Gn. 9:16
Casi todo el mundo ha hecho algún "pacto" una que otra vez. Un pacto es sencillamente un acuerdo. Si está casado, usted intercambió votos durante la ceremonia y entró en un pacto matrimonial. Mediante los votos, usted y su esposo estuvieron de acuerdo en determinadas estipulaciones: en ser fiel y en "amar, honrar y cuidar".
Es probable que presentara pruebas de su acuerdo: sus anillos de boda. Cada vez que ve su anillo de boda en el dedo, eso le recuerda los votos que hizo en ese día especial. Quienes toman en serio sus votos nupciales honran esos compromisos el resto de su vida.
La próxima vez que llueva, busque en el cielo un arco iris. Ese arco policromo es más que el resultado de la luz del sol y la llovizna. Es un hermoso recordatorio de un pacto que hizo Dios con la humanidad hace mucho tiempo, y que sigue respetando hoy. Nos habla del juicio de Dios, de la salvación y del nuevo comienzo que El le ofrece a cada persona.
El pacto de Dios con Noé ilustra su plan de salvación en Jesucristo. Aunque han pasado siglos desde la época de Noé, hay cosas que sucedieron en ese tiempo que se parecen bastante a las de nuestro tiempo. Puede haber cambiado la tecnología a través de los años, pero el carácter de los seres humanos sigue siendo igual.
Génesis 6:5 describe el carácter moral del género humano en la época de Noé: "la maldad de los hombres era mucha". La palabra "mucha" indica la abundancia del pecado en el mundo. La última parte de este versículo pone énfasis en eso. Dios, que "conoce los pensamientos de los hombres", declaró que "todo designio de los pensamientos del hombre" estaba concentrado en el mal.
Génesis 6:6 presenta la reacción de Dios ante los pecados de la humanidad: Él "se arrepintió" de haber hecho al hombre. La palabra traducida "arrepintió" quiere decir que Dios se afligió. El pecado de los seres humanos le "dolió" a Dios. Dios se afligía por lo que había llegado a ser su creación.
La aflicción de Dios lo llevó a una decisión: Nunca más borraría a la humanidad de la faz de la tierra. Tan radical fue la destrucción que fueron destruidos los seres humanos junto con los animales y "las aves del cielo" (v. 7).
Muchos miran a Dios sólo como un Dios de amor. No creen que Él juzgará a los pecadores por sus pecados. Pero la decisión de Dios de destruir su creación muestra que, aunque es un Dios de amor, Él toma muy en serio el pecado. Viene un día en que Dios volverá a juzgar al género humano por sus pecados (Apocalipsis 20:11-15). Todos los que no conocen a Cristo como su Salvador sufrirán ese castigo.
Aunque Dios está dispuesto a juzgar a los pecadores en Génesis 6, estaba quebrantado y afligido por el pecado de la humanidad. Y hoy el pecado sigue quebrantando el corazón de Dios. Él aborrece por completo el pecado, pero sigue amando al pecador. Aun cuando los pecadores se nieguen a arrepentirse y se enfrenten al futuro juicio de Dios, podemos estar seguros de que Él no se complace en juzgarlos (Ezequiel 33:11).
La historia de Noé debe hacer que pensemos más seriamente en el pecado. Dios nos ama, y se entristece por nuestros pecados. Pero no tolera el pecado. Viene el día en que los pecadores incontritos se enfrentarán a la ira de Dios. Cuánto mejor es volverse ahora a Él con pesar por nuestros pecados, y experimentar su gracia y su misericordia. La única alternativa es afrontar su juicio. Y entonces será demasiado tarde para arrepentirse del pecado.
Muchos piensan que por alguna razón Dios tolerará o pasará por alto sus pecados. Pero cualquier idea de que Dios no juzgará a las personas por su pecado queda refutada cuando consideramos el diluvio.
Génesis 6:11-13 presentado un modo impresionante el conocimiento de Dios de los pecados de la humanidad. De estos versículos aprendemos por lo menos tres cosas acerca de Dios y del pecado.
Dios ve el pecado. Él observó la corrupción y la "violencia" del género humano (v. 11). En realidad, esos actos ocurrieron "delante de Dios". No podemos ocultar los pecados, y no podemos encontrar un rincón tan oscuro que le impida ver nuestros pecados.
Nosotros tenemos la culpa del pecado. El versículo 12 no sólo afirma que Dios vio el pecado de la humanidad, sino que también culpa al género humano directamente por esa maldad.
En la actualidad, muchos se presentan como víctimas y no como victimarios. No quieren aceptar la responsabilidad de sus acciones. Pero este versículo da un recordatorio de quién es culpable cuando se trata del pecado.
Dios juzga a las personas por sus pecados. No cabe duda de que Dios preferiría darles libertad a los pecadores; pero si ellos se niegan a aceptar su gracia, no tiene otra alternativa que juzgarlos. En el versículo 13, Dios habló con claridad respecto a su determinación de destruir a los seres humanos. Es mejor que se nos perdone por arrepentimos que sufrir el juicio de Dios.
Dios manifestó con toda claridad su resolución respecto al juicio sobre su creación (v. 17). Cumpliría su propósito mediante un diluvio. Cuando las aguas cubrieran la tierra, morirían todos los seres vivientes en la tierra.
Las consecuencias del pecado siguen sin cambiar. El pecado produce muerte, muerte espiritual, porque nos separa de Dios, la mente de la vida. A diferencia del resto del mundo, había un hombre que permanecía fiel a Dios y llevaba una vida recta, Noé. Gracias a su justicia, no sufriría la ira de Dios.
Aunque el resto del mundo iba a sufrir el castigo de Dios "Noé halló gracia ante los ojos de Jehová" (Génesis 6:8)
Somos justos mediante la fe en Jesucristo. El es el único camino para ser salvos y tener una buena relación con Dios.
martes, 7 de septiembre de 2010
sábado, 4 de septiembre de 2010
El amor todo lo perdona.
Lc 14:1, 7-14.
¿Por qué nosotros no guardamos el sábado? En la época de Jesús los creyentes se reunían el sábado. Cantaban, leían y escuchaban reflexiones sobre las Escrituras.
Hoy nos volvemos a encontrar con una escena que ocurre en el día sábado, y quizás tengamos que recordar que Jesús durante su ministerio cuestiona algunas prácticas del sistema de creencias. Para Jesús la manera de interpretar y utilizar la Ley cobra una nueva dimensión cuando Jesús prioriza la salud e integridad de las personas ante el mandato de guardar el sábado. Esta señal hay que entenderla como el inicio de una desconfianza sobre aquello que no solo transmitía seguridad, sino que era indiscutible.
Notemos que no se trata de un llamado que hace Jesús por la presencia de armas, ejércitos o de algún acto de violencia; por el contrario, se debe simplemente al contundente acto de curar (acción que solo puede provenir de Dios), en público un día sábado, y ante los que insistían que debía respetarse el sábado antes que sanar a alguien. Lo que produce Jesús con la palabra y la acción, es poner en duda lo que se enseñaba sobre la ley. Es importante no confundirnos, no ponía en duda la Ley, sino lo que se enseñaba de ella.
Esta desconfianza que puede comenzar a tener el pueblo sobre la enseñanza de los fariseos, abre la posibilidad de reflexionar la finalidad que tiene la Ley en medio de la convivencia del pueblo. Esa finalidad parece ir más allá de la mera repetición de actos y formalidades externas, que buscan tener una finalidad en sí mismas; en realidad lo relevante es el sentimiento que conduce a los actos. Veamos la parábola que hoy nos acompaña.
Pensemos en los sentimientos que anidan en el corazón de las personas de estos dos ejemplos: el que llega a una fiesta y busca los primeros lugares, y el que llega a una fiesta y busca los últimos lugares. Sin dudas son emociones diferentes que se manejan, tan diferentes que no pueden convivir en una misma persona, de hecho cada una de estas emociones o sentimientos conducirán a actos completamente distintos, por ejemplo uno llevará a comportamientos soberbios y otros a comportamientos humildes.
El soberbio perderá de vista a los demás y por ende a sus necesidades, mientras que el humilde tendrá una captación de la realidad bastante más amplia. Pero no solo se trata de la captación de la realidad, sino de qué actitud o acción que se tomará en esa realidad. Al soberbio, por su poca percepción de los demás y sus necesidades, no se dispondrá a ayudar a alguien, sea sábado, lunes, miércoles o cualquier día de la semana. Mientras que la persona humilde estará predispuesta a ayudar en cualquier momento. Aquel principal de la sinagoga que se molestó porque Jesús curó en sábado, no hacía más que manifestar su soberbia, es decir su incapacidad de ver la necesidad de los demás por estar concentrado en una práctica externa, pretendiendo en ella una finalidad en sí misma.
Jesús manifiesta humildad al poner en acto la curación, es decir la sensibilidad por la necesidad del pueblo. La ley tiene la finalidad de educar el corazón del ser humano, y si no es utilizada para ello no se la está respetando. Podemos recordar varias frases bíblicas que tienen que ver con esto: Misericordia quiero y no sacrificios, no odiaras a tu compatriota en tu corazón, amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Jesús dice que toda la ley depende de amar a Dios con todo el corazón, alma y espíritu, y al prójimo como a uno mismo. De modo que la ley pretende recordar al corazón humano qué es lo importante o la voluntad de Dios en nuestra convivencia: el amor.
Que Cristo siga educándonos con la ley del amor, permitiéndonos participar de los anticipos de su reino, que se van cristalizando en actos de humildad en nuestra convivencia.
Amén.
¿Por qué nosotros no guardamos el sábado? En la época de Jesús los creyentes se reunían el sábado. Cantaban, leían y escuchaban reflexiones sobre las Escrituras.
Hoy nos volvemos a encontrar con una escena que ocurre en el día sábado, y quizás tengamos que recordar que Jesús durante su ministerio cuestiona algunas prácticas del sistema de creencias. Para Jesús la manera de interpretar y utilizar la Ley cobra una nueva dimensión cuando Jesús prioriza la salud e integridad de las personas ante el mandato de guardar el sábado. Esta señal hay que entenderla como el inicio de una desconfianza sobre aquello que no solo transmitía seguridad, sino que era indiscutible.
Notemos que no se trata de un llamado que hace Jesús por la presencia de armas, ejércitos o de algún acto de violencia; por el contrario, se debe simplemente al contundente acto de curar (acción que solo puede provenir de Dios), en público un día sábado, y ante los que insistían que debía respetarse el sábado antes que sanar a alguien. Lo que produce Jesús con la palabra y la acción, es poner en duda lo que se enseñaba sobre la ley. Es importante no confundirnos, no ponía en duda la Ley, sino lo que se enseñaba de ella.
Esta desconfianza que puede comenzar a tener el pueblo sobre la enseñanza de los fariseos, abre la posibilidad de reflexionar la finalidad que tiene la Ley en medio de la convivencia del pueblo. Esa finalidad parece ir más allá de la mera repetición de actos y formalidades externas, que buscan tener una finalidad en sí mismas; en realidad lo relevante es el sentimiento que conduce a los actos. Veamos la parábola que hoy nos acompaña.
Pensemos en los sentimientos que anidan en el corazón de las personas de estos dos ejemplos: el que llega a una fiesta y busca los primeros lugares, y el que llega a una fiesta y busca los últimos lugares. Sin dudas son emociones diferentes que se manejan, tan diferentes que no pueden convivir en una misma persona, de hecho cada una de estas emociones o sentimientos conducirán a actos completamente distintos, por ejemplo uno llevará a comportamientos soberbios y otros a comportamientos humildes.
El soberbio perderá de vista a los demás y por ende a sus necesidades, mientras que el humilde tendrá una captación de la realidad bastante más amplia. Pero no solo se trata de la captación de la realidad, sino de qué actitud o acción que se tomará en esa realidad. Al soberbio, por su poca percepción de los demás y sus necesidades, no se dispondrá a ayudar a alguien, sea sábado, lunes, miércoles o cualquier día de la semana. Mientras que la persona humilde estará predispuesta a ayudar en cualquier momento. Aquel principal de la sinagoga que se molestó porque Jesús curó en sábado, no hacía más que manifestar su soberbia, es decir su incapacidad de ver la necesidad de los demás por estar concentrado en una práctica externa, pretendiendo en ella una finalidad en sí misma.
Jesús manifiesta humildad al poner en acto la curación, es decir la sensibilidad por la necesidad del pueblo. La ley tiene la finalidad de educar el corazón del ser humano, y si no es utilizada para ello no se la está respetando. Podemos recordar varias frases bíblicas que tienen que ver con esto: Misericordia quiero y no sacrificios, no odiaras a tu compatriota en tu corazón, amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Jesús dice que toda la ley depende de amar a Dios con todo el corazón, alma y espíritu, y al prójimo como a uno mismo. De modo que la ley pretende recordar al corazón humano qué es lo importante o la voluntad de Dios en nuestra convivencia: el amor.
Que Cristo siga educándonos con la ley del amor, permitiéndonos participar de los anticipos de su reino, que se van cristalizando en actos de humildad en nuestra convivencia.
Amén.
lunes, 30 de agosto de 2010
¿Qué es un calvinista?
Si alguno me pregunta qué es un Calvinista, respondería: Es aquel que dice, la Salvación es del Señor.” No puedo encontrar en las Escrituras otra doctrina. Es la esencia de la Biblia. “Solo El es mi roca y mi salvación.” Decidme algo contrario a esta verdad, y será una herejía; decidme una herejía, y econtraré su esencia aquí, que se ha apartado de esta verdad de roca fundamental, “Dios es mi roca y mi salvación.” ¿Cuál es la herejía de Roma, sino el haber añadido algo a los méritos perfectos de Cristo Jesús en las obras de la carne, para asistir en nuestra justificación? Y ¿Cuál es la herejía del Arminianismo sino el agregar algo a la obra del Redentor? Cada herejía, traída a análisis, se descubrirá aquí.
Tengo mi propia opinión de que no hay cosa tal como predicar a Cristo y a este crucificado, a menos que prediquemos lo que ahora llaman “calvinismo”. Es un sobrenombre llamarlo Calvinismo; Calvinismo es el evangelio, y nada más. No creo que podamos predicar el evangelio, si no predicamos la justificación por fe, sin obras; a menos que prediquemos la soberanía de Dios en su dispensación de gracia; a menos que exaltemos el inmutable, eterno y elector amor de Jehová; ni creo que podamos predicar el evangelio, a menos que lo basemos en la especial y particular redención de Su pueblo elegido y escogido que Cristo cargó sobre la cruz, ni puedo abrazar un evangelio que deje a los santos caer después de ser llamados, y que permite a los hijos de Dios quemarse en el fuego de la condenación después de haber creído en Jesús. Tal evangelio repudio.”
“Para mí, el “calvinismo” es poner al Dios eterno al principio de todas las cosas. Miro todas las cosas desde la perspectiva de la gloria de Dios. Veo a Dios primero, y al hombre después… Hermanos si vivimos en amistad con Dios, sí nos place escucharle decir, “Yo soy Dios, y no hay más”
Charles Haddon Spurgeon.
Tengo mi propia opinión de que no hay cosa tal como predicar a Cristo y a este crucificado, a menos que prediquemos lo que ahora llaman “calvinismo”. Es un sobrenombre llamarlo Calvinismo; Calvinismo es el evangelio, y nada más. No creo que podamos predicar el evangelio, si no predicamos la justificación por fe, sin obras; a menos que prediquemos la soberanía de Dios en su dispensación de gracia; a menos que exaltemos el inmutable, eterno y elector amor de Jehová; ni creo que podamos predicar el evangelio, a menos que lo basemos en la especial y particular redención de Su pueblo elegido y escogido que Cristo cargó sobre la cruz, ni puedo abrazar un evangelio que deje a los santos caer después de ser llamados, y que permite a los hijos de Dios quemarse en el fuego de la condenación después de haber creído en Jesús. Tal evangelio repudio.”
“Para mí, el “calvinismo” es poner al Dios eterno al principio de todas las cosas. Miro todas las cosas desde la perspectiva de la gloria de Dios. Veo a Dios primero, y al hombre después… Hermanos si vivimos en amistad con Dios, sí nos place escucharle decir, “Yo soy Dios, y no hay más”
Charles Haddon Spurgeon.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Jesús de Nazaret o el precio de la disidencia.
"Si eres un disidente, normalmente te ignoran.
Si no pueden ignorarte, y no pueden responderte,
te desacreditan." Noam Chomsky
Tenía razón Chomsky cuando escribía que si eres un disidente y no pueden ignorarte, ni responderte, te desacreditan. El caso de Jesús de Nazaret es paradigmático de lo que el respetado lingüista estadounidense afirma en su “Chomsky: Obra Esencial”.
A Jesús nadie le podía ignorar (Mt. 4:24), ni nadie le podía responder (Mc.. 12:13-17; 34.).... y el pueblo le seguía (Mc. 12:37). Su disidencia de una teología y praxis religiosa pervertida era meridianamente clara, sus palabras no dejaban ningún resquicio que pudiera provocar malos entendidos (Mt. 23 es un buen ejemplo de ello). De ahí que los que ostentaban el poder religioso de su tiempo pasaran directamente a desacreditarlo delante del pueblo y de sus seguidores y seguidoras.
Según el Evangelio de Marcos, los escribas procedentes de Jerusalén -centro del poder religioso- le desacreditaron afirmando “que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera demonios” (Mc. 3:22). Anteriormente “los suyos” pensaban de él que “estaba fuera de sí” ((Mc. 3:21).
En otra ocasión, según el Evangelio de Juan, le vuelven a desacreditar intimando que él es un hijo nacido de fornicación (Jn. 8:41). Le acusan públicamente de blasfemo (Mt. 26:65), de ser un rebelde frente al poder del Imperio (Jn. 19:12-16), y finalmente le muestran en público en un estado lamentable, resultado de las torturas a las que había sido sometido. Y el pueblo, que otrora le había seguido, clama a una voz contra el Nazareno: ¡Sea cruficado! ¡Sea crucificado! ¡Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos! (Mt 27:22-25). Todo acabó con una crucifixión pública donde las chanzas y el descrédito continuaron (Lc.23). El objetivo había sido alcanzado... Jesús, por fin, desacreditado y muerto, y el pueblo manipulado por el vértice de las estructuras, religiosas en este caso, de poder (Mt. 27:20)
Y eso es lo que sucede con los que disienten, los sospechosos y sospechosas de no ser incondicionales con las estructuras de poder con las que muchas de nuestras instituciones sociales y religiosas se dotan. Ellos, ellas, disienten -por ejemplo- de la lógica de los “Caifas” de este mundo (sean éstos de izquierdas o derechas en lo político; sean progresistas o conservadores en lo teológico) que sin pudor afirman: “nos conviene que una persona muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca” (Jn. 11:50). La lógica de Caifas enmascara, de preocupación por el pueblo, su interés por conservar los privilegios de clase que le concede la estructura de poder en la que se mueve. Privilegios que veía poner en peligro por la praxis y mensaje de Jesús de Nazaret. Los discípulos y discípulas del Mesías sólo deben ser incondicionales del reino de Dios y su justicia. Nada más, ni nada menos.
Tengo la impresión de que nuestras sociedades y nuestras iglesias están a falta de disidentes. Mujeres y hombres que, a la manera de Jesús de Nazaret, se pongan al servicio del reino de Dios y, por ende, al servicio del Dios que se nos manifestó en Jesús. Como también escribirá Chomsky, “se puede ganar mucho con el activismo -yo diría con el seguimiento de Jesús- ... pero también se pueden perder muchas cosas. Y algunas de ellas no carecen de importancia, como por ejemplo la seguridad, eso no es algo secundario. Y la gente sencillamente tiene que tomar su decisión sobre el particular cuando decide qué va a hacer” (Chomsky: Obra esencial, Edit. Crítica, p. 257).
Al hilo de lo que escribe Noam, me viene a la memoria ese dicho de Jesús que afirma, de manera rotunda, “No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada, porque he venido a poner en enemistad al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra .de modo que los enemigos de uno serán sus propios familiares El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que trate de salvar su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la salvará” (Mat. 10 34-39).
Perder la vida -renunciar a la seguridad- por causa del reino de Dios... Ahí está la cuestión. No existe otra opción para los seguidores y seguidoras de Jesús. Debemos tomar la cruz que ponen sobre nuestros hombros los centros de poder y caminar con ella haciendo frente a los poderes demoníacos de este mundo, sean éstos políticos, económicos o religiosos. No hay otra salida. No existe otro camino para el/la activista del reino de Dios.
Ignacio Simal.
Si no pueden ignorarte, y no pueden responderte,
te desacreditan." Noam Chomsky
Tenía razón Chomsky cuando escribía que si eres un disidente y no pueden ignorarte, ni responderte, te desacreditan. El caso de Jesús de Nazaret es paradigmático de lo que el respetado lingüista estadounidense afirma en su “Chomsky: Obra Esencial”.
A Jesús nadie le podía ignorar (Mt. 4:24), ni nadie le podía responder (Mc.. 12:13-17; 34.).... y el pueblo le seguía (Mc. 12:37). Su disidencia de una teología y praxis religiosa pervertida era meridianamente clara, sus palabras no dejaban ningún resquicio que pudiera provocar malos entendidos (Mt. 23 es un buen ejemplo de ello). De ahí que los que ostentaban el poder religioso de su tiempo pasaran directamente a desacreditarlo delante del pueblo y de sus seguidores y seguidoras.
Según el Evangelio de Marcos, los escribas procedentes de Jerusalén -centro del poder religioso- le desacreditaron afirmando “que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera demonios” (Mc. 3:22). Anteriormente “los suyos” pensaban de él que “estaba fuera de sí” ((Mc. 3:21).
En otra ocasión, según el Evangelio de Juan, le vuelven a desacreditar intimando que él es un hijo nacido de fornicación (Jn. 8:41). Le acusan públicamente de blasfemo (Mt. 26:65), de ser un rebelde frente al poder del Imperio (Jn. 19:12-16), y finalmente le muestran en público en un estado lamentable, resultado de las torturas a las que había sido sometido. Y el pueblo, que otrora le había seguido, clama a una voz contra el Nazareno: ¡Sea cruficado! ¡Sea crucificado! ¡Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos! (Mt 27:22-25). Todo acabó con una crucifixión pública donde las chanzas y el descrédito continuaron (Lc.23). El objetivo había sido alcanzado... Jesús, por fin, desacreditado y muerto, y el pueblo manipulado por el vértice de las estructuras, religiosas en este caso, de poder (Mt. 27:20)
Y eso es lo que sucede con los que disienten, los sospechosos y sospechosas de no ser incondicionales con las estructuras de poder con las que muchas de nuestras instituciones sociales y religiosas se dotan. Ellos, ellas, disienten -por ejemplo- de la lógica de los “Caifas” de este mundo (sean éstos de izquierdas o derechas en lo político; sean progresistas o conservadores en lo teológico) que sin pudor afirman: “nos conviene que una persona muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca” (Jn. 11:50). La lógica de Caifas enmascara, de preocupación por el pueblo, su interés por conservar los privilegios de clase que le concede la estructura de poder en la que se mueve. Privilegios que veía poner en peligro por la praxis y mensaje de Jesús de Nazaret. Los discípulos y discípulas del Mesías sólo deben ser incondicionales del reino de Dios y su justicia. Nada más, ni nada menos.
Tengo la impresión de que nuestras sociedades y nuestras iglesias están a falta de disidentes. Mujeres y hombres que, a la manera de Jesús de Nazaret, se pongan al servicio del reino de Dios y, por ende, al servicio del Dios que se nos manifestó en Jesús. Como también escribirá Chomsky, “se puede ganar mucho con el activismo -yo diría con el seguimiento de Jesús- ... pero también se pueden perder muchas cosas. Y algunas de ellas no carecen de importancia, como por ejemplo la seguridad, eso no es algo secundario. Y la gente sencillamente tiene que tomar su decisión sobre el particular cuando decide qué va a hacer” (Chomsky: Obra esencial, Edit. Crítica, p. 257).
Al hilo de lo que escribe Noam, me viene a la memoria ese dicho de Jesús que afirma, de manera rotunda, “No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada, porque he venido a poner en enemistad al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra .de modo que los enemigos de uno serán sus propios familiares El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que trate de salvar su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la salvará” (Mat. 10 34-39).
Perder la vida -renunciar a la seguridad- por causa del reino de Dios... Ahí está la cuestión. No existe otra opción para los seguidores y seguidoras de Jesús. Debemos tomar la cruz que ponen sobre nuestros hombros los centros de poder y caminar con ella haciendo frente a los poderes demoníacos de este mundo, sean éstos políticos, económicos o religiosos. No hay otra salida. No existe otro camino para el/la activista del reino de Dios.
Ignacio Simal.
La oración: ¿Cómo regresar a casa?
1 Te. 5: 17-18 Domingo 29.08.10
Cuando miramos a Dios, lo hacemos desde nuestro corazón. Nos relacionamos con Dios mediante su Palabra y a través de la oración. ¿Qué creemos los reformados sobre la oración? ¿Cómo oramos? Estas son preguntas que intentaré responderle en esta mañana. Pero antes quiero hacerles una historia.
Tres monjes rusos vivían en una isla lejana. Un día el obispo decidió hacerles una visita. Cuando llegó descubrió que los monjes no conocían la oración del padrenuestro, así que empleó todo si tiempo y energía en enseñársela. El día de su regreso se sentía satisfecho de su trabajo. Cuando el barco ya estaba bastante lejos de la isla vio para su asombro que los tres monjes venían corriendo sobre las olas y gritaban:¡Padre, padre, hemos olvidado la oración! El obispo asombrado mandó a detener el barco y cuando los monjes llegaron a su lado les preguntó: ¿Hijos, cómo oran Uds? Ellos respondieron: Bueno, nosotros solo decimos, Dios, nosotros somos tres y tú eres tres, ten misericordia de nosotros. El obispo sobrecogido por la sencillez de la oración y por su santidad les dijo a los monjes:¡ Volved a vuestra isla y tengan paz!
Nosotros creemos que hay una diferencia abismal entre aprender oraciones de memoria y tener una conversación con Dios. Lo que dice nuestro corazón cuando estamos a solas suele ser más profundo y más importante que lo que decimos en una oración concreta que nos sabemos de memoria.
Cuando oramos estamos dando gracias, estamos alabando, estamos confesando, y estamos pidiendo. Cuando estamos orando acabamos por hacer súplicas. Un ejemplo de ello es la oración que cada domingo repetimos después de tomar el pan y el vino. Pero la oración devocional es otra cosa. Ella tiene más que ver con el corazón que con nuestra teología. Ella es más silente que oral. Y acaba relacionándose mucho con la paz, con la humildad, con la compasión, y otros frutos del Espíritu Santo. En nuestra vida es más importante la oración sencilla y hecha desde el corazón que la oración que aprendimos de memoria. Es la oración que hacemos desde el corazón la que nos permite orar sin cesar.
Leamos el texto paulino de esta mañana: 17 Orad en todo momento. 18 Dad gracias a Dios por todo, porque esto es lo que él quiere de vosotros como creyentes en Cristo Jesús. Estas palabras ponen de manifiesto que para Pablo la oración no es parte de la vida, no es una parte de sus pensamientos o una parte de sus emociones; sino el todo entero. Para Pablo no existen las medias tintas; el lo da todo y lo espera todo.
Quizás, este radicalismo, nos haga preguntarnos: ¿Qué significa el orar sin cesar? Quizás la respuesta no sea tan sencilla. Sino que exija una triple respuesta.
a. La oración como un clamor a Dios: En nosotros hay miedos y angustias. A veces por miedo no oramos. Cuando queremos orar y nos damos cuenta te nuestras cargas y preocupaciones la tentación es huir y ponernos a hacer cosas. Y hacerlas como nosotros sabemos. Pero el orar es depender de Dios. Poner nuestros miedos a sus pies. Revelar lo que nos angustia y nos paraliza. Solo delante de Dios somos sinceros. Solo delante de él podemos templar. Solo El nos puede perdonar.
b. La oración como una conversación: Cuando oramos dejamos de hacer monólogos para comenzar a dialogar. Y es en medio de este dialogo que podemos pensar en otras cosas y compartirlas con Dios. Es que dejamos de ser nosotros el centro para que lo sea Dios. Por tanto la cuestión no es tanto que le decimos a Dios, sino a quien le decimos las cosas y a quién le abrimos nuestro corazón.
c. La oración como contemplación: Finalmente la oración es una apertura de corazón. Es cuando oramos que somos consientes de que Dios está a nuestro lado y nos escucha. Cuando oramos es que podemos, únicamente, verle.
Pero para verle hay que ser fiel. Hay que ser fiel en la oración. No solo hemos de elegir un momento, un lugar y centrar nuestra atención; sino que hemos de descubrir que podemos estar siempre dispuestos a encontrarnos con El. Quizás este sea el camino para regresar a casa sin perder el rumbo.
Cuando miramos a Dios, lo hacemos desde nuestro corazón. Nos relacionamos con Dios mediante su Palabra y a través de la oración. ¿Qué creemos los reformados sobre la oración? ¿Cómo oramos? Estas son preguntas que intentaré responderle en esta mañana. Pero antes quiero hacerles una historia.
Tres monjes rusos vivían en una isla lejana. Un día el obispo decidió hacerles una visita. Cuando llegó descubrió que los monjes no conocían la oración del padrenuestro, así que empleó todo si tiempo y energía en enseñársela. El día de su regreso se sentía satisfecho de su trabajo. Cuando el barco ya estaba bastante lejos de la isla vio para su asombro que los tres monjes venían corriendo sobre las olas y gritaban:¡Padre, padre, hemos olvidado la oración! El obispo asombrado mandó a detener el barco y cuando los monjes llegaron a su lado les preguntó: ¿Hijos, cómo oran Uds? Ellos respondieron: Bueno, nosotros solo decimos, Dios, nosotros somos tres y tú eres tres, ten misericordia de nosotros. El obispo sobrecogido por la sencillez de la oración y por su santidad les dijo a los monjes:¡ Volved a vuestra isla y tengan paz!
Nosotros creemos que hay una diferencia abismal entre aprender oraciones de memoria y tener una conversación con Dios. Lo que dice nuestro corazón cuando estamos a solas suele ser más profundo y más importante que lo que decimos en una oración concreta que nos sabemos de memoria.
Cuando oramos estamos dando gracias, estamos alabando, estamos confesando, y estamos pidiendo. Cuando estamos orando acabamos por hacer súplicas. Un ejemplo de ello es la oración que cada domingo repetimos después de tomar el pan y el vino. Pero la oración devocional es otra cosa. Ella tiene más que ver con el corazón que con nuestra teología. Ella es más silente que oral. Y acaba relacionándose mucho con la paz, con la humildad, con la compasión, y otros frutos del Espíritu Santo. En nuestra vida es más importante la oración sencilla y hecha desde el corazón que la oración que aprendimos de memoria. Es la oración que hacemos desde el corazón la que nos permite orar sin cesar.
Leamos el texto paulino de esta mañana: 17 Orad en todo momento. 18 Dad gracias a Dios por todo, porque esto es lo que él quiere de vosotros como creyentes en Cristo Jesús. Estas palabras ponen de manifiesto que para Pablo la oración no es parte de la vida, no es una parte de sus pensamientos o una parte de sus emociones; sino el todo entero. Para Pablo no existen las medias tintas; el lo da todo y lo espera todo.
Quizás, este radicalismo, nos haga preguntarnos: ¿Qué significa el orar sin cesar? Quizás la respuesta no sea tan sencilla. Sino que exija una triple respuesta.
a. La oración como un clamor a Dios: En nosotros hay miedos y angustias. A veces por miedo no oramos. Cuando queremos orar y nos damos cuenta te nuestras cargas y preocupaciones la tentación es huir y ponernos a hacer cosas. Y hacerlas como nosotros sabemos. Pero el orar es depender de Dios. Poner nuestros miedos a sus pies. Revelar lo que nos angustia y nos paraliza. Solo delante de Dios somos sinceros. Solo delante de él podemos templar. Solo El nos puede perdonar.
b. La oración como una conversación: Cuando oramos dejamos de hacer monólogos para comenzar a dialogar. Y es en medio de este dialogo que podemos pensar en otras cosas y compartirlas con Dios. Es que dejamos de ser nosotros el centro para que lo sea Dios. Por tanto la cuestión no es tanto que le decimos a Dios, sino a quien le decimos las cosas y a quién le abrimos nuestro corazón.
c. La oración como contemplación: Finalmente la oración es una apertura de corazón. Es cuando oramos que somos consientes de que Dios está a nuestro lado y nos escucha. Cuando oramos es que podemos, únicamente, verle.
Pero para verle hay que ser fiel. Hay que ser fiel en la oración. No solo hemos de elegir un momento, un lugar y centrar nuestra atención; sino que hemos de descubrir que podemos estar siempre dispuestos a encontrarnos con El. Quizás este sea el camino para regresar a casa sin perder el rumbo.
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