El problema no es
si te buscas o no más problemas
El problema no es
ser capaz de volver a empezar
El problema no es
vivir demostrando
a uno que te exige
y anda mendigando
El problema no es
repetir el ayer
como fórmula para salvarse.
El problema no es jugar a darse
El problema no es de ocasión
El problema señor
sigue siendo sembrar amor.
El problema no es
de quien vino y se fue o viceversa
El problema no es
de los niños que ostentan papás
El problema no es
de quien saca cuenta y recuenta
y a su bolsillo
suma lo que resta
El problema no es de la moda mundial
ni de que haya tan mala memoria
El problema no queda en la gloria
ni en que falten tesón y sudor
El problema señor
sigue siendo sembrar amor
El problema no es
despeñarse en abismos de ensueño
porque hoy no llegó
al futuro sangrado de ayer
El problema no es
que el tiempo sentencie extravío
cuando hay juventudes
soñando desvíos
El problema no es
darle un hacha al dolor
y hacer leña con todo y la palma
El problema vital es el alma
El problema es de resurrección
El problema señor
será siempre
sembrar amor.
Silvio Rodriguez
jueves, 15 de noviembre de 2012
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Nadie sabe el día.
Marcos 13, 24-32
El mejor conocimiento del
lenguaje apocalíptico, construido de imágenes y recursos simbólicos para hablar
del fin del mundo, nos permite hoy escuchar el mensaje esperanzador de Jesús,
sin caer en la tentación de sembrar angustia y terror en las conciencias.
Un día la historia apasionante
del ser humano sobre la tierra llegará a su final. Esta es la convicción firme
de Jesús. Esta es también la previsión de la ciencia actual. El mundo no es
eterno. Esta vida terminará. ¿Qué va a ser de nuestras luchas y trabajos, de
nuestros esfuerzos y aspiraciones.
Jesús
habla con sobriedad. No quiere alimentar ninguna curiosidad morbosa. Corta de
raíz cualquier intento de especular con cálculos, fechas o plazos. "Nadie
sabe el día o la hora...,sólo el Padre". Nada de psicosis ante el
final. El mundo está en buenas manos. No caminamos hacia el caos. Podemos
confiar en Dios, nuestro Creador y Padre.
Desde esta
confianza total, Jesús expone su esperanza: la creación actual terminará, pero
será para dejar paso a una nueva creación, que tendrá por centro a Cristo
resucitado. ¿Es posible creer algo tan grandioso? ¿Podemos hablar así antes de
que nada haya ocurrido?
Jesús
recurre a imágenes que todos pueden entender. Un día el sol y la luna que hoy
iluminan la tierra y hacen posible la vida, se apagarán. El mundo quedará a
oscuras. ¿Se apagará también la historia de la Humanidad? ¿Terminarán así
nuestras esperanzas?
Según la
versión de Marcos, en medio de esa noche se podrá ver al "Hijo del
Hombre", es decir, a Cristo resucitado que vendrá "con gran
poder y gloria". Su luz salvadora lo iluminará todo. Él será el centro
de un mundo nuevo, el principio de una humanidad renovada para siempre.
Jesús sabe que
no es fácil creer en sus palabras. ¿Cómo puede probar que las cosas sucederán
así? Con una sencillez sorprendente, invita a vivir esta vida como una primavera. Todos conocen la
experiencia: la vida que parecía muerta durante el invierno comienza a
despertar; en las ramas de la higuera brotan de nuevo pequeñas hojas. Todos
saben que el verano está cerca.
Esta vida que
ahora conocemos es como la primavera. Todavía no es posible cosechar. No
podemos obtener logros definitivos. Pero hay pequeños signos de que la vida
está en gestación. Nuestros esfuerzos por un mundo mejor no se perderán. Nadie
sabe el día, pero Jesús vendrá. Con su venida se desvelará el misterio último
de la realidad que los creyentes llamamos Dios.
José Antonio Pagola
sábado, 10 de noviembre de 2012
Mecanismos de manipulación en la iglesia.
La manipulación en las iglesia es una realidad que muchos hemos
observado pero poco se ha analizado. Por eso me permito resumir algunos
aspectos del problema, sin pretender agotar el tema.
Por solicitud de Sociedades Bíblicas de Costa Rica presenté en uno de sus foros bíblicos mensuales el tema delicado y controversial sobre «Mecanismos demanipulación en las iglesias». Es una realidad que muchos hemos observado pero poco se ha analizado. Por eso me permito resumir algunos aspectos del problema, sin pretender agotar el tema.
En sentido literal, según el Diccionario de la Real Academia,
«manipular» significa «operar con las manos o con cualquier instrumento»
(¿algo así como «manosear»?). En su sentido que nos interesa, se define
como «acto de intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros en la
política, en el mercado, en la información, etcétera, con distorsión de
la verdad o la justicia y al servicio de intereses particulares».
Esencial al concepto es el irrespeto a la persona, al derecho y la
autodeterminación de su víctima.Manipular es jugar con el pensamiento,
sentimiento y conducta de otras personas.Cultura de manipulación
Un buen punto de partida puede ser un análisis psicológico del fenómeno de la sugestión. Aquí el sentido de «sugestionar» que nos interesa es el proceso psicológico mediante el cual una persona busca dominar la voluntad de alguien, llevándolo a pensar o actuar de determinada manera (Real Academia; Wikipedia). Según La guía de psicología, «la sugestión es un estado psíquico provocado, en el cual el individuo experimenta las sensaciones e ideas que le son sugeridas y deja de experimentar las que se le indica que no sienta».
Las formas extremas de la sugestión son el hipnotismo y el lavado de cerebro. Pero una forma mucho más común, que permea toda nuestra sociedad moderna, es la propaganda, tanto comercial como política, a veces subliminal (inconsciente; «por debajo del umbral de la conciencia»). La foto de un guapo señor bebiendo Imperial, rodeado de bellas mujeres y otros símbolos de éxito, insinúa la ridícula idea de que beber tal cerveza producirá lo mismos resultados en los televidentes. La propaganda nos evoca, con tremenda sutileza, las ganas de comprar cosas que no necesitamos para nada. La propaganda política gasta millones de dólares para llevarnos a pensar, sin más razones que sus mentiras, que tal candidato o tal proyecto social es lo mejor o lo peor, según el caso. En los ochentas, muchas caricaturas de Daniel Ortega lo representaban con un cigarro grandote, para identificarlo implícitamente con Fidel Castro (aunque Ortega no era fumador y los dos son muy diferentes). Adolfo Hitler, junto a su ministro de propaganda, Paul Joseph Goebels, perfeccionó la ciencia de la propaganda para conducir al mundo a la guerra. El mandamiento de Jesús: «Mirad, pues, cómo oís» (Lc 8.18; Mr 4.24)1, nos impone el deber de permanecer alertas y no dejarnos engañar por ninguna propaganda.
Pastores manipuladores
Cuando uno se despierta a estas realidades, comienza a ver que en las iglesias también se practica sugestión, métodos de propaganda y técnicas hipnotizantes. A veces una prolongada repetición rítmica de determinada frase, a gritos o con variaciones de tono, produce su deseado resultado de una histeria colectiva. Creo que cualquier persona psicóloga, competente en estos temas, lo podría reconocer y analizar.
Por otra parte, las maratónicas de TV Enlace son un constante ejemplo de sugestión. ¿Cómo es posible que en cada maratónica, los locutores y predicadores puedan anunciar invariablemente que «hay una tremenda unción aquí, se siente poderosamente la presencia de Dios aquí»? Cabe la sospecha legítima de que es más bien sugestión, con miras a crear la impresión de algo misterioso y maravilloso para que la gente envíe sus ofrendas. Queda sumamente vago en qué consiste esa «unción», ¿cómo saben que está presente?, y ¿cómo puede ser tan predecible e invariable? Jesús afirmó que el Espíritu sopla donde quiere; verdad que Lutero parafraseó: «el Espíritu Santo actúa cuando, donde y como él quiere» y no cada vez que nosotros lo decidamos, para que después produzcamos por sugestión las sensaciones correspondientes.
Otra forma de manipulación, el chantaje, consiste en emplear promesas o amenazas para someter a las personas. En el sentido más amplio, «el evangelio de las ofertas» y «la teología de la prosperidad», cuando se emplean para provecho personal (que ocurre no infrecuentemente), califican como chantaje o extorsión. Casi siempre estas promesas y amenazas apelan al egoísmo, como cuando se «profetiza» un gran futuro de fama y éxito para personas inseguras («serás el Billy Graham del siglo XXI»). Muy comúnmente estas promesas producen confusión en sus víctimas y les provocan mucho daño.
Intimidar a la gente
Muy relacionada con estos chantajes es la intimidación, cuya expresión más grave son las frecuentes maldiciones que se lanzan contra las personas. Estas maldiciones son el colmo, el acabóse, del chantaje: «o te sometes, o te maldigo». Por falsas que sean, estas maldiciones ejercen una tremenda fuerza para infundir terror y arruinar la vida de las personas. De esas maldiciones he hablado en otros artículos: «Apóstoles y profetas que juegan con maldiciones» y «Una iglesia abusiva»2. A veces estos «profetas» convalidan hechizos venidos del espiritismo en la vida anterior de los acusados.
Muy generalizada en nuestros días es la teología de la sumisión incondicional, una teología de la autoridad absoluta (del apóstol, profeta o pastor) que condena y prohíbe toda crítica. Es un autoritarismo a ultranza más cercano a la curia romana que al Nuevo Testamento.Produce pastores que son dictadores, que pretenden controlar toda la vida de los creyentes.Para enamorarse, casarse, comenzar un plan de estudios (o dejarlo), aceptar un empleo (o rechazarlo o renunciar a él), para todo se necesita el visto bueno del soberano pastor (apóstol, profeta).
El texto áureo para este movimiento autoritario, que ahora aparece por todos lados, es Mateo 7.1: «no juzguéis, para que no seáis juzgados». Otras maneras sagradas son «no toquéis al ungido del Señor» o la murmuración de Miriam y la lepra con que Dios la castigó (vea el artículo «No toques al ungido de Dios», en DesarrolloCristiano.com).
Cuidar el testimonio
Se olvida que Mateo 7.1 condena la criticonería de los fariseos, que pretendían juzgar a los demás sin ser juzgados ellos, que juzgaban la paja en el ojo ajeno sin reconocer la viga en su propio ojo (7.3–5; cf. Ro 2.1). Lejos de prohibir la crítica sana y responsable, en seguida el pasaje nos llama a guardarnos de los falsos profetas, lobos vestidos de ovejas (7.15) y a conocer a todos por sus frutos (7.16–20), no por su palabrería espiritual (7.21–23). Según Juan 7.24 Jesús nos manda «juzgar con justo juicio» (cf. Lc 7.43; cf. 12.57); a los corintios, San Pablo les exhortó a «juzgad vosotros mismos» (10.15; 11.13) y les avisa que «el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie» (ni de «apóstoles» ni de «profetas»; 1Co 2.15; cf. 1Jn 2.27).Con la supresión antibíblica de la sana crítica, estos líderes se aseguran un espacio casi ilimitado para manipular a sus feligreses.Dato curioso es que estos líderes (profetas, «apóstoles»), al igual que los fariseos, se atribuyen la más amplia libertad para criticar a otros, sin permitir que otros los critiquen a ellos.
Nuestra sociedad actual, en su tránsito de la modernidad a la postmodernidad, vive una profunda crisis de la autoridad. Se reconoce cada vez menos la autoridad extrínseca, por el puesto o el título que uno ostenta. En el futuro, los líderes tendrán que ganar cada vez más una autoridad intrínseca, por lo que realmente son, su pensamiento y sus acciones.
El camino más difícil
Pensar con cabeza propia es a veces arriesgado e incómodo, por lo que, en la confusión de los cambios rápidos de nuestra época, muchas personas buscan la seguridad en autoridades que piensen por ellos. Pero eso no es sano y no es la voluntad del Señor.El autoritarismo no ofrece ningún futuro.Una expresión especial de este autoritarismo manipulador es la supuesta autoridad incuestionable de los «profetas». Casi siempre, estos «profetas» comunican, con actitud autoritaria, que su profecía es de origen divino y sería pecado cuestionarla. A menudo la expresión de su cara declara, «yo soy profeta, que no me cuestione nadie». Pero lo bíblico es todo lo contrario: «todos ustedes tienen el Espíritu, juzguemos e interpretemos todos juntos esta palabra que he recibido» (1Tes 5.20–21; 1Cor 14.29). Se repite con mucha liviandad la fórmula «en el nombre del Señor», como si el Señor estuviera a la orden y disposición incondicional de estas personas.
Recuerdo un artículo en Apuntes Pastorales, en que el hermano Pablo Finkenbinder calculó que más o menos 95% de las profecías en las iglesias le parecían de origen humano y no revelación divina3. He conocido casos en los que ese origen humano provenía de prejuicios, resentimientos o intereses propios. La profecía auténtica, como palabra viva del Señor para la Iglesia y las naciones, es un don precioso, muy importante y necesario para hoy, pero jamás debe pervertirse al usarla como instrumento para manipular a la gente.
Malos hábitos
Algunos ejemplos más: Cuando reconocemos nuestra responsabilidad como pueblo de Dios y comenzamos a analizar lo que ocurre en la Iglesia, descubrimos muchos ejemplos de manipulación, algunos inconscientes o por costumbre pero otros con clara intención de engañar. Un problema, mayormente sin intención de manipular, es el abuso del Amén, tan extendido en casi todas las iglesias. Cuando se pregunta, «¿cuántos dicen Amén», se está presionando a la gente a expresar su acuerdo con lo expuesto, con lo que se reduce su posibilidad de discrepar o aun de asentir espontáneamente. Es una táctica para inducir al asentimiento artificial. Hoy día «la cultura del amén» produce mucho daño a la iglesia. A veces uno ve en las congregaciones personas que vocean su «amén» antes de que el predicador haya terminado la frase que está pronunciando, por lo que ignoran qué están afirmando con su amén.
«Amén» es un signo de exclamación y nunca debe ser una pregunta con signo de interrogación.
Igualmente cuestionable es la costumbre de exigir: «repita después de mí» o «diga a la persona que está a su lado tal o cual cosa». Es tratar al público como a tontos, incapaces de pensar con su propia cabeza. A veces llega hasta lo ridículo. Una vez oí a un predicador exclamar «¡Wow¡» y después: «Repitan todos conmigo: ¡Wow!».
Sofocar lo espontáneo
En la misma categoría ubicaría el «den un buen aplauso para el Señor». Si vamos a aplaudir o vamos a exclamar «amén», debe nacer con espontaneidad de nuestros corazones, no por manipulación ni por costumbre ciega.
Muchas veces hoy día se emplea música de trasfondo durante el sermón o la invitación final para crear un ambiente o un «mood». Es manipulación. La respuesta debe nacer del poder de la Palabra misma y del Espíritu Santo, no del talento del tecladista.
Mucho se manipula a la gente durante la invitación evangelística. Cantar «Tal como soy» treinta y cinco veces es sugestión y manipulación. Hace muchos años escuché a un famoso evangelista apremiar: «Levante su mano, nadie lo está mirando, no le voy a pedir nada más»: para luego presionar: «Ahora, no yo, sino el Espíritu Santo, le pide a usted pasar adelante al altar». Personalmente creo inconveniente ofrecer obsequios, como por ejemplo un libro, a todos los que pasen adelante. Es excelente dárselo, pero contraproducente anunciarlo, porque muchos pasarán adelante solo por lo ofrecido.
Torcer las Escrituras
Como ejemplo final, es conveniente mencionar cómo se manipulan las Escrituras para que la gente exprese lo que el predicador quiere o lo que ayude más a su sermón. A veces buscamos la traducción más amable o que se ajuste más a nuestro concepto, en vez de la más fiel. La meta principal de todo sermón, sea doctrinal o evangelístico, no es impactar a los oyentes sino ser fieles a la palabra de Dios y darles a ellos la oportunidad de oírla. En ese sentido, Bernard Ramm ha escrito: «el ministro debe tratar su texto exegéticamente antes de tratarlo homiléticamente» (Hermenéutica, T.E.L.L. 1976).Utilizar las Escrituras en servicio del éxito personal u otros intereses es manipular el texto sagrado.
Conclusión:
Frente a sus rivales y detractores en Corinto, que desconocían su apostolado y preferían la elocuente retórica de Apolos (1Co 1.12; 3.4–6; 4.6; Hch 18.24–19.1), Pablo no responde desde una posición de poder sino de una impresionante sinceridad y vulnerabilidad: «Cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría…. Estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres sino en el poder de Dios». (1Co 2.1–5)
Estas palabras, que llegan hasta la motivación más profunda del apóstol, revelan dos cualidades que deben caracterizar a todo siervo y sierva de Dios: humildad e integridad. Ese carácter, y esas actitudes, jamás permitirían una vida de manipulación. Gracias a Dios, ha habido y hay muchos miles de personas cuyas vidas y ministerios son auténticos y fieles. Aun en alguien tan famoso y «exitoso» como Billy Graham, y con todos sus defectos y errores, encontramos esa humildad básica y una profunda integridad.
Con tristeza tenemos que reconocer que los valores del mundo de hoy se han infiltrado en la iglesia, tanto en los predicadores y líderes como en los creyentes en las bancas. Entre los famosos predicadores, en sus megaiglesias y sus programas de televisión, con todo su éxito, resulta mucho más difícil encontrar los grandes valores espirituales de los gigantes del pasado. Aunque, gracias a Dios, existen excepciones muy notables, muchas (diría que la mayoría) de estas personalidades públicas parecen soberbias, con la arrogancia que les otorga su «éxito». Muchos también dan la impresión de estar jugando algún papel, más como actores de teatro que como siervos del Señor de señores.
¡Cómo quisiera estar equivocado en este análisis tan poco halagador! De todas maneras, la iglesia de hoy necesita mucha oración.
Juan Stam.
viernes, 9 de noviembre de 2012
Moisés. Algunas cosas no son como nos habían dicho.
Apuntes para un estudio bíblico
I.
Introducción.
La
figura de Moisés se hace presente desde
la introducción del libro. (1-11) y vuelve a aparecer en escena en la
conclusión (27-34), pero para sorpresa nuestra no se dice nada de él mientras
se pronuncia la Ley, y nosotros damos por hecho que es Moisés quien la nombra.
Moisés
creo, que es una especie de legislador e intercesor. Y a pesar de que nunca
llegó a ser Rey se nos presenta desde la escuela dominical como siervo de Dios,
hacedor de milagros, intercesor, legislador y mediador de la Palabra. Y si esto
le parece poco, entonces tengo que decir que Moisés fue también líder
militar. ¿Os que hemos olvidado quien
dirigió a Israel en la guerra contra Sehón y Og? (Dt. 2-3)
II.
¿Qué es lo que hace Moisés en Dt?
a.
Enseña, declara, explica. Esto son cosas que hace un maestro. Pero nosotros no
le vemos así. Nuestra formación cristiana nos presenta a Moisés más como un
intermediario de la Ley.
b.
Profetiza. (Dt. 18: 15-18) Incluso el
propio texto hebreo lo presenta como el más grande de los profetas. (Dt. 34:
10-12) Hace más milagros que el resto de los profetas. Israel no tendrá otro
profeta igual, esto al menos lo cree el autor del último capítulo.
c.
Intercede. Sin su intercesión Israel no hubiera sobrevivido al incidente con el
becerro de oro.
d.
Suplica.
e.
Siervo sufriente: No entrará en la tierra prometida. Moisés representa el
pecado de todo el pueblo.
f.
Es la voz de Dios. Sus palabras se identifican con la voluntad de Dios.
¿Quién
suplirá el rol de Moisés?
Nuestra
respuesta es Nadie. La Tora o la Ley
se cierra con la muerte de Moisés. Alguien podría decir el nombre de
Josué. Pero sabemos que Josué es un
siervo de Moisés.
III.
Lo que canta Moisés. (Dt. 32)
Si
le damos una estructura podremos ver algunos detalles interesantes.
1-6.
Es un himno.
3-4.
Declaración de alabanza. Dios es su Padre y su Creador.
5-6.
Hay una denuncia de un pacto que un vasallo no ha cumplido. Israel está
corrupto. Y tras la falta hay un castigo contra Israel. Israel fracasará en su
futuro.
7-14.
Israel ha sido elegido. Dios está por encima de las naciones. Israel ha sido
salvado mediante el Éxodo. Dios les ha guiado por el desierto. Hay una tierra
rica que les espera.
Si
anteriormente estamos en presencia de un género casi narrativo, ahora estamos
ante poesía. Y lo sabemos por el lenguaje metafórico: Israel ha sido encontrado
por Dios en el desierto. Israel es la niña de los ojos de Dios. Dios es como un
águila que revolotea sobre sus polluelos. Israel es llevado a lo alto.
Pero
Moisés no caminará sobre la tierra prometida. (Dt. 32: 51-52)
IV.
¿Cómo es el Dios de Moisés? (Dt.28 y 32: 19-26)
Un
Dios que se esconde de Israel. Un Dios que le provocará al pueblo ansiedad y
amargura. Un Dios que le enviará fuego sobre su tierra. Un Dios que maldice. Un
Dios que le provocará celos. Esta idea se repite en Rom. 9 cuando Pablo
explique el problema de la elección de Israel a los cristianos en Roma.
v.
27 Dios crea un antecedente.
v.
28-33 Dios esta de alguna manera angustiado es se mantiene leal mientras su
pueblo le es desleal. Esto me hace recordar las palabras de Jesús en la cruz.
v.
34-42 Dios interviene con juicio.
v.
43 Exhortación a la alabanza para todas las naciones. Dios es soberano sobre
todas las naciones. Se nos deja ver algo del final de la historia. Se nos
cuenta algo que el libro de Apocalipsis narra: Dios recibirá adoración
universal.
V. La bendición de Moisés (Dt.33)
Moisés
es también un patriarca. La bendición que dirige a las tribus de Israel la
podemos asociar a la bendición que hace Jacob( Gn. 49).
Al
final del cap. 32 vimos que Dios ordena a Moisés que suba al monte Nebo para
morir. Por tanto el cap. 33 será un
discurso de despedida y bendición.
La
bendición comienza con una aclamación a Dios. Y se menciona al Sinaí porque fue
el lugar donde comienza Israel a tener historia como tal, y a ser dirigido por
Dios, convirtiéndose en su rey. Y es que en el Pentateuco, solo se hace mención
al reinado de Dios en tres veces solamente.
Ex.
15:18 Núm. 23:
21-23 Dt. 33: 2-5
No
se si se han dado cuenta al leer cuan extensa ha sido la bendición sobre Levi.
Quizás aquí se nos está apuntando a su
papel especial. El se encargaria de la enseñanza y de la ofrenda de incienso y
recibir la dirección de Dios mediante las piedras en forma de dados.
Otra
bendición tan extensa es la que recibe José. El énfasis es aquí que la
fertlidad viene de Dios.
VI.
Moisés muere (Dt. 34)
Es
un capítulo emotivo. Se mira al futuro. Algo parecido había ocurrido durante el
funeral de José, al final del Génesis.
Pero Moisés muere rodeado de promesas: tendrán una gran descendencia,
habrá una buena relación entre Israel y Dios.
La
muerte de Moisés nos recuerda que también era un pecador. Por tanto no creo que
fuera el modelo de dirigente del futuro. Moisés era un hombre. Es mortal. La
figura central del libro por tanto no es Moisés, sino Dios.
La
muerte de Moisés fuera de la tierra prometida es una metáfora de nuestra
realidad. Somos finitos. Moisés le recuerda a los israelitas y al propio Israel
que la tierra prometida no es algo que ellos pueden alcanzar, sino que está en
las manos del propio Dios. ¿Esto le sirve a los cristianos?
Augusto G. Milián
Augusto G. Milián
lunes, 5 de noviembre de 2012
Lo mejor de la iglesia.
Marcos 12, 38-44
El contraste entre las dos escenas no puede ser más fuerte.
En la primera, Jesús pone a la gente en guardia frente a los dirigentes
religiosos: "¡Cuidado con los letrados!", su comportamiento
puede hacer mucho daño. En la segunda, llama a sus discípulos para que tomen
nota del gesto de una viuda pobre: la gente sencilla les podrá enseñar a vivir
el Evangelio.
Es sorprendente el lenguaje duro y certero que emplea Jesús
para desenmascarar la falsa religiosidad de los escribas. No puede soportar su
vanidad y su afán de ostentación. Buscan vestir de modo especial y ser
saludados con reverencia para sobresalir sobre los demás, imponerse y dominar.
La religión les sirve para alimentar fatuidad. Hacen "largos
rezos" para impresionar. No crean comunidad, pues se colocan por
encima de todos. En el fondo, solo piensan en sí mismos. Viven aprovechándose
de las personas débiles a las que deberían servir.
Marcos no recoge las palabras de Jesús para condenar a los
escribas que había en el Templo de Jerusalén antes de su destrucción, sino para
poner en guardia a las comunidades cristianas para las que escribe. Los
dirigentes religiosos han de ser servidores de la comunidad. Nada más. Si lo
olvidan, son un peligro para todos. Hay que reaccionar para que no hagan daño.
En la segunda escena, Jesús está sentado enfrente del arca
de las ofrendas. Muchos ricos van echando cantidades importantes: son los que
sostienen el Templo. De pronto se acerca una mujer. Jesús observa que echa dos
moneditas de cobre. Es una viuda pobre, maltratada por la vida, sola y sin
recursos. Probablemente vive mendigando junto al Templo.
Conmovido, Jesús llama rápidamente a sus discípulos. No han
de olvidar el gesto de esta mujer, pues, aunque está pasando necesidad, "ha
echado todo lo que tenía para vivir". Mientras los letrados viven
aprovechándose de la religión, esta mujer se desprende de todo por los demás,
confiando totalmente en Dios.
Su gesto nos descubre el corazón de la verdadera religión:
confianza grande en Dios, gratuidad sorprendente, generosidad y amor solidario,
sencillez y verdad. No conocemos el nombre de esta mujer ni su rostro. Solo
sabemos que Jesús vio en ella un modelo para los futuros dirigentes de su
Iglesia.
También hoy, tantas mujeres y hombres de fe sencilla y
corazón generoso son lo mejor que tenemos en la Iglesia. No escriben libros ni
pronuncian sermones, pero son los que mantienen vivo entre nosotros el
Evangelio de Jesús. De ellos hemos de aprender los presbíteros y obispos.
José Antonio Pagola
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