0. Introducción
0.0 La situación eclesial no ha cambiado mucho desde los primeros siglos de la era cristiana
Que nuestra situación eclesial no ha cambiado mucho cuando la comparamos con la situación de las iglesias de los primeros siglos es indiscutible. Si no, leamos lo que escribió Nilo de Ancira entre los siglos IV y V de nuestra era:
"Todas las artes requieren tiempo y mucho adiestramiento para su correcto ejercicio; sólo se menosprecia el aprendizaje del arte de las artes. Porque nadie se atreve a ejercer la agricultura si es un inexperto en la materia y nadie se aplica al arte de la medicina sin antes haber sido iniciado. Este se ganaría el reproche de todos por no estar capacitado para prestar su asistencia a los enfermos más graves, y aquél por convertir una tierra de óptima calidad en suelo árido y estéril. Sólo cuando se trata del culto divino se tiene la osadía de inmiscuirse, sin experiencia y sin guía, en este asunto como si fuese la cosa más natural del mundo. Por eso la mayoría de la gente cree fácil lo que es más difícil de lograr porque exige el mayor esfuerzo, la perfección que Pablo dice no haber alcanzado aún" (Nilo de Ancira, siglos IV-V).
0.1 ¿Analfabetismo teológico?
Pocos, entre nuestros hermanos y hermanas, conocen las tradiciones teológicas de sus propias familias denominacionales. Y son muchos menos los que conocen la teología que distingue a las familias de tradiciones distintas a las suyas.
A modo de ejemplo deseo mencionar una popular frase que he escuchado en diferentes ocasiones: “Los evangélicos no bautizamos niños”. Esta expresión es muy utilizada en el diálogo apologético con nuestros amigos y amigas católicos. En esa afirmación se pone de manifiesto el desconocimiento existente en medio de nuestra realidad eclesial plural. Más bien se debiera decir, la tradición bautista no practica el bautismo infantil y si alguien se hace miembro de dicha tradición se le rebautiza ya que la mencionada tradición no reconoce el bautismo administrado en la infancia. Sin embargo en las tradiciones reformadas, anglicanas, luteranas o metodistas sí que se practica el bautismo infantil y se reconoce el bautismo administrado en otras tradiciones cristianas como, por ejemplo, la Iglesia Católica.
Es más, en muchas discusiones “teológicas” que he presenciado se ha hecho notar una ignorancia tal que todo acabado con la cuestionadora pregunta, ¿y tú eres evangélico..? El desconocimiento de la propia tradición eclesial o de la distinta a la nuestra impide la comprensión y el diálogo con mis hermanos y hermanas que sustentan y razonan teológicamente de forma diferente. Ello es un incuestionable indicador del analfabetismo teológica que desola nuestras iglesias y que milita contra la diversidad teológica del protestantismo abriendo la puerta al sectarismo militante.
0.1 ¿Lectura ingenua de las Santas Escrituras?
Por otro lado encontramos entre nosotros lo que denominaría una lectura ingenua de las Escrituras. Me refiero a ese acercamiento a la Biblia, mal llamado pietista, que opina que cualquier persona puede interpretarla sin la mediación de una, aunque sea mínima, formación que le capacite para entenderse con los textos.
No ignoro el papel iluminador del Espíritu Santo en la tarea hermenéutica, sino que entiendo que dicho papel iluminador actúa utilizando el sedimento formativo que el creyente haya obtenido mediante un estudio serio y paciente la Biblia bajo la guía de un maestro/s o maestra/s de la Palabra.
No podemos hacer de una lectura devocional de las Escrituras, norma vinculante de fe y de doctrina para todos nuestros hermanos –como así ocurre en muchos casos-, y por consiguiente debemos ser serios y responsables cuando abrimos la Biblia en medio de la comunidad cristiana para no caer en la tergiversación de los textos bíblicos.
0.2 ¿Dictadura de la ignorancia bíblico – teológica?
Un experto médico puede ser un profundo ignorante en arquitectura. En el mejor de los casos pudiera tener tal afición a la misma que le hubiera hecho obtener un cierto conocimiento de la misma. Pero ello no le convierte en un elocuente profesor de la misma y nadie le encargaría la construcción de un edificio. Esto que es de sentido común, se convierte en una absoluta falsedad en nuestro contexto evangélico.
El experto psicólogo se convierte en exegeta. El abogado en teólogo. Y ello en el mejor de los casos, pues existen personas que sin ningún tipo de formación son elocuentes expositores bíblicos y pastores del pueblo de Dios. No cuestiono el autodidactismo, pero también se debe reconocer que la competencia exegética y teológica se da en un exiguo número de los mismos.
Esa es la realidad de nuestro panorama evangélico: pocos de los ponentes, de los conferenciantes de nuestros congresos y encuentros poseen una formación bíblica – teológica reglada, haciendo visible nuestra falta de compromiso con la misma y anunciando a los cuatro vientos que para hacer teología, exponer la Biblia o pastorear una iglesia no es necesario el estudio reglado.
1. Importancia de la formación bíblico – teológica
1.1 La formación bíblico – teológica es necesaria para el estudio de las Escrituras y de las tradiciones teológicas del plural pueblo de Dios.
La Biblia como una colección de escritos que se encuentra a distancia cronológica y cultural muy alejada de la nuestra nos exige una formación previa que nos capacite para su estudio e interpretación.
Las diferentes tradiciones teológicas, al surgir en momentos históricos diferentes al nuestro y al articularse, en muchas ocasiones, mediante escuelas filosóficas muy concretas, nos exigen una formación previa para su comprensión y discernimiento.
Una persona sin formación bíblico – teológica previa está expuesta a cometer errores de bulto a la hora de interpretar las Escrituras y cuando pretende articular su tradición teológica o la ajena.
2. La formación bíblico – teológica es necesaria para ejercer cualquier tipo de ministerio en el seno del pueblo de Dios
En medio de nuestras iglesias encontramos diferentes ministerios. Todos ellos necesitan de una formación previa y permanente para su ejercicio.
En la área de la escuela dominical se requieren conocimientos pedagógicos y bíblicos - teológicos para su eficaz realización.
En la área de la predicación se requieren conocimientos hermenéuticos, homiléticos, bíblicos y teológicos para su eficaz ejercicio.
En la área de la pastoral se requieren algunos elementos de psicología y, entre otras disciplinas, una seria formación bíblico – teológica. Y así podríamos continuar hablando de las diferente áreas ministeriales en el seno eclesial.
3. La formación bíblico – teológica es necesaria para un correcto y sano crecimiento de la comunidad eclesial.
La Iglesia no crece integralmente sin la formación de los diferentes ministerios que se realizan en medio del pueblo de Dios.
Los dones / personas que Dios ha dado a su Iglesia deben ser formados de cara a responder desde la fe cristiana a los diferentes retos y experiencias que la vida nos depara.
La Iglesia no crecerá desde las buenas intenciones de los sirven en su seno, sino desde riguroso compromiso con la formación bíblico – teológica y un continuo reciclaje académico.
2. Niveles de formación bíblico – teológica
Nivel catecumenal
Por nivel catecumenal entiendo todo el programa educativo de la iglesia. Éste abarca desde la más tierna infancia hasta la adultez plena de los integrantes de la comunidad cristiana.
El programa educativo de la iglesia debe responder a una misma filosofía y proyecto comunitario de no querer corre el riesgo de la fragmentación y perder un discurso coherente.
Se requiere una constante evaluación crítica del programa educativo que nos hayamos dado.
Nivel ministerial “laico”
Por nivel ministerial “laico” significo ese grupo de mujeres y hombres que realizan un ministerio eclesial que no es de “tiempo completo”.
Todos estos ministerios necesitan de la correspondiente formación reglada que responda a sus específicas necesidades ministeriales.
Ello requiere el aprovechamiento de los cursos y diferentes titulaciones que las escuelas bíblicas nocturnas o de fin de semana proponen.
Debiéramos exigir a los que desean realizar algún tipo de ministerio eclesial la formación bíblico – teológica que corresponda como requisito para poder ejercerlo.
Nivel ministerial “ordenado”
Por nivel ministerial “ordenado” entiendo cualquier tipo de ministerio eclesial a “tiempo completo”.
Si existe algún nivel ministerial que indudablemente exige una formación bíblico – teológica reglada, ese es el ministerio a “tiempo completo”.
El ministerio a “tiempo completo” pide una formación bíblico – teológica – humanística de primer orden, si se quiere acompañar pastoralmente al pueblo de Dios en su tarea formativa, evangelizadora, y diacónica.
Quiero hacer énfasis en la exigible, necesaria e insoslayable formación reglada para los que aspiran a servir a la comunidad cristiana a “tiempo completo”.
3. Conclusión
He sugerido que la situación de las iglesias en nuestra tierra se puede describir como un estado de ignorancia bíblico – teológica posibilitada por un analfabetismo teólogico y una lectura ingenua de las Escrituras. Creo que esta situación no estimula el sano crecimiento del pueblo de Dios, sino todo lo contrario, la iglesia se empobrece en su calidad existencial y teórica, abriendo así el camino al crecimiento desmesurado de los grupos sectarios.
La importancia de la formación bíblico – teológica reglada nos abre la puerta para el estudio de las Escrituras, la comprensión de las tradiciones teológicas propias y ajenas, el servicio ministerial en el seno del pueblo de Dios y el crecimiento integral de la iglesia.
La iglesia en nuestra tierra debe potenciar la elaboración de programas y espacios de formación que hagan posible la preparación bíblico – teológica en los tres niveles expuestos con anterioridad. Así como la exigencia de pasar por un período de formación suficiente dirigida a aquellos/as que desean realizar algún tipo de ministerio eclesial.
Ignacio Simal Camps
lunes, 16 de agosto de 2010
sábado, 14 de agosto de 2010
A solas con Dios: entre las motivaciones y la religiosidad.
Alguien me dijo una vez que cuando quisiera saber qué tipo de cristiano yo debía preguntarme antes cómo era mi oración. Hoy quiero compartir con Uds. algunas reflexiones sobre la oración. Pero también quiero hablar de la diferencia que hay entre la hipocresía y la realidad. Entre lo que le pedimos a Dios y lo que El nos da.
Miremos al texto, Jesús dice algo bueno de los hipócritas: ellos aman la oración. Pero en realidad no es el orar lo que ellos aman, ni a Dios. No ellos se aman a ellos mismos. Y por eso les gusta que la gente les vea.
No se con que frecuencia Uds. oran. Los judíos practicantes oraban tres veces al día como lo hacia Daniel en Babilonia. Y oraban de pie. Orar de pie era lo usual. Pero Jesús denuncia su motivación principal; ser vistos por los demás hombres. O sea, que detrás de la piedad, lo que había escondido era el orgullo. Y lo que deseaban en sus corazones es que la gente los aplaudieras.
Su Uds. creen que el fariseísmo se acabó con la toma de Jerusalén en el año 70 d.C, están equivocados. A los cristianos muchas veces se nos clasifica de fariseos. Y nosotros mismos utilizamos este calificativo cuando queremos criticar a otros cristianos. Quizás hay personas que vienen a la iglesia con la misma intención que los fariseos: buscar su propia recompensa. Quizás hay personas que se visten de cristianos los domingos y el resto de la semana se comportan como los no cristianos o peores que ellos. Cuando la religión y la caridad se visten de exhibición pierden su valor. ¿Cuándo oras que buscas tú? Esta es una pregunta muy personal.
¿Cómo debería entonces orar los cristianos? Dice Jesús: entra en tu aposento y cierra la puerta. ¿Por qué Jesús les recomienda esto a sus discípulos? Quizás para evitar molestias y distracciones. Quizás para eludir los ojos de otros hombres y estar a solas con Dios. Y es que la oración no es otra cosa que conversar con Dios. Aceptar la idea de que dios está cerca. Decirle lo que hay en nuestro corazón. Oramos para buscar a Dios, porque nos sentimos solos.
¿Cuándo oras que dices? La gente dice muchas cosas. Y en esta mañana Uds. han dicho algunas de ellas. Pero en realidad oramos para decirlo a Dios lo que es para nosotros. Nuestro Padre. Nuestro salvador. Nuestra fuerza. Nuestro consolador.
Hace días Rafael nos hizo una pregunta: ¿Deberíamos orar en público o un privado? Quizás lo que Jesús está tratando de explicar a sus seguidores es que huyan de los extremos. No podemos caer en el literalismo de los fariseos. Si para los cristianos no hay oportunidad de orar en público entonces no tendríamos necesidad de venir a la Iglesia, no tendríamos que cogernos de las manos y orar alrededor de la mesa, no serían necesarias nuestras reuniones de oración de los miércoles. Jesús, hoy está hablando de las oraciones privadas. Ya hablaremos otro día de las públicas. Jesús aun no ha llegado a ellas. Y cuando lo haga dirá que oremos en plural: Padre nuestro que estas en los cielos….Y es que cuando estamos solos nos resulta difícil decir: Padre nuestro….
La oración, querida iglesia, no tiene secretos. Cualquiera de nosotros puede orar. Me temo que la intensión de Jesús es que purifiquemos nuestros motivos al orar. Dios no solo demanda fidelidad, sino que demanda una oración genuina. Que cuando cierres tus ojos abras tu corazón.
Miremos al texto, Jesús dice algo bueno de los hipócritas: ellos aman la oración. Pero en realidad no es el orar lo que ellos aman, ni a Dios. No ellos se aman a ellos mismos. Y por eso les gusta que la gente les vea.
No se con que frecuencia Uds. oran. Los judíos practicantes oraban tres veces al día como lo hacia Daniel en Babilonia. Y oraban de pie. Orar de pie era lo usual. Pero Jesús denuncia su motivación principal; ser vistos por los demás hombres. O sea, que detrás de la piedad, lo que había escondido era el orgullo. Y lo que deseaban en sus corazones es que la gente los aplaudieras.
Su Uds. creen que el fariseísmo se acabó con la toma de Jerusalén en el año 70 d.C, están equivocados. A los cristianos muchas veces se nos clasifica de fariseos. Y nosotros mismos utilizamos este calificativo cuando queremos criticar a otros cristianos. Quizás hay personas que vienen a la iglesia con la misma intención que los fariseos: buscar su propia recompensa. Quizás hay personas que se visten de cristianos los domingos y el resto de la semana se comportan como los no cristianos o peores que ellos. Cuando la religión y la caridad se visten de exhibición pierden su valor. ¿Cuándo oras que buscas tú? Esta es una pregunta muy personal.
¿Cómo debería entonces orar los cristianos? Dice Jesús: entra en tu aposento y cierra la puerta. ¿Por qué Jesús les recomienda esto a sus discípulos? Quizás para evitar molestias y distracciones. Quizás para eludir los ojos de otros hombres y estar a solas con Dios. Y es que la oración no es otra cosa que conversar con Dios. Aceptar la idea de que dios está cerca. Decirle lo que hay en nuestro corazón. Oramos para buscar a Dios, porque nos sentimos solos.
¿Cuándo oras que dices? La gente dice muchas cosas. Y en esta mañana Uds. han dicho algunas de ellas. Pero en realidad oramos para decirlo a Dios lo que es para nosotros. Nuestro Padre. Nuestro salvador. Nuestra fuerza. Nuestro consolador.
Hace días Rafael nos hizo una pregunta: ¿Deberíamos orar en público o un privado? Quizás lo que Jesús está tratando de explicar a sus seguidores es que huyan de los extremos. No podemos caer en el literalismo de los fariseos. Si para los cristianos no hay oportunidad de orar en público entonces no tendríamos necesidad de venir a la Iglesia, no tendríamos que cogernos de las manos y orar alrededor de la mesa, no serían necesarias nuestras reuniones de oración de los miércoles. Jesús, hoy está hablando de las oraciones privadas. Ya hablaremos otro día de las públicas. Jesús aun no ha llegado a ellas. Y cuando lo haga dirá que oremos en plural: Padre nuestro que estas en los cielos….Y es que cuando estamos solos nos resulta difícil decir: Padre nuestro….
La oración, querida iglesia, no tiene secretos. Cualquiera de nosotros puede orar. Me temo que la intensión de Jesús es que purifiquemos nuestros motivos al orar. Dios no solo demanda fidelidad, sino que demanda una oración genuina. Que cuando cierres tus ojos abras tu corazón.
jueves, 5 de agosto de 2010
Morir.
Morir puede ser la mayor experiencia de la vida si la vivimos conscientemente. Pero, incluso en el caso en que no sea así, el conocimiento de la seguridad de la muerte, como punto final de esta vida, nos determina y nos condiciona. En cualquier etapa de la vida y en cualquier momento, la muerte está siempre presente. La fuerza de la vida nos permite olvidar este hecho. Podemos vivir muchos años sin pensar seriamente en la muerte, pero más pronto o más tarde se hará indefectiblemente presente.
No siempre afrontamos la muerte de cara. Muy a menudo lo hacemos de lado, al sesgo, oblicuamente. Pero, en el fondo del corazón siempre está la consciencia de la muerte. Sabemos que hemos de morir y, día tras día, tenemos señales y avisos: la muerte de los otros, mis enfermedades, la vejez… Morir es el final. Todo se ha acabado. Todas las expectativas, todas las ilusiones, todos los proyectos, todo, queda paralizado. El camino se ha convertido en un callejón sin salida. Todo lo que ayer tenía importancia y trascendencia, hoy ya no la tiene. Alguien, en aquel momento final, delante del que está de cuerpo presente, dirá la frase ritual: “no somos nada”.
Morir forma parte de la vida. La acompaña, pero no es su amiga. Todo lo contrario. Si la vida es luz, la muerte es oscuridad; si la vida abre puertas, la muerte las cierra. Por tanto, todo ser viviente se rebela contra la muerte. No la acepta como un final lógico y necesario de la vida. La experimenta como una herida traumática, antinatural, alienante. Nosotros también lo vivimos así, excepto en aquellos casos en que la vida se hace demasiado fatigosa. Cuando la vida se hace tan insoportable que la muerte viene a ser una liberación.
Para mi, cristiano, la perspectiva de la muerte no me angustia. Puedo mirar hacia el futuro sin miedos. Es cierto que el pensamiento de dejar la vida produce un vacío en el fondo del corazón y una amargura en la boca. No estamos hechos para la muerte y nos repugna. Es el hecho y el dolor que la acompaña. Pero Cristo me enseña a superar esto. La última experiencia de la vida puede ser la primera experiencia del mundo nuevo.
Jesús me enseña que la muerte, a pesar de ser el final de un camino, puede ser una puerta abierta a un nuevo futuro. El vivió mi vida y murió mi muerte. Pero lo hizo en la esperanza y la seguridad de la acción de Dios que retorna los muertos a la vida. Sus última palabras en la cruz son signo de un camino que yo sigo: “en tus manos encomiendo mi espíritu”. En aquella hora final se han acabado los miedos, las tinieblas, la tensión de la muerte. Aparece a luz, la vida y la esperanza. Esta es también la experiencia del salmista, ya en la última hora de su vida: “Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Tu eres mi esperaza” (Sl 39,7).
Y es en esta esperanza que yo vivo. No lo tengo todo claro ni tampoco tengo todas las respuestas, pero puedo decir con voz bien alta que creo en la vida y porque creo en ella –como algo más que una causalidad en un mundo de casualidades- creo en la resurrección. Escuucho –y esto me da fuerzas- la palabra de Jesús “Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mi, aunque muera, vivirá. Todo aquel que vive y cree en mi, no morirá para siempre”
Y Jesús acaba diciendo: “¿Lo crees esto?” (Jn 11,25)
Enric Capó
No siempre afrontamos la muerte de cara. Muy a menudo lo hacemos de lado, al sesgo, oblicuamente. Pero, en el fondo del corazón siempre está la consciencia de la muerte. Sabemos que hemos de morir y, día tras día, tenemos señales y avisos: la muerte de los otros, mis enfermedades, la vejez… Morir es el final. Todo se ha acabado. Todas las expectativas, todas las ilusiones, todos los proyectos, todo, queda paralizado. El camino se ha convertido en un callejón sin salida. Todo lo que ayer tenía importancia y trascendencia, hoy ya no la tiene. Alguien, en aquel momento final, delante del que está de cuerpo presente, dirá la frase ritual: “no somos nada”.
Morir forma parte de la vida. La acompaña, pero no es su amiga. Todo lo contrario. Si la vida es luz, la muerte es oscuridad; si la vida abre puertas, la muerte las cierra. Por tanto, todo ser viviente se rebela contra la muerte. No la acepta como un final lógico y necesario de la vida. La experimenta como una herida traumática, antinatural, alienante. Nosotros también lo vivimos así, excepto en aquellos casos en que la vida se hace demasiado fatigosa. Cuando la vida se hace tan insoportable que la muerte viene a ser una liberación.
Para mi, cristiano, la perspectiva de la muerte no me angustia. Puedo mirar hacia el futuro sin miedos. Es cierto que el pensamiento de dejar la vida produce un vacío en el fondo del corazón y una amargura en la boca. No estamos hechos para la muerte y nos repugna. Es el hecho y el dolor que la acompaña. Pero Cristo me enseña a superar esto. La última experiencia de la vida puede ser la primera experiencia del mundo nuevo.
Jesús me enseña que la muerte, a pesar de ser el final de un camino, puede ser una puerta abierta a un nuevo futuro. El vivió mi vida y murió mi muerte. Pero lo hizo en la esperanza y la seguridad de la acción de Dios que retorna los muertos a la vida. Sus última palabras en la cruz son signo de un camino que yo sigo: “en tus manos encomiendo mi espíritu”. En aquella hora final se han acabado los miedos, las tinieblas, la tensión de la muerte. Aparece a luz, la vida y la esperanza. Esta es también la experiencia del salmista, ya en la última hora de su vida: “Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Tu eres mi esperaza” (Sl 39,7).
Y es en esta esperanza que yo vivo. No lo tengo todo claro ni tampoco tengo todas las respuestas, pero puedo decir con voz bien alta que creo en la vida y porque creo en ella –como algo más que una causalidad en un mundo de casualidades- creo en la resurrección. Escuucho –y esto me da fuerzas- la palabra de Jesús “Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mi, aunque muera, vivirá. Todo aquel que vive y cree en mi, no morirá para siempre”
Y Jesús acaba diciendo: “¿Lo crees esto?” (Jn 11,25)
Enric Capó
miércoles, 4 de agosto de 2010
Un grano de mostaza.
Estudio bíblico # 5
Jaca
Mateo 13
31 Jesús les contó también esta parábola: “El reino de los cielos se puede comparar a una semilla de mostazal que un hombre siembra en su campo. 32 Es sin duda la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es más grande que las otras plantas del huerto; llega a hacerse como un árbol entre cuyas ramas van a anidar los pájaros.
I. Introducción.
1. De las primeras dos parábolas que enseñó Jesús y que enseñó, es fácil suponer que
los discípulos podrían haber estado desanimados por lo que oyeron...
a. En "La Parábola del Sembrador", solo la cuarta tierra sería verdaderamente
receptiva a la Palabra sembrada
b. En la "Parábola del Trigo y la Cizaña", aprendieron que Satanás estaría haciendo
su mejor esfuerzo para minar los
esfuerzos del Sembrador
2. Tan al principio como Crisóstomo (349?-407 d.C.), los comentaristas han sugerido que las siguientes dos parábolas de Mt 13:31-33 fueron dichas por Jesús para animar a Sus discípulos en lo relacionado al reino
a. La primera parábola es la de "El Grano de Mostaza" – Mt 13:31-32
b. La segunda parábola es la de "La Levadura" – Mt 13:33
Ambas parecen describir el reino como algo destinado a crecer en forma notable. Es tentador tratar a ambas parábolas en una sola lección. Pero debido a lo que podría dar cada una dándoles su propia atención, esta lección se enfocará solo en "La Parábola del Grano de Mostaza".
II. La mostaza.
1. La planta de mostaza es bien conocida por sus granos de sabor picante. Entre los granos sembrados en un jardín generalmente era la más pequeña. Como una planta, alcanza diez, y hasta en ocasiones quince pies de altura. Al terminar el año, sus ramas se vuelven rígidas, y la planta con frecuencia sirve como un refugio para las aves de cualquier tipo.
Sus usos: El grano de mostaza era usado frecuentemente para describir cualquier cosa que era muy pequeña en su principio. Jesús la usó en otra ocasión para describir la fe de alguien. El Corán escribe (Oh, mi hijo, cada asunto, aunque sea del peso de un cereal del grano de mostaza. Con este entendimiento de la planta de mostaza y de su grano, quizás seamos más capaces de apreciar el significado de la parábola misma.
III. El significado de la parábola.
A. El reino de los Cielos tendrá un inicio pequeño
1. Las profecías del Antiguo Testamento predijeron esto:
a. En relación al Mesías – ver Isa 11:1; 53:2-3
b. En relación al reino – ver Dan 2:35b,44 (empezando como una piedra, y convirtiéndose en una montaña)
B. Tiene un crecimiento tremendo.
1. Así como la "piedra" de Dan 2:35 "fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra"
2. El crecimiento de la iglesia en el primer siglo d.C. ciertamente confirmó la verdad de la parábola de Jesús
a. Los 120 discípulos crecieron por arriba de los 3000 solo en un día – Hech 2:41-42
b. Y se fue rápido arriba de 5000 – Hech 4:4
c. El número de los discípulos continuó "multiplicándose"
1) En Jerusalén – Hech 6:7
2) A lo largo de toda Judea, Galilea, y Samaria – Hech 9:31
d. Años más tarde, había "millares" de creyentes tan solo en Jerusalén – Hech 21:20
3. Aun hoy, ¡vemos el crecimiento e influencia del reino de los cielos en las vidas de los creyentes alrededor del mundo!
C. Un crecimiento que beneficia.
1. En la parábola, Jesús habló de cómo "vienen las aves del cielo y hacen nido en sus ramas"
2. ¿A qué se refería Jesús? Él no lo dice, pero el reino de los cielos es ciertamente una bendición para todos aquellos que se refugian en sus "ramas" a. Por ejemplo, "porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo" Rom 14:17 b. Para aquellos que están buscando descanso para sus almas cansadas, el Rey extiende una invitación para venir a Él y entrar en el descanso de Su reino.
Jaca
Mateo 13
31 Jesús les contó también esta parábola: “El reino de los cielos se puede comparar a una semilla de mostazal que un hombre siembra en su campo. 32 Es sin duda la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es más grande que las otras plantas del huerto; llega a hacerse como un árbol entre cuyas ramas van a anidar los pájaros.
I. Introducción.
1. De las primeras dos parábolas que enseñó Jesús y que enseñó, es fácil suponer que
los discípulos podrían haber estado desanimados por lo que oyeron...
a. En "La Parábola del Sembrador", solo la cuarta tierra sería verdaderamente
receptiva a la Palabra sembrada
b. En la "Parábola del Trigo y la Cizaña", aprendieron que Satanás estaría haciendo
su mejor esfuerzo para minar los
esfuerzos del Sembrador
2. Tan al principio como Crisóstomo (349?-407 d.C.), los comentaristas han sugerido que las siguientes dos parábolas de Mt 13:31-33 fueron dichas por Jesús para animar a Sus discípulos en lo relacionado al reino
a. La primera parábola es la de "El Grano de Mostaza" – Mt 13:31-32
b. La segunda parábola es la de "La Levadura" – Mt 13:33
Ambas parecen describir el reino como algo destinado a crecer en forma notable. Es tentador tratar a ambas parábolas en una sola lección. Pero debido a lo que podría dar cada una dándoles su propia atención, esta lección se enfocará solo en "La Parábola del Grano de Mostaza".
II. La mostaza.
1. La planta de mostaza es bien conocida por sus granos de sabor picante. Entre los granos sembrados en un jardín generalmente era la más pequeña. Como una planta, alcanza diez, y hasta en ocasiones quince pies de altura. Al terminar el año, sus ramas se vuelven rígidas, y la planta con frecuencia sirve como un refugio para las aves de cualquier tipo.
Sus usos: El grano de mostaza era usado frecuentemente para describir cualquier cosa que era muy pequeña en su principio. Jesús la usó en otra ocasión para describir la fe de alguien. El Corán escribe (Oh, mi hijo, cada asunto, aunque sea del peso de un cereal del grano de mostaza. Con este entendimiento de la planta de mostaza y de su grano, quizás seamos más capaces de apreciar el significado de la parábola misma.
III. El significado de la parábola.
A. El reino de los Cielos tendrá un inicio pequeño
1. Las profecías del Antiguo Testamento predijeron esto:
a. En relación al Mesías – ver Isa 11:1; 53:2-3
b. En relación al reino – ver Dan 2:35b,44 (empezando como una piedra, y convirtiéndose en una montaña)
B. Tiene un crecimiento tremendo.
1. Así como la "piedra" de Dan 2:35 "fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra"
2. El crecimiento de la iglesia en el primer siglo d.C. ciertamente confirmó la verdad de la parábola de Jesús
a. Los 120 discípulos crecieron por arriba de los 3000 solo en un día – Hech 2:41-42
b. Y se fue rápido arriba de 5000 – Hech 4:4
c. El número de los discípulos continuó "multiplicándose"
1) En Jerusalén – Hech 6:7
2) A lo largo de toda Judea, Galilea, y Samaria – Hech 9:31
d. Años más tarde, había "millares" de creyentes tan solo en Jerusalén – Hech 21:20
3. Aun hoy, ¡vemos el crecimiento e influencia del reino de los cielos en las vidas de los creyentes alrededor del mundo!
C. Un crecimiento que beneficia.
1. En la parábola, Jesús habló de cómo "vienen las aves del cielo y hacen nido en sus ramas"
2. ¿A qué se refería Jesús? Él no lo dice, pero el reino de los cielos es ciertamente una bendición para todos aquellos que se refugian en sus "ramas" a. Por ejemplo, "porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo" Rom 14:17 b. Para aquellos que están buscando descanso para sus almas cansadas, el Rey extiende una invitación para venir a Él y entrar en el descanso de Su reino.
sábado, 31 de julio de 2010
Prayer is like a bridge.
Prayer is like an intimate conversation under an umbrella
El texto que nos propone Lucas es de los que todos recordamos, de esos que ‘suenan'. Por lo tanto existe el peligro de prestarle poca a tención, de hacerle poco caso.
El Padrenuestro, oración cristiana por excelencia, nos descubre que es oración del Reino, de la comunidad, de cada persona. El Padrenuestro debe ser orado y meditado por el cristiano que quiere aprender a orar o perfeccionarse en su modo de orar. Sobre el Padrenuestro se han hecho y, nosotros podríamos seguir haciendo, análisis de todo tipo: lingüísticos, exegéticos, teológicos. Es oración vocal y mental, meditativa y contemplativa, comunitaria y personal, íntima y social.
Sobre la oración también se han escrito tratados como para dar la vuelta al mundo. En ninguno de los dos casos será nunca suficiente pero creo interesante insistir en la oración en sí porque el Padrenuestro es una oración, tal vez la más importante ya que nos une a todos los cristianos, pero de poco nos servirá si no somos capaces de dar a la oración la importancia que por ella misma tiene.
La oración
A título de ejemplo, para intentar explicar qué es la oración, podríamos tomar las definiciones de Gregorio Niceno: La oración es una conversación o coloquio con Dios; de Juan Crisóstomo: La oración es hablar con Dios; y de Juan Damasceno: La oración es la elevación de la mente a Dios.
No parecen definiciones complicadas a simple vista pero, tal vez por causas como la presión de las condiciones de vida, las exigencias de analizarlo todo, o ese afán por hacer difícil lo sencillo, esa actitud creyente tan sencilla y espontánea se ha vuelto difícil y compleja.
Hoy en día muchos creyentes para mantener viva y operante la conciencia de ser hijos de Dios, necesitan aclaraciones y explicaciones generosas en profundidad y abundantes en cantidad. ¡Qué le vamos a hacer!
Creo que cuando las cosas se complican mucho, hay que pararse y pensar qué imágenes hemos contribuido a formar en la mente de nuestros hermanos, que complicado laberinto hemos ayudado a construir para que algunos anden tan perdidos.
La oración, su percepción y práctica, no debería ser causa de tantos problemas y sí de muchas satisfacciones.
Un puente y un paraguas
He retomado una de mis ‘debilidades', el Cantar de los Cantares. Al leer el texto de Lucas que nos ocupa hoy, no he podido por menos que empezar a relacionarlo con el Cantar y, con toda razón, os preguntaréis ¿qué tienen que ver un puente y un paraguas con el Cantar? No aparecen ninguno de esos dos elementos en el texto bíblico y poético por excelencia. Tenéis razón.
Los puentes son frutos de la ingeniería que unen puntos distantes entre sí salvando realidades geográficas: ríos, abismos, o espacios muy distantes que pueden aproximarse de forma notoria como los extremos de una bahía, por ejemplo. Por lo tanto y sin duda los puentes comunican.
La oración es un puente ya que nos une a Dios (que nunca está distante pero así nos gusta creerlo). Y es una forma de comunicación sumamente versátil en la forma, como los puentes. Aun la más sencilla oración adopta las formas más diversas dependiendo de quien la vive y como la vive en ese momento.
Los discípulos quieren saber cómo salvar la distancia, como acercarse a Dios. Ven que Jesús ‘habla' con el Padre, ‘ven' los frutos de la oración en Jesús y en su vida, ¿no pueden ellos hacer lo mismo? Piden ayuda a Jesús y Jesús les da las palabras. El sentimiento lo pondrán ellos, la necesidad de orar deberán crearla ellos, la búsqueda de la comunicación tendrá que salir de ellos.
El Cantar es una necesidad de comunicación. Es un deseo de decir y de escuchar (1,5-2,7), de buscar y encontrar, de pedir y recibir (cf Lc 11,9-13; Cant 5).
La oración es el tiempo de la intimidad. ¿Os habéis parado a pensar, alguna vez, el espacio de intimidad que se crea compartiendo con alguien el mismo paraguas? Parece algo banal pero no es así.
Ni en el texto de Lucas ni en el Cantar hay paraguas, evidentemente, pero sí hay intimidad. Y mucha.
Jesús no habla de huir a un espacio alejado y solitario pero, ¿quién está dispuesto a exponer esa conversación tan privada donde se comentan las alegrías, las angustias, los proyectos, los miedos, las expectativas, esa conversación donde pedimos y nos confiamos como un niño a su madre?
En el Cantar ningún paraguas cobija el deseo de unión, de intimidad, de desasosiego, de duda, de esperanza que con tanto detalle describe.
En ambos casos la oración es el paraguas que crea la intimidad necesaria, el espacio protegido. ¿Qué el Cantar no es oración? ¿Seguro? Ampliemos la visión y la experiencia de la oración.
Pero ¡cuidado! Nunca la oración podrá ser refugio contra la vida social y comunitaria. Jesús no ayudó ni formó a sus discípulos para que fueran seres aislados e inconexos entre sí. Jesús, que amaba la vida, sabía lo importante que era la relación entre los seres humanos, lo importante que era compartir, sentirse cerca unos de otros, la ayuda que eso proporciona, la fuerza que da. De ahí la importancia de rezar juntos el Padrenuestro, la importancia de la oración compartida, comunitaria, litúrgica, cultual. La que sea, pero juntos.
El Cantar no aboga por vivir el amor ‘a dos', cerrado. La intimidad, sí; el amor, no. De ahí la fiesta y el compartir la alegría y, en algún momento, el temor. Lo mismo que una relación que ha de ser vivida en secreto se ahoga en sí misma, la oración no puede ser solamente vivida en soledad, debe abrirse a la comunidad y vivirla y permitirle dar frutos comunitariamente.
Escribía santa Teresa de Ávíla, mística del siglo XVI que No es otra cosa oración, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama1. Tenía razón.
Thomas Merton, místico del siglo XX escribió: Toda oración verdadera confiesa la absoluta dependencia humana, del Señor de la vida y de la muerte. Ella es, por consiguiente, un contacto profundo y vital con Aquel a quien conocemos, no sólo como Señor, sino como Padre. Cuando oramos verdaderamente es cuando realmente somos.
Cristina Inogues
El texto que nos propone Lucas es de los que todos recordamos, de esos que ‘suenan'. Por lo tanto existe el peligro de prestarle poca a tención, de hacerle poco caso.
El Padrenuestro, oración cristiana por excelencia, nos descubre que es oración del Reino, de la comunidad, de cada persona. El Padrenuestro debe ser orado y meditado por el cristiano que quiere aprender a orar o perfeccionarse en su modo de orar. Sobre el Padrenuestro se han hecho y, nosotros podríamos seguir haciendo, análisis de todo tipo: lingüísticos, exegéticos, teológicos. Es oración vocal y mental, meditativa y contemplativa, comunitaria y personal, íntima y social.
Sobre la oración también se han escrito tratados como para dar la vuelta al mundo. En ninguno de los dos casos será nunca suficiente pero creo interesante insistir en la oración en sí porque el Padrenuestro es una oración, tal vez la más importante ya que nos une a todos los cristianos, pero de poco nos servirá si no somos capaces de dar a la oración la importancia que por ella misma tiene.
La oración
A título de ejemplo, para intentar explicar qué es la oración, podríamos tomar las definiciones de Gregorio Niceno: La oración es una conversación o coloquio con Dios; de Juan Crisóstomo: La oración es hablar con Dios; y de Juan Damasceno: La oración es la elevación de la mente a Dios.
No parecen definiciones complicadas a simple vista pero, tal vez por causas como la presión de las condiciones de vida, las exigencias de analizarlo todo, o ese afán por hacer difícil lo sencillo, esa actitud creyente tan sencilla y espontánea se ha vuelto difícil y compleja.
Hoy en día muchos creyentes para mantener viva y operante la conciencia de ser hijos de Dios, necesitan aclaraciones y explicaciones generosas en profundidad y abundantes en cantidad. ¡Qué le vamos a hacer!
Creo que cuando las cosas se complican mucho, hay que pararse y pensar qué imágenes hemos contribuido a formar en la mente de nuestros hermanos, que complicado laberinto hemos ayudado a construir para que algunos anden tan perdidos.
La oración, su percepción y práctica, no debería ser causa de tantos problemas y sí de muchas satisfacciones.
Un puente y un paraguas
He retomado una de mis ‘debilidades', el Cantar de los Cantares. Al leer el texto de Lucas que nos ocupa hoy, no he podido por menos que empezar a relacionarlo con el Cantar y, con toda razón, os preguntaréis ¿qué tienen que ver un puente y un paraguas con el Cantar? No aparecen ninguno de esos dos elementos en el texto bíblico y poético por excelencia. Tenéis razón.
Los puentes son frutos de la ingeniería que unen puntos distantes entre sí salvando realidades geográficas: ríos, abismos, o espacios muy distantes que pueden aproximarse de forma notoria como los extremos de una bahía, por ejemplo. Por lo tanto y sin duda los puentes comunican.
La oración es un puente ya que nos une a Dios (que nunca está distante pero así nos gusta creerlo). Y es una forma de comunicación sumamente versátil en la forma, como los puentes. Aun la más sencilla oración adopta las formas más diversas dependiendo de quien la vive y como la vive en ese momento.
Los discípulos quieren saber cómo salvar la distancia, como acercarse a Dios. Ven que Jesús ‘habla' con el Padre, ‘ven' los frutos de la oración en Jesús y en su vida, ¿no pueden ellos hacer lo mismo? Piden ayuda a Jesús y Jesús les da las palabras. El sentimiento lo pondrán ellos, la necesidad de orar deberán crearla ellos, la búsqueda de la comunicación tendrá que salir de ellos.
El Cantar es una necesidad de comunicación. Es un deseo de decir y de escuchar (1,5-2,7), de buscar y encontrar, de pedir y recibir (cf Lc 11,9-13; Cant 5).
La oración es el tiempo de la intimidad. ¿Os habéis parado a pensar, alguna vez, el espacio de intimidad que se crea compartiendo con alguien el mismo paraguas? Parece algo banal pero no es así.
Ni en el texto de Lucas ni en el Cantar hay paraguas, evidentemente, pero sí hay intimidad. Y mucha.
Jesús no habla de huir a un espacio alejado y solitario pero, ¿quién está dispuesto a exponer esa conversación tan privada donde se comentan las alegrías, las angustias, los proyectos, los miedos, las expectativas, esa conversación donde pedimos y nos confiamos como un niño a su madre?
En el Cantar ningún paraguas cobija el deseo de unión, de intimidad, de desasosiego, de duda, de esperanza que con tanto detalle describe.
En ambos casos la oración es el paraguas que crea la intimidad necesaria, el espacio protegido. ¿Qué el Cantar no es oración? ¿Seguro? Ampliemos la visión y la experiencia de la oración.
Pero ¡cuidado! Nunca la oración podrá ser refugio contra la vida social y comunitaria. Jesús no ayudó ni formó a sus discípulos para que fueran seres aislados e inconexos entre sí. Jesús, que amaba la vida, sabía lo importante que era la relación entre los seres humanos, lo importante que era compartir, sentirse cerca unos de otros, la ayuda que eso proporciona, la fuerza que da. De ahí la importancia de rezar juntos el Padrenuestro, la importancia de la oración compartida, comunitaria, litúrgica, cultual. La que sea, pero juntos.
El Cantar no aboga por vivir el amor ‘a dos', cerrado. La intimidad, sí; el amor, no. De ahí la fiesta y el compartir la alegría y, en algún momento, el temor. Lo mismo que una relación que ha de ser vivida en secreto se ahoga en sí misma, la oración no puede ser solamente vivida en soledad, debe abrirse a la comunidad y vivirla y permitirle dar frutos comunitariamente.
Escribía santa Teresa de Ávíla, mística del siglo XVI que No es otra cosa oración, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama1. Tenía razón.
Thomas Merton, místico del siglo XX escribió: Toda oración verdadera confiesa la absoluta dependencia humana, del Señor de la vida y de la muerte. Ella es, por consiguiente, un contacto profundo y vital con Aquel a quien conocemos, no sólo como Señor, sino como Padre. Cuando oramos verdaderamente es cuando realmente somos.
Cristina Inogues
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