responsabilidad sino que viniendo a Jesús y pidiéndole por el perdón total de nuestros pecados, lo que Él nos ofrece. Cuando hacemos esto, estamos completamente y permanentemente aceptados por Dios.
martes, 26 de abril de 2011
Jonás o la visión negativa del mundo
Taller sobre el Antiguo Testamento y el arte de la resiliencia
Miércoles 27 Abril 2011
I. Introducción
Caso 1: Hoy soy una persona bastante negativa, pero antes no era así. Quizás en los últimos veinte años me han pasado cosas muy buenas y otras muy malas. Por razones de las que no soy muy consciente se han ido apoderando de mi mente pensamientos negativos. Parece como si todo lo que me hubiera ocurrido fuera malo, no soy capaz de recordad cosas buenas ni mostrarme agradecido. Al principio eran unas pocas ideas, pero progresivamente han ido incrementándose, invadiendo mi trabajo, mi familia, mis vecinos, mi corazón.
Caso 2: No era consciente del peso de mis pensamientos negativos hasta hace poco. Hace unos días los conté. Cada vez que me venía un pensamiento negativo lo apuntaba. En sólo dos horas llegué a 104 pensamientos negativos. En el fondo he estado pensando como afectan a mi vida los pensamientos negativos y puedo decirte que: me agotan, me hace infeliz, me aíslan, me convierten en pesimista, me anulan cualquier motivación, me contrarrestan la alegría y la energía, me restan posibilidades en mi trabajo, me convierten en impopular entre mis compañeros, los traslado a los seres más queridos, "los educo en la negatividad". Afectan a mi familia de forma muy diversa, van creando barreras con mis hijos, perjudican a mi pareja, le quitan ilusión, entusiasmo, alegría, me impide ver oportunidades y potencialidades, me sumen en un marco de perjuicios, riesgos, me llevan a un concepto del mundo en el que apenas merece vivir, cada vez río menos, me disgusto más, incluso por tonterías. Me irrito cada vez con más gente y con más facilidad, me afecta a la salud y me acaban deprimiendo.
II. Jonás
El libro da cuenta del profeta Jonás y relata una historia en la cual Dios manda a Jonás a predicar al pueblo de Nínive, la capital de Asiria para persuadirlos de arrepentirse de su maldad o de lo contrario su ciudad quedaría destruida. Jonás se negó a obedecer y al principio huye de la presencia de Dios embarcándose rumbo a Tarsis, pero en el camino Dios prepara una tempestad y los tripulantes al saber que huían de Dios lo arrojan al mar en medio de la tempestad.
Entonces Dios envió un gran pez para que se tragara a Jonás. Después de tres días de permanecer en el vientre del pez durante los cuales Jonás oró, Dios dio la orden de que el pez vomitara a Jonás, arrojándolo a tierra firme.
Después de esto, Jonás recibió por segunda vez la orden de Dios de ir a predicar a Nínive. Jonás accedió y en esa ciudad anunció la destrucción inminente para temor de todos sus habitantes: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida». El Rey de la ciudad, al enterarse sobre dicho designio, ordenó el ayuno de toda la población. Al presenciar el arrepentimiento masivo de la población de Nínive, Dios decidió que no castigaría la ciudad ni a sus habitantes. Jonás se enojó al contemplar la piedad de su Dios y el hecho de que su profecía no se cumpliera, por lo que se marchó de la ciudad disgustado. Dios lo reprendió por su falta de compasión hacia los muchos miles de personas y animales de Nínive, pero al final lo alecciona.
III. Cuando tengo una visión negativa de mí
Muchas personas son inconcientes de sus modelos de pensamientos diarios y lo que hacen es permanecer en círculos cerrados de pensamientos negativos: eso no lo puedo hacer, no soy una buena persona, nadie me quiere, ¿por qué siempre me pasarán cosas malas a mí? Pero esto lo ven los que están a cierta distancia de la persona en cuestión, al propio afectado esto no es tan apreciable. Y lo es entre otras cosas porque no se escucha sus propias palabras. Los mensajes que nos enviamos a nosotros mismos son de importancia vital para edificar nuestra propia imagen. P. e. que torpe soy, ¿quién me mandaría a mi a meterme en este lío?
El éxito y el fracaso no llueven desde el cielo. Lo que hacemos y lo que dejamos de hacer repercute a la largo de nuestra vida. Las personas resilientes saben que no pueden estar en todos los sitios, que no pueden hacerlo todo, que alguna vez cometen errores y esto no tiene porque afectar su autoestima. Las personas con una visión negativa de la vida no se quieren o quieren a la persona que no son.
Preguntas 1: ¿Por qué Jonás no quiere ir a Nínive?
IV. ¿Puedo cambiar la visión negativa que tengo del mundo?
Nuestra realidad social no ayuda mucho a tener una visión positiva de la vida. Las noticias en la televisión, los rumores y las novedades se encargan de hacer hincapié en los aspectos más negativos del mundo. Las malas noticias no solo nos irritan, sino que nos ponen a la defensiva y nos infunden miedo. Y es así como aflora la idea nuestra de que vivimos en un mundo donde lo que domina es la violencia, el robo, el fraude, las injusticias y la muerte. Por eso dejamos a los idealistas y románticos soñar con un mundo mejor, pero nosotros no nos damos permiso para ello.
Pregunta2: ¿Qué visión tenía Jonás de los habitantes de Nínive?
Algunas personas le dan una importancia tremenda a lo que comen, pues piensan que lo que comen influye de alguna manera en su cuerpo. Pero casi nadie se preocupa por lo que piensa. Nadie le presta atención a su alimentación mental. Y la verdad es que nos atiborramos de comida basura para la mente y después nos preguntamos: Por qué me siento triste? ¿Por qué estoy deprimido?¿Por qué estoy enojado? No se trata de negar nuestra realidad diaria, sino prestar atención a lo que permitimos que entre en nuestra manera de pensar. Sólo cuando cobramos conciencia de lo positivo en nuestras vidas podremos encontrar las fuerzas necesarias para emprender empresas, hacer cambios, dejarte oír, tener paz.
Los optimistas y los pesimistas tienen algo en común: antes o después ambos tienen razón. Lo que marca la diferencia es el interludio. Cuando las cosas van bien los optimistas se alegran; los pesimistas no son infelices. Cuando las cosas se tuercen los optimistas están descontentos; los pesimistas no sólo han confirmado sus temores sino que se sientes aún más descontentos. En resumen; los optimistas no siempre están alegres; pero los pesimistas no lo están nunca. ¿Por cuál de estas dos actitudes te inclinas tú?
Pregunta 3: ¿por qué al final del relato Jonás se queda solo y aislado?
Próximo tema: Miriam o los caminos hacia la aceptación. Ex. 15: 20-21
Miércoles 27 Abril 2011
I. Introducción
Caso 1: Hoy soy una persona bastante negativa, pero antes no era así. Quizás en los últimos veinte años me han pasado cosas muy buenas y otras muy malas. Por razones de las que no soy muy consciente se han ido apoderando de mi mente pensamientos negativos. Parece como si todo lo que me hubiera ocurrido fuera malo, no soy capaz de recordad cosas buenas ni mostrarme agradecido. Al principio eran unas pocas ideas, pero progresivamente han ido incrementándose, invadiendo mi trabajo, mi familia, mis vecinos, mi corazón.
Caso 2: No era consciente del peso de mis pensamientos negativos hasta hace poco. Hace unos días los conté. Cada vez que me venía un pensamiento negativo lo apuntaba. En sólo dos horas llegué a 104 pensamientos negativos. En el fondo he estado pensando como afectan a mi vida los pensamientos negativos y puedo decirte que: me agotan, me hace infeliz, me aíslan, me convierten en pesimista, me anulan cualquier motivación, me contrarrestan la alegría y la energía, me restan posibilidades en mi trabajo, me convierten en impopular entre mis compañeros, los traslado a los seres más queridos, "los educo en la negatividad". Afectan a mi familia de forma muy diversa, van creando barreras con mis hijos, perjudican a mi pareja, le quitan ilusión, entusiasmo, alegría, me impide ver oportunidades y potencialidades, me sumen en un marco de perjuicios, riesgos, me llevan a un concepto del mundo en el que apenas merece vivir, cada vez río menos, me disgusto más, incluso por tonterías. Me irrito cada vez con más gente y con más facilidad, me afecta a la salud y me acaban deprimiendo.
II. Jonás
El libro da cuenta del profeta Jonás y relata una historia en la cual Dios manda a Jonás a predicar al pueblo de Nínive, la capital de Asiria para persuadirlos de arrepentirse de su maldad o de lo contrario su ciudad quedaría destruida. Jonás se negó a obedecer y al principio huye de la presencia de Dios embarcándose rumbo a Tarsis, pero en el camino Dios prepara una tempestad y los tripulantes al saber que huían de Dios lo arrojan al mar en medio de la tempestad.
Entonces Dios envió un gran pez para que se tragara a Jonás. Después de tres días de permanecer en el vientre del pez durante los cuales Jonás oró, Dios dio la orden de que el pez vomitara a Jonás, arrojándolo a tierra firme.
Después de esto, Jonás recibió por segunda vez la orden de Dios de ir a predicar a Nínive. Jonás accedió y en esa ciudad anunció la destrucción inminente para temor de todos sus habitantes: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida». El Rey de la ciudad, al enterarse sobre dicho designio, ordenó el ayuno de toda la población. Al presenciar el arrepentimiento masivo de la población de Nínive, Dios decidió que no castigaría la ciudad ni a sus habitantes. Jonás se enojó al contemplar la piedad de su Dios y el hecho de que su profecía no se cumpliera, por lo que se marchó de la ciudad disgustado. Dios lo reprendió por su falta de compasión hacia los muchos miles de personas y animales de Nínive, pero al final lo alecciona.
III. Cuando tengo una visión negativa de mí
Muchas personas son inconcientes de sus modelos de pensamientos diarios y lo que hacen es permanecer en círculos cerrados de pensamientos negativos: eso no lo puedo hacer, no soy una buena persona, nadie me quiere, ¿por qué siempre me pasarán cosas malas a mí? Pero esto lo ven los que están a cierta distancia de la persona en cuestión, al propio afectado esto no es tan apreciable. Y lo es entre otras cosas porque no se escucha sus propias palabras. Los mensajes que nos enviamos a nosotros mismos son de importancia vital para edificar nuestra propia imagen. P. e. que torpe soy, ¿quién me mandaría a mi a meterme en este lío?
El éxito y el fracaso no llueven desde el cielo. Lo que hacemos y lo que dejamos de hacer repercute a la largo de nuestra vida. Las personas resilientes saben que no pueden estar en todos los sitios, que no pueden hacerlo todo, que alguna vez cometen errores y esto no tiene porque afectar su autoestima. Las personas con una visión negativa de la vida no se quieren o quieren a la persona que no son.
Preguntas 1: ¿Por qué Jonás no quiere ir a Nínive?
IV. ¿Puedo cambiar la visión negativa que tengo del mundo?
Nuestra realidad social no ayuda mucho a tener una visión positiva de la vida. Las noticias en la televisión, los rumores y las novedades se encargan de hacer hincapié en los aspectos más negativos del mundo. Las malas noticias no solo nos irritan, sino que nos ponen a la defensiva y nos infunden miedo. Y es así como aflora la idea nuestra de que vivimos en un mundo donde lo que domina es la violencia, el robo, el fraude, las injusticias y la muerte. Por eso dejamos a los idealistas y románticos soñar con un mundo mejor, pero nosotros no nos damos permiso para ello.
Pregunta2: ¿Qué visión tenía Jonás de los habitantes de Nínive?
Algunas personas le dan una importancia tremenda a lo que comen, pues piensan que lo que comen influye de alguna manera en su cuerpo. Pero casi nadie se preocupa por lo que piensa. Nadie le presta atención a su alimentación mental. Y la verdad es que nos atiborramos de comida basura para la mente y después nos preguntamos: Por qué me siento triste? ¿Por qué estoy deprimido?¿Por qué estoy enojado? No se trata de negar nuestra realidad diaria, sino prestar atención a lo que permitimos que entre en nuestra manera de pensar. Sólo cuando cobramos conciencia de lo positivo en nuestras vidas podremos encontrar las fuerzas necesarias para emprender empresas, hacer cambios, dejarte oír, tener paz.
Los optimistas y los pesimistas tienen algo en común: antes o después ambos tienen razón. Lo que marca la diferencia es el interludio. Cuando las cosas van bien los optimistas se alegran; los pesimistas no son infelices. Cuando las cosas se tuercen los optimistas están descontentos; los pesimistas no sólo han confirmado sus temores sino que se sientes aún más descontentos. En resumen; los optimistas no siempre están alegres; pero los pesimistas no lo están nunca. ¿Por cuál de estas dos actitudes te inclinas tú?
Pregunta 3: ¿por qué al final del relato Jonás se queda solo y aislado?
Próximo tema: Miriam o los caminos hacia la aceptación. Ex. 15: 20-21
lunes, 25 de abril de 2011
Un nuevo inicio.
Juan 20: 19-31
Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero ya no está Jesús con ellos. En la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. No pueden escuchar sus palabras llenas de fuego. No pueden verlo bendiciendo con ternura a los desgraciados. ¿A quién seguirán ahora?
Está anocheciendo en Jerusalén y también en su corazón. Nadie los puede consolar de su tristeza. Poco a poco, el miedo se va apoderando de todos, pero no le tienen a Jesús para que fortalezca su ánimo. Lo único que les da cierta seguridad es «cerrar las puertas». Ya nadie piensa en salir por los caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Sin Jesús, ¿cómo van a contagiar su Buena Noticia?
El evangelista Juan describe de manera insuperable la transformación que se produce en los discípulos cuando Jesús, lleno de vida, se hace presente en medio de ellos. El Resucitado está de nuevo en el centro de su comunidad de seguidores. Así ha de ser para siempre. Con él todo es posible: liberarse del miedo, abrir las puertas y poner en marcha la evangelización.
Según el relato, lo primero que infunde Jesús a su comunidad es su paz. Ningún reproche por haberlo abandonado, ninguna queja ni reprobación. Sólo paz y alegría. Los discípulos sienten su aliento creador. Todo comienza de nuevo. Impulsados por su Espíritu, seguirán colaborando a lo largo de los siglos en el mismo proyecto salvador que el Padre encomendó a Jesús.
Lo que necesita hoy la Iglesia no es sólo reformas religiosas y llamadas a la comunión. Necesitamos experimentar en nuestras comunidades un "nuevo inicio" a partir de la presencia viva de Jesús en medio de nosotros. Sólo él ha de ocupar el centro de la Iglesia. Sólo él puede impulsar la comunión. Sólo él puede renovar nuestros corazones.
No bastan nuestros esfuerzos y trabajos. Es Jesús quien puede desencadenar el cambio de horizonte, la liberación del miedo y los recelos, el clima nuevo de paz y serenidad que tanto necesitamos para abrir las puertas y ser capaces de compartir el Evangelio con los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Pero hemos de aprender a acoger con fe su presencia en medio de nosotros. Cuando Jesús vuelve a presentarse a los ocho días, el narrador nos dice que todavía las puertas siguen cerradas. No es sólo Tomás quien ha de aprender a creer con confianza en el Resucitado. También los demás discípulos han de ir superando poco a poco las dudas y miedos que todavía les hacen vivir con las puertas cerradas a la evangelización.
José Antonio Pagola
Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero ya no está Jesús con ellos. En la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. No pueden escuchar sus palabras llenas de fuego. No pueden verlo bendiciendo con ternura a los desgraciados. ¿A quién seguirán ahora?
Está anocheciendo en Jerusalén y también en su corazón. Nadie los puede consolar de su tristeza. Poco a poco, el miedo se va apoderando de todos, pero no le tienen a Jesús para que fortalezca su ánimo. Lo único que les da cierta seguridad es «cerrar las puertas». Ya nadie piensa en salir por los caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Sin Jesús, ¿cómo van a contagiar su Buena Noticia?
El evangelista Juan describe de manera insuperable la transformación que se produce en los discípulos cuando Jesús, lleno de vida, se hace presente en medio de ellos. El Resucitado está de nuevo en el centro de su comunidad de seguidores. Así ha de ser para siempre. Con él todo es posible: liberarse del miedo, abrir las puertas y poner en marcha la evangelización.
Según el relato, lo primero que infunde Jesús a su comunidad es su paz. Ningún reproche por haberlo abandonado, ninguna queja ni reprobación. Sólo paz y alegría. Los discípulos sienten su aliento creador. Todo comienza de nuevo. Impulsados por su Espíritu, seguirán colaborando a lo largo de los siglos en el mismo proyecto salvador que el Padre encomendó a Jesús.
Lo que necesita hoy la Iglesia no es sólo reformas religiosas y llamadas a la comunión. Necesitamos experimentar en nuestras comunidades un "nuevo inicio" a partir de la presencia viva de Jesús en medio de nosotros. Sólo él ha de ocupar el centro de la Iglesia. Sólo él puede impulsar la comunión. Sólo él puede renovar nuestros corazones.
No bastan nuestros esfuerzos y trabajos. Es Jesús quien puede desencadenar el cambio de horizonte, la liberación del miedo y los recelos, el clima nuevo de paz y serenidad que tanto necesitamos para abrir las puertas y ser capaces de compartir el Evangelio con los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Pero hemos de aprender a acoger con fe su presencia en medio de nosotros. Cuando Jesús vuelve a presentarse a los ocho días, el narrador nos dice que todavía las puertas siguen cerradas. No es sólo Tomás quien ha de aprender a creer con confianza en el Resucitado. También los demás discípulos han de ir superando poco a poco las dudas y miedos que todavía les hacen vivir con las puertas cerradas a la evangelización.
José Antonio Pagola
sábado, 23 de abril de 2011
¿Y si Cristo no resucitó?
Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe. I Cor 15:14.
¿Cómo es la resurrección? No lo sabemos, y está bien un poco de misterio en la vida de vez en cuando, pues esto nos recuerda que algo se escapa a nuestra intelectualidad y nuestro afán de control.
Somos poco conscientes, pero en la vida resucitamos muchas más veces de las que creemos. Todas esas etapas que pasamos malas, por las cuestiones que sean, y que nos permiten saborear posteriormente de manera profunda los buenos momentos de la vida, son pequeñas pasiones que evidentemente conllevan resurrecciones.
En estas situaciones, Cristo siempre está con nosotros, pero su presencia, tan peculiar y real, muchas veces se da en la ausencia más total. Y no es que Él se vaya, es que cuánto más cerca lo tenemos, menos lo “vemos” y si no que se lo pregunten a los apóstoles, que lo acompañaron durante toda su vida pública sin entender nada y cuando resucita y no le ven, empiezan a encajar las piezas. Lo mismo que los discípulos de Emaús, que lo sintieron de verdad en la ausencia, tras haber caminado juntos.
Aquí entramos en el misterio más hondo de la fe, porque la comunión más profunda e íntima con Cristo siempre sucede en la ausencia. Hay muchas cosas de la vida pública de Jesús que nos llaman la atención, nos resultan chocantes y todo lo que queramos, pero Él está ahí. Tras la resurrección está, pero ya no hay manera de “verle” y gracias a esa ausencia, paradójicamente, lo podemos tener más cerca.
Inexplicable pero es así. Tampoco sabemos nada de cómo será esa resurrección nuestra. Todas las imágenes que podemos utilizar pueden ser válidas como meras y lejanas aproximaciones a esa realidad que viviremos algún día y que otros disfrutan ya.
Esto no debe llevarnos a no decir nada sobre la Resurrección. Tenemos que anunciar la Resurrección de Cristo de manera que la gente mire y vea, que es muy importante. Podemos decir: Christos anesti. Anunciar la Resurrección a creyentes y no creyentes es decirles que Dios sigue de nuestra parte que quiere que nos desarrollemos como personas en igualdad y respeto con la tarea de hacer del mundo un lugar justo y de la Iglesia un signo de la cercanía de Dios.
Es decir que la forma de comportarse Jesús, se ha convertido en el barómetro con que medir nuestro propio comportamiento y la doctrina que transmitimos. Es decir que los cuerpos de los seres que amamos están destinados a la vida, a la alegría y que todos brillaron un poquito ya, en aquel amanecer de la Resurrección de Cristo.
Es decir que si Jesús ha resucitado, todo ha comenzado a crecer hacia la plenitud y pese a los horrores del mundo y de la vida, cualquier logro positivo, por pequeño que sea, es un anuncio de Resurrección. Es decir que Jesús está, que sigue, que nunca se fue y que anima a todos aquellos que, en cualquier parcela de la vida, hacen lo posible por mostrar los efectos de la Resurrección. Estos efectos tienen de hecho muchas facetas, todas positivas. Es verdad que todos no podemos participar en todas, para eso Dios nos ha dado a cada uno dones diferentes, pero hay una en la que sí podríamos hacerlo aunque se nos ha apoderado tanto el Viernes Santo que nos cuesta vivir, que no sabemos vivir la fiesta, la gran fiesta de la Resurrección.
Celebramos nuestra gran fiesta. Christos anesti. Para manifestar algo, hay que sentirlo y sentirlo desde lo hondo de nuestro ser y existir. ¿Podríamos afirmar con rotundidad que en nuestro culto de Resurrección estamos celebrando la alegría? La liturgia tiene que cumplir su función principal que es el encuentro en profundidad con el Dios del júbilo.
Todas esas pequeñas resurrecciones que hemos experimentado, nos han causado una gran alegría, incomparable por otra parte, con la alegría de la Resurrección, pero podemos decir que hemos experimentado el gozo y el placer y encontramos la manera de manifestarlo a los demás. Pero con el centro nuclear de nuestra fe, con la Resurrección de Cristo, que es también la nuestra, encontramos cierta dificultad para manifestar la alegría.
Alguien tachado de persona poco alegre como Lutero describía el cielo como “el lugar en el que el hombre jugará con el cielo y la tierra, el sol y todas las criaturas” y añadía “y todas las criaturas conocerán el placer, el amor, la alegría contigo y Tú con ellos, incluso corporalmente”. ¿Por qué no vivir el cielo aquí, ahora en la tierra y manifestarlo? ¿Por qué dejar el gozo y el placer de la Resurrección siempre para después y no manifestarla ya?
Otro teólogo, Chenu decía que la tragedia de la teología era su divorcio del poeta, del bailarín, del músico, del pintor, del actor… de todos aquellos que participan y nos invitan a la fiesta. La fiesta, la alegría… ¡Resurrección!
Gracias a los sermonesde Basilio de Cesarea en el siglo IV, sabemos que en la celebración de la Resurrección, las mujeres bailaban sobre las tumbas, y sin velo, para manifestar en la comunidad y a la comunidad, la alegría de la Resurrección de Cristo. ¿Dónde hemos dejado la espontaneidad? Hablamos en voz baja, decimos, muy bajito: ¡Cristo ha resucitado, aleluya! ¿Es así como buscamos y anunciamos al Dios vivo? ¿Es que no tenemos deseo de Dios? Por Cristo resucitado, ¡que la ética no nos anule la estética de la celebración!
Decía Joseph de Maestre que la razón solo puede hablar, que es el amor el que canta, y yo añadiría, y le cuerpo el que expresa. Nuestras celebraciones y más en este día tan especial, deben dejar que el cuerpo goce, que se manifieste, que exprese lo que sentimos, porque sentimos la Resurrección, ¿verdad?
Jesús proclamó bienaventurados a todos los desgraciados de la tierra. En Él se cumplen todos los sueños del hombre, porque es el Camino, la Verdad y la Vida y como siempre, no hizo nada para sí sino que resucitó para nosotros. Sabemos que Jesús disfrutaba de la vida y no era reacio a participar de la fiesta.
No le hagamos a Dios esta jugada, porque no estamos celebrando sólo para ahora, celebramos también para el futuro. La Resurrección nos desinstala de la comodidad del día a día, nos abre horizontes dignos de ser explorados, experienciados, comunicados a los demás. A nadie le podremos explicar como fue el hecho de la resurrección de Cristo ni cómo será la nuestra, pero sí le podremos decir que no lo deje todo para el final, que la seguridad del más allá tiene que removernos a vivir aquí de manera plena aceptando los retos, las inquietudes, las esperanzas…
Rompamos el cascarón nosotros y manifestemos la alegría, que quien nos vea, vea que creemos en la Resurrección, que estamos de fiesta, que lo celebramos y lo manifestamos porque de verdad lo sentimos. Y proclamemos juntos: ¡HA RESUCITADO! ¡ALELUYA!
Cristina Inogues
¿Cómo es la resurrección? No lo sabemos, y está bien un poco de misterio en la vida de vez en cuando, pues esto nos recuerda que algo se escapa a nuestra intelectualidad y nuestro afán de control.
Somos poco conscientes, pero en la vida resucitamos muchas más veces de las que creemos. Todas esas etapas que pasamos malas, por las cuestiones que sean, y que nos permiten saborear posteriormente de manera profunda los buenos momentos de la vida, son pequeñas pasiones que evidentemente conllevan resurrecciones.
En estas situaciones, Cristo siempre está con nosotros, pero su presencia, tan peculiar y real, muchas veces se da en la ausencia más total. Y no es que Él se vaya, es que cuánto más cerca lo tenemos, menos lo “vemos” y si no que se lo pregunten a los apóstoles, que lo acompañaron durante toda su vida pública sin entender nada y cuando resucita y no le ven, empiezan a encajar las piezas. Lo mismo que los discípulos de Emaús, que lo sintieron de verdad en la ausencia, tras haber caminado juntos.
Aquí entramos en el misterio más hondo de la fe, porque la comunión más profunda e íntima con Cristo siempre sucede en la ausencia. Hay muchas cosas de la vida pública de Jesús que nos llaman la atención, nos resultan chocantes y todo lo que queramos, pero Él está ahí. Tras la resurrección está, pero ya no hay manera de “verle” y gracias a esa ausencia, paradójicamente, lo podemos tener más cerca.
Inexplicable pero es así. Tampoco sabemos nada de cómo será esa resurrección nuestra. Todas las imágenes que podemos utilizar pueden ser válidas como meras y lejanas aproximaciones a esa realidad que viviremos algún día y que otros disfrutan ya.
Esto no debe llevarnos a no decir nada sobre la Resurrección. Tenemos que anunciar la Resurrección de Cristo de manera que la gente mire y vea, que es muy importante. Podemos decir: Christos anesti. Anunciar la Resurrección a creyentes y no creyentes es decirles que Dios sigue de nuestra parte que quiere que nos desarrollemos como personas en igualdad y respeto con la tarea de hacer del mundo un lugar justo y de la Iglesia un signo de la cercanía de Dios.
Es decir que la forma de comportarse Jesús, se ha convertido en el barómetro con que medir nuestro propio comportamiento y la doctrina que transmitimos. Es decir que los cuerpos de los seres que amamos están destinados a la vida, a la alegría y que todos brillaron un poquito ya, en aquel amanecer de la Resurrección de Cristo.
Es decir que si Jesús ha resucitado, todo ha comenzado a crecer hacia la plenitud y pese a los horrores del mundo y de la vida, cualquier logro positivo, por pequeño que sea, es un anuncio de Resurrección. Es decir que Jesús está, que sigue, que nunca se fue y que anima a todos aquellos que, en cualquier parcela de la vida, hacen lo posible por mostrar los efectos de la Resurrección. Estos efectos tienen de hecho muchas facetas, todas positivas. Es verdad que todos no podemos participar en todas, para eso Dios nos ha dado a cada uno dones diferentes, pero hay una en la que sí podríamos hacerlo aunque se nos ha apoderado tanto el Viernes Santo que nos cuesta vivir, que no sabemos vivir la fiesta, la gran fiesta de la Resurrección.
Celebramos nuestra gran fiesta. Christos anesti. Para manifestar algo, hay que sentirlo y sentirlo desde lo hondo de nuestro ser y existir. ¿Podríamos afirmar con rotundidad que en nuestro culto de Resurrección estamos celebrando la alegría? La liturgia tiene que cumplir su función principal que es el encuentro en profundidad con el Dios del júbilo.
Todas esas pequeñas resurrecciones que hemos experimentado, nos han causado una gran alegría, incomparable por otra parte, con la alegría de la Resurrección, pero podemos decir que hemos experimentado el gozo y el placer y encontramos la manera de manifestarlo a los demás. Pero con el centro nuclear de nuestra fe, con la Resurrección de Cristo, que es también la nuestra, encontramos cierta dificultad para manifestar la alegría.
Alguien tachado de persona poco alegre como Lutero describía el cielo como “el lugar en el que el hombre jugará con el cielo y la tierra, el sol y todas las criaturas” y añadía “y todas las criaturas conocerán el placer, el amor, la alegría contigo y Tú con ellos, incluso corporalmente”. ¿Por qué no vivir el cielo aquí, ahora en la tierra y manifestarlo? ¿Por qué dejar el gozo y el placer de la Resurrección siempre para después y no manifestarla ya?
Otro teólogo, Chenu decía que la tragedia de la teología era su divorcio del poeta, del bailarín, del músico, del pintor, del actor… de todos aquellos que participan y nos invitan a la fiesta. La fiesta, la alegría… ¡Resurrección!
Gracias a los sermonesde Basilio de Cesarea en el siglo IV, sabemos que en la celebración de la Resurrección, las mujeres bailaban sobre las tumbas, y sin velo, para manifestar en la comunidad y a la comunidad, la alegría de la Resurrección de Cristo. ¿Dónde hemos dejado la espontaneidad? Hablamos en voz baja, decimos, muy bajito: ¡Cristo ha resucitado, aleluya! ¿Es así como buscamos y anunciamos al Dios vivo? ¿Es que no tenemos deseo de Dios? Por Cristo resucitado, ¡que la ética no nos anule la estética de la celebración!
Decía Joseph de Maestre que la razón solo puede hablar, que es el amor el que canta, y yo añadiría, y le cuerpo el que expresa. Nuestras celebraciones y más en este día tan especial, deben dejar que el cuerpo goce, que se manifieste, que exprese lo que sentimos, porque sentimos la Resurrección, ¿verdad?
Jesús proclamó bienaventurados a todos los desgraciados de la tierra. En Él se cumplen todos los sueños del hombre, porque es el Camino, la Verdad y la Vida y como siempre, no hizo nada para sí sino que resucitó para nosotros. Sabemos que Jesús disfrutaba de la vida y no era reacio a participar de la fiesta.
No le hagamos a Dios esta jugada, porque no estamos celebrando sólo para ahora, celebramos también para el futuro. La Resurrección nos desinstala de la comodidad del día a día, nos abre horizontes dignos de ser explorados, experienciados, comunicados a los demás. A nadie le podremos explicar como fue el hecho de la resurrección de Cristo ni cómo será la nuestra, pero sí le podremos decir que no lo deje todo para el final, que la seguridad del más allá tiene que removernos a vivir aquí de manera plena aceptando los retos, las inquietudes, las esperanzas…
Rompamos el cascarón nosotros y manifestemos la alegría, que quien nos vea, vea que creemos en la Resurrección, que estamos de fiesta, que lo celebramos y lo manifestamos porque de verdad lo sentimos. Y proclamemos juntos: ¡HA RESUCITADO! ¡ALELUYA!
Cristina Inogues
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