martes, 12 de agosto de 2014

En medio de la crisis.

Mateo 14:22-33

No es difícil ver en la barca de los discípulos de Jesús, sacudida por las olas y desbordada por el fuerte viento en contra, la figura de la Iglesia actual, amenazada desde fuera, por toda clase de fuerzas adversas, y tentada desde dentro, por el miedo y la poca fe. ¿Cómo leer este relato evangélico desde la crisis en la que la Iglesia parece hoy naufragar?

Según el evangelista, Jesús se acerca a la barca caminando sobre el agua. Los discípulos no son capaces de reconocerlo en medio de la tormenta y la oscuridad de la noche. Les parece un fantasma. El miedo los tiene aterrorizados. Lo único real es aquella fuerte tempestad.

Este es nuestro primer problema. Estamos viviendo la crisis de la Iglesia contagiándonos unos a otros desaliento, miedo y falta de fe. No somos capaces de ver que Jesús se nos está acercando precisamente desde esta fuerte crisis. Nos sentimos más solos e indefensos que nunca.

Jesús les dice tres palabras: Ánimo. Soy yo. No temáis. Solo Jesús les puede hablar así. Pero sus oídos solo oyen el estruendo de las olas y la fuerza del viento. Este es también nuestro error. Si no escuchamos la invitación de Jesús a poner en él nuestra confianza incondicional, ¿a quién acudiremos?

Pedro siente un impulso interior y sostenido por la llamada de Jesús, salta de la barca y se dirige hacia Jesús andando sobre las aguas. Así hemos de aprender hoy a caminar hacia Jesús en medio de la crisis: apoyándonos, no en el poder, el prestigio y las seguridades del pasado, sino en el deseo de encontrarnos con Jesús en medio de la oscuridad y las incertidumbres de estos tiempos.

No es fácil. También nosotros podemos vacilar y hundirnos como Pedro. Pero lo mismo que él, podemos experimentar que Jesús extiende su mano y nos salva mientras nos dice: Hombres de poca fe, ¿por qué dudáis?.

¿Por qué dudamos tanto? ¿Por qué no estamos aprendiendo apenas nada nuevo de la crisis? ¿Por qué seguimos buscando falsas seguridades para sobrevivir dentro de nuestras comunidades, sin aprender a caminar con fe renovada hacia Jesús en el interior mismo de la sociedad secularizada de nuestros días?

Esta crisis no es el final de la fe cristiana. Es la purificación que necesitamos para liberarnos de intereses mundanos, triunfalismos engañosos y deformaciones que nos han ido alejando de Jesús a lo largo de los siglos. Él está actuando en esta crisis. Él nos está conduciendo hacia una Iglesia más evangélica. Reavivemos nuestra confianza en Jesús. No tengamos miedo.

Joseé Antonio Pagola

jueves, 24 de julio de 2014

Cuando el pastor fracasa.

Como predicador joven y dinámico en una gran iglesia, J. R Briggs sintió que Dios lo llamaba a iniciar una nueva iglesia. Poco a poco, la iglesia creció, pero su crecimiento con el tiempo se estancó. La decepción le llevó a fundar una reunión para pastores y líderes que buscan entender cómo Dios obra a través del fracaso personal. Briggs fie entrevistado por Drew Dyck, jefe de redacción del Diario de Liderazgo.

¿Por qué un tema que la mayoría de las iglesias no quieren hablar?
Todo comenzó con la asistencia a una conferencia de pastores. Los conferenciantes eran pastores muy conocidos, de iglesias grandes, pero allí, a los pastores que tenían un ministerio pobre o discreto  nunca fueron invitados a compartir sus experiencias. En este evento la mayoría de los temas eran sobre el éxito y la obtención de resultados visibles. Yo estaba pasando por una temporada dolorosa del ministerio pastoral. Necesitaba algo que no me quitara el aliento o que no añadiera una especie de vértigo a mi vida espiritual. Quería hablar con honestidad. Necesitaba una reunión, como la de Alcohólicos Anónimos para los pastores, pero no hubo tiempo para tal cosa.
Muchos pastores, ex-pastores y líderes cristianos asisten a este tipo de evento con desesperanza. Así que busqué un espacio. Yo no estaba tratando de crear otro ministerio para pastores. Yo simplemente deseaba un espacio en el que nadie se asuste por las deficiencias de los otros pecadores, aunque los esos pecadores sean pastores de iglesias.

¿Nuestros problemas con la insuficiencia pastoral provienen de falsas nociones de éxito?
No me gusta usar la palabra éxito cuando se habla de pastores. Prefiero usar palabras como la salud, la fidelidad y la obediencia. Nuestra cultura está obsesionada con el éxito, y la iglesia no es inmune a ello. Los pastores están rodeados por tentaciones que les invitan a perseguir las cosas equivocadas. Tenemos que darnos un tiempo para definir la forma en que queremos buscar el significado del éxito en el ministerio pastoral y el del fracaso, y luego enfrentarlo a las Escrituras. Eugene Peterson escribió: El hecho bíblico es que no hay iglesias exitosas. Hay, en cambio, las comunidades de los pecadores. En estas comunidades de los pecadores, uno de los pecadores es llamado pastor.

¿Qué les dices a los pastores que se sienten fracasados?
Yo sólo escucho. Y es que los pastores tienen, en raras ocasiones, alguien que les va a escuchar de verdad en esos momentos de profundo dolor. Eventualmente podría animarles a que busquen la gracia que predican desde los púlpitos para sus propias vidas. Pero sobre todo, les recuerdo que nuestro valor no está atado en lo que hacemos mal o en lo bien que lo hacemos. A menudo les recuerdo a ellos, y me recuerdo a mí mismo,  que Jesús no nos dirá nunca: Eres un buen siervo y alguien exitoso. También les animo a acampar entre los Salmos. He encontrado en Los Salmos un poder curativo.

¿Deben ser los pastores transparentes en sus fracasos?
Equilibrar la sabiduría y el valor es crucial. Los pastores deben ser ejemplo de sabiduría y valentía. Y todo ello con transparencia hacia los que estamos llamados a servir. Henri Nouwen escribió que los pastores son las personas que menos se confiesan en la iglesia. Y creo que tenía razón. Son pocos os pastores que mantienen unas relaciones cercanas e íntimas donde pueden tener conversaciones honestas, donde nada está fuera de los límites.
Se ha dicho que si  predicas desde la debilidad, tú nunca se quedará sin material para un sermón dominical. Más importante aún, es la gracia, y no el pastor. Es la gracia la que ha de ocupar un lugar central. En lugar de escuchar a personas comentando: El pastor es muy simpático o El un líder tan carismático, prefiero escuchar  cosas como: Dios es misericordioso o El amor de Dios es tan fuera de lo común.
Para muchos cristianos, un fallo pastoral significa el fin del ministerio. Para otros es salir adelante y ser más eficaz. ¿Qué hace la diferencia? Mi amigo Stephen Burrell hizo su tesis sobre el fracaso del ministerio pastoral por cuestiones no relacionadas con la moral. Hizo cientos de entrevistas a pastores y a ex pastores que fallaron en sus maneras de entender la eclesiología. Mientras que todos manejamos el fracaso más o menos de la misma manera, Burrell se dio cuenta de la existencia de algunos patrones entre los que frente al fracaso pudieron seguir adelante.
Algunos hábitos no fueron sorprendentes para los que escuchamos sus conclusiones. Los pastores que se sobrepusieron al fracaso tenían un sistema de apoyo o mentores en su trabajo pastoral, y se acercaban a Dios mediante la oración, la soledad, y la lectura de las Escrituras. Pero había tres elementos sorprendentes en este análisis. En primer lugar, la mayoría de los afectados no podía recuperarse inmediatamente. Necesitaban de un tiempo para llorar y sanar las heridas. En segundo lugar, desarrollaron relaciones importantes con personas no cristianos antes de volver a conectar con la comunidad cristiana. Estas amistades parecían ayudar al proceso de curación. Y por último, experimentaron un gran progreso espiritual. Podrían mirar hacia sin temor y experimentaban la presencia del Espíritu Santo en el trabajo. Estas experiencias les permitían dejar a un lado el resentimiento, perdonar y comenzar a vivir la esperanza.

Richard Rohr habla de la autoridad de los que han sufrido. ¿El fracaso crear mejores ministros?

Los pastores con heridas profundas tienden a ser más amables y tiernos en su ministerio. El fracaso es una clara invitación a ver las formas más profundas de la gracia en nuestra vida. Podremos llegar a ser mejores pastores después de una crisis, pero sólo si manejamos nuestra vida con la gracia y la verdad necesaria. Nuestra vida no solo está expuesta ante los demás. También nuestra manera de levantarnos después de una caída. Y es que parte de la función del pastor es manejar el dolor personal con fidelidad a la luz de la cruz.

martes, 22 de julio de 2014

Las campanas doblan por ti.

¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?  
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente,
una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra,
toda Europa queda disminuida,
como si fuera un promontorio,
o la casa de uno de tus amigos,
o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla;
la muerte de cualquiera me afecta,
porque me encuentro unido a toda la humanidad;
por eso,
nunca preguntes por quién doblan las campanas;

doblan por ti.

John Donne

sábado, 12 de julio de 2014

Seis cosas que no me gustaría que dijeran en mi funeral.

Llegará un día, tal vez antes, tal vez más tarde, cuando el hombre que esté en el ataúd seré yo. Dicen que los muertos no les importa su funeral, pero yo todavía no estoy muerto, así que mientras que todavía estoy vivo, me gustaría tener algo que decir sobre lo que ha de pasar en mi funeral.
Quiero que en mi funeral se diga la verdad de mi fe, la verdad sobre el pecado, la verdad acerca de la muerte, y, sobre todo, la verdad sobre el amor de Dios en Jesucristo.
Así que, por favor, no digan:
1. Él era un buen hombre. No aprovechen mi funeral para evaluar mi vida moral. Por un lado, no soy un santo. Soy culpable como la mayoría de los hombres y mujeres. En segundo lugar, incluso si yo fuera el equivalente masculino de la Madre Teresa, no me elogien. Hablen acerca de la bondad del Espíritu que llama, reúne, ilumina, santifica y nos mantiene en la verdadera fe. No digan Él era un buen hombre, sino nuestro buen Dios amaba a este hombre pecador.
2. Chad…Chad… Chad. Yo no quiero ser el centro de mi propio funeral. Yo no era el centro de la liturgia dominical, así que ¿por qué debería ser diferente durante mi celebración funeral? Y el que aparece una y otra vez, que sea el nombre que está sobre todo nombre: Jesús. Él es el único que ha vencido a la muerte. Él es el único en cuyos brazos me habré muerto. Él es el único, el único, que da esperanza a los afligidos. Permítanme que yo me haga pequeño para que Cristo se haga un gigante.
3. Dios ahora tiene otro ángel. El cielo no me va a deshumanizar. De hecho, una vez que estoy resucitado en el último día, voy a ser más humano que nunca, porque mi alma humana y el cuerpo humano, finalmente estará en un estado glorificado que está libre de pecado. Las personas no se convierten en ángeles cuando mueren y van al cielo. La criatura que somos ahora, seremos para siempre. Dios tiene suficientes ángeles ya. Todo lo que quiere es que los que le han aceptado como Padre estén cerca,en el lugar que Jesús ha preparado para ellos.
4. Nosotros no estamos aquí para llorar la muerte de Chad, sino para celebrar su vida. Las llamadas Celebración de Acción de Gracia  hacen un flaco servicio a los dolientes porque niegan  la muerte. El don de la vida no puede ser aceptada plenamente si no tenemos en cuenta la realidad de la muerte, junto con el pecado, su causa última.
5. Chad no querría que nosotros lloramos. Cuando Lázaro murió, Jesús lloró. Esas lágrimas de un Dios que es completamente humano, que experimentó la tristeza y el dolor también nos dan permiso para llorar la muerte de nuestros seres queridos. Llorar no es negar que nuestro amigo o familiar está con el Señor, sino de reconocer que en este valle de lágrimas aún existe la muerte, siendo la pérdida un trayecto amargo. Pero mientras alguien me quiera llorar, que recuerde que en los nuevos cielos y la nueva tierra, Dios enjugará toda lágrima de sus ojos; y ya no habrá ninguna muerte; habrá dejado de ser llanto, ni clamor, ni dolor.
6. En ese ataúd  sólo está la cáscara de Chad. En verdad en mi ataúd lo que habrá es un cuerpo que se hizo a imagen y semejanza de nuestro Padre y que El  me tejió en el vientre de mi madre. Lo que hay en ese ataúd es el cuerpo que fue bautizado en las aguas para que yo formara parte de la iglesia, el cuerpo de Cristo. Lo que hay en ese ataúd es el cuerpo de un hombre que comió del pan y bebió del vino de la Santa Cena para recordar el sacrificio de Jesús por todos los hombres. Lo que es en ese ataúd es un cuerpo que, cuando la última trompeta suene, va a estallar desde mi tumba como un cuerpo glorificado y listo para reunirme con mi alma. Mi cuerpo es la creación de Dios, una parte esencial de mi identidad como ser humano. No es una concha. No es una carcasa. Es el regalo de Dios para mí. Y un día lo conseguiré de nuevo, vivo, sanar, perfeccionar a ser como el cuerpo resucitado de Jesús.
Por supuesto, siempre hay más cosas que se podrían añadir a esta lista, y tal vez usted desee hacerlo en algún momento. Quiero que mi  funeral se centre en Jesús, que él sea el principio y el fin del mismo. Y es que me preocupo por los que van a asistir al mismo. Y estoy pensando en ellos. Y quiero que tengan la oportunidad de escuchar la buena noticia, especialmente en el contexto de este aleccionador recordatorio de la mortalidad, que ni la muerte, ni la vida, ni cosa alguna en toda la creación, nos puede separar del amor de Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor, porque él es la resurrección y la vida.


Chad Bird

martes, 8 de julio de 2014

Tres llamadas de Jesús.

El evangelio de Mateo ha recogido tres llamadas de Jesús que hemos de escuchar con atención sus seguidores, pues pueden transformar el clima de desaliento, cansancio y aburrimiento que a veces se respira en alguno sectores de nuestras comunidades. “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados. Yo os aliviaré”. Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que viven su religión como una carga pesada. No son pocos los cristianos que viven agobiados por su conciencia. No son grandes pecadores. Sencillamente, han sido educados para tener siempre presente su pecado y no conocen la alegría del perdón contínuo de Dios. Si se encuentran con Jesús, se sentirán aliviados.
Hay también cristianos cansados de vivir su religión como una tradición gastada. Si se encuentran con Jesús, aprenderán a vivir a gusto con Dios. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús, no por obligación sino por atracción.
“Cargad con mi yugo porque es llevadero y mi carga ligera”. Es la segunda llamada. Jesús no agobia a nadie. Al contrario, libera lo mejor que hay en nosotros pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana. No es fácil encontrar un modo más apasionante de vivir.
Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia las leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien.
“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso”.
Es la tercera llamada. Hemos de aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica nuestra vida. La hace más clara y más sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso. No propone nunca a sus seguidores algo que él no haya vivido. Nos invita a seguirlo por el mismo camino que él ha recorrido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.
Hemos de centrar nuestros esfuerzos en promover un contacto más vital con Jesús en tantos hombres y mujeres necesitados de aliento, descanso y paz. Me entristece ver que es precisamente su modo de entender y de vivir la religión lo que conduce a no pocos, casi inevitablemente, a no conocer la experiencia de confiar en Jesús. Pienso en tantas personas que, dentro y fuera de la Iglesia, viven “perdidos”, sin saber a qué puerta llamar. Sé que Jesús podría ser para ellos la gran noticia.
José Antonio Pagola